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El especial naufragio de Villaronga sobre la migración

El director de ‘Pa negre’ presenta la especial ‘El vientre del mar’, película entre lo literario y lo teatral que pretende ser también denuncia de la situación migratoria en Europa

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Un festival de cine es de las pocas fiestas en las que llegar tarde no te hace molar más. De hecho, en una inercia injusta, casi te hace molar menos: la novedad del evento ya ha pasado y los cronistas, con más de una semana de travesía en la butaca, ya llegan más cansados. Y, sobre todo, con algo menos de paciencia. Por eso es una lástima que una película especial como El vientre del mar -que pide a gritos mente abierta y sensibilidad- haya llegado a la Sección Oficial del Festival de Málaga en su penúltimo día de novedades.

A diferencia de otras, con El vientre del mar es mejor tener algo de información o contexto previo, porque la película te zambulle directamente en una arriesgada propuesta. Lo primero que hay que saber es que está basada en el naufragio real de casi 150 personas en un buque francés a principios del siglo XIX, inmortalizado por el pintor Théodore Gericault en el famoso cuadro La balsa de la medusa. Lo segundo es que es una adaptación literal del texto de un capítulo de la novela Oceano Mare, del escritor italiano Alessandro Baricco.

El último dato a tener en cuenta es que el proyecto inicial era transformar el texto de Baricco en una obra de teatro, pero que la pandemia cambió los planes de su director y guionista, Agustí Villaronga (Tras el cristal, Pa negre), que vuelve a un cine muy personal después de firmar el encargo de Nacido rey, película que pasó bastante inadvertida en su estreno en España.

Estos dos últimos puntos son importantes: El vientre del mar es una película de radicales influencias literarias y teatrales, que son la base más que explicíta del interesante planteamiento de Villaronga. Si se aceptan estos presupuestos sin concesiones, la película te lo agradece en forma de reflexión original sobre las bases morales que sustentan eso que llamamos humanidad, puesta en cuestión por el drama migratorio actual y las profundidades del mar.



El vientre del mar: Villaronga en rebeldía

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«Mientras todo el mundo estaba cantando en las azoteas o escribiendo poemas, nos dijimos que la cultura no se iba a parar», ha explicado el director y guionista en Málaga, que ha definido la película como «un acto de rebeldía» y «muy casera» a nivel de producción, lo que ha condicionado la propia naturaleza del proyecto al no poder rodarse en medio del mar, en grandes escenarios naturales o con grandes recreaciones de época. La película se plantea, desde un juicio, como un recuerdo minimalista con distintas capas de lo que ocurrió en el naufragio, narrado por sus dos protagonistas en duelo, interpretados por Óscar Kapoya y Roger Casamajor.

La película está rodada en muy pocos escenarios, en blanco y negro y a color, donde se cuenta lo que viven y piensan estos dos supervivientes de una balsa a la deriva durante casi dos semanas. Todo con un fuerte carácter de performance y enunciación en prosa de las palabras escritas de Baricco. Un universo en el que el pacto con el espectador es básico: «No hay una sola palabra que no sea suya en la película», ha dicho Villaronga. Una composición poética y estética radical que Villaronga ha definido como «un esfuerzo muy grande» por las dudas que suponía a la hora de acercarse al público.

En El vientre del mar hay también una explícitan conexión con el presente. Tanto la película en sí como el equipo han dejado claro que pretende señalar lo que está ocurriendo en la crisis migratoria en Europa y sus muertes diarias: «Dos siglos después siguen ocurriendo estos naufragios, pero ahora pasan también en una frontera o una guerra», ha dicho Villaronga, mientras que Casamajor ha dicho claramente que han querido «denunciar» lo que está ocurriendo en las costas del Mediterráneo a través de un naufragio histórico en el que murieron más de 100 personas.


El alto riesgo con recompensa

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Lo primero que hay que reconocer es precisamente eso: El vientre del mar es una película de riesgo. Villaronga no renuncia a casi nada en esta historia con dimensiones sociales, psicológicas, existenciales e introspectivas a través de códigos de lenguaje a los que estamos poco acostumbrados. Unos que incluso ponen en mucho peligro la credibilidad y la fluidez de los hechos narrados. Gueste o no, hay que reconocer el hecho que un director con casi 40 años de experiencia y varios metales en la vitrina no tiene ninguna necesidad de hacer algo así. Y lo ha hecho.

Si te quedas fuera de la idea desde un inicio, adiós muy buenas. Pero si eres generoso con sus exigentes condiciones de entrada, El vientre del mar acaba siendo una película con mucho que rascar. Aunque Villaronga sacrifica el protagonismo de la historia en favor de dos personajes enfrentados -y dos visiones sobre el mundo y el mar-, por detrás asoma algo que va más allá del relato de supervivencia extrema: lo que nos hace humanos, lo que compartimos todos. Pero no con una mirada benevolente o «buenista», sino con una que se reconoce a través de la herida y el dolor compartido.

Villaronga no ha hecho una obra de teatro, ha hecho cine con fe. Quizá uno descompensado y demasiado intelectualizado, pero también uno que se la juega para ofrecer una serie de ideas -y una forma concreta de presentarlas- que realmente ha interiorizado y busca la manera de transmitir en imágenes. Y eso, pese a todas las limitaciones, nos hace volver a mirar con angustia a ese espejo que es el mar.



Foto presentación de El vientre del mar en Málaga: Alex Zea (cedida por el Festival de Málaga)
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