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El club del paro: Comedia de las crisis, libre y desigual

La película de David Marqués es irregular y habría sido más graciosa hace una década, pero su verso libre la hace disfrutable

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Un día más en el bar. Cuatro amigos (Adriá Collado, Eric Francés, Fernando Tejero y Carlos Areces) se juntan a hablar y beber cerveza alrededor de una mesa. Aunque esta vez el sitio sea nuevo, todo sigue igual: tres de ellos están sin trabajo y no hay demasiadas esperanzas de que la situación cambie. Pronto se descubrirá la personalidad de los cuatro y qué les ha llevado a estar donde están. De aqúi parte el El club del paro, una comedia de verso libre que juega sus cartas a la clásica dupla de humor y crítica social corrosiva.

Heredera de un corto, la película de David Marqués (Dioses y perros, guionista de Campeones) se ha buscado una estructura definida para convertirse en largo: una conversación de los cuatro protagonistas dentro del bar intercalada con una presentación de cada uno de ellos a través de varias situaciones. Y todo ello acompañado por una entrevista individual (a modo de reportaje/documental) fuera del sitio, donde hablan -mal- del resto. Sale una película desigual, pero lo suficientemente personal y libre como para quedarse con lo positivo que tiene.

La comedia de las crisis

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Foto: David Catá

La película quiere divertir riéndose sin piedad de algunos arquetipos de la sociedad española de a pie. Por aquí, ninguna novedad; se incorpora a una larguísima tradición de la comedia española dedicada a ese noble arte del fustigamiento colectivo y la parodia de nosotros mismos. Más concretamente, El club de paro se suma a la corriente dedicada a sacarnos los colores por los problemas socio-económicos en España. En este caso, el gran tema de fondo es el desempleo, arrastrado históricamente y agudizado desde la anterior crisis económica.

En ese sentido, la de David Marqués es una comedia más de la crisis (o, ahora, de las crisis), aquellas que se produjeron especialmente durante la dura resaca de la primera mitad de la década pasada (2010-2015), sobre todo desde los márgenes. De hecho, el corto original es de esa época. El filme explora su tema replicando ciertas actitudes y personajes que quieren ser los de nuestro día a día. Ahí está su complicidad. El club del paro busca cosas parecidas a El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012), pero partiendo desde la pura conversación.

Unos años después de aquellas películas que hicieron comedia de las ruinas del 2008, la película de Marqués podría ser un poco como el que llega a la fiesta cuando ya no hay nadie y han apagado las luces. Aunque la película se sitúa temporalmente justo antes de la pandemia -a la que se hace referencia varias veces- y nos quiera decir que no tenemos remedio (esto se merecería otro análisis), sus personajes se ríen de cosas y temas de actualidad muy parecidos a los que nos hemos reído durante todos estos años.

Lo bueno -para la película- es que todo eso nos vuelve a sonar: la situación derivada del coronavirus nos ha devuelto a un clima de pesimismo que resuena al de hace una década. Aunque ciertos chistes y su fijación única en los señores de más de 40 dejen una sensación más acortonada y poco representantiva de quiénes somos, El club del paro sí recoge un aroma de época en España y un sentido común que no nos quitamos de encima. Aunque no nos guste nada su reflejo.

Libre quiere ser

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Foto: David Catá

Pero más allá de corrientes, actualizaciones o vigencias, lo mejor de la película de Marqués es que busca su propio espacio. Lo hace con pocos elementos, algo que siempre es de valorar, y con la palabra como principal aliado. Las conversaciones entre los cuatro amigos son la esencia de la película, la que nos quiere meter en este ambiente de cervezas mañaneras, diálogos de besugos, pullas y malentendidos entre estos cuatro seres bastante despreciables. Es, básicamente, una película denominación de origen de su director y guionista, que siempre ha privilegiado la palabra, el patetismo y retorcer un poco a sus personajes (Aislados, Desechos).

Pero El club del paro viene y va. En varias secuencias es divertida, con diálogos finos y situaciones bien desarrolladas. En otras, resulta demasiado calculada, más pendiente de representar y criticar que de realmente ser. Cuando da rienda suelta a las características humanas de sus personajes y permite a sus actores brillar en lo suyo, los diálogos y la atmósfera cutre del bar quedan muy bien. Cuando pretende hacer calculadas referencias a la realidad o ser más caricaturesca de lo que necesita, no llega a lo que busca y resulta repetitiva.

Los cuatro actores demuestran sus tablas y defienden todo el chiringo con sus personajes. Aunque el de Adrià Collado sea el más difícil de defender por ser el más estereotipado, seguramente el personaje más gracioso y bien traído de la película es el de Fernando Tejero. Conspiranoico muy para estos tiempos pandémicos, tiene una secuencia brillante en una entrevista de trabajo que es para ponérsela en bucle.

Por ir cerrando: con cierta confianza por ser el guionista de uno de los mayores éxitos del cine español de la última década (Campeones), Marqués ha podido hacer una película pequeña pero muy suya y que, además, aún vale para captar cierto estado de ánimo, aunque hubiese hecho más gracia hace diez años. Eso ya merece la pena en el siempre saturado y homogeneizado ambiente de la comedia española. El club del paro es irregular y desigual, sí, pero es capaz también de ofrecer luces mientras se ceba con algunas de nuestras sombras.


Imagen de portada de El club del paro: Cine con Ñ

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