'Barrio', 'Chavalas' o 'Sevillanas de Brooklyn'
Mitologías de barrio: del documental militante de la Transición al barrio como cárcel de la ficción actual

Títulos de créditos del documental 'La ciudad es nuestra' (1975), de Tino Calabuig.
El barrio en el cine español es una unidad mínima geográfica para la narración. Los personajes a veces se presentan signando su origen en Carabanchel, Cornellà —que es un municipio fuera de Barcelona, pero no se lo digan a nadie— o Triana dando por sentado que entenderemos lo que implica. Es una forma de recordar que el código postal es un indicador de la esperanza de vida o el nivel educativo mayor que cualquier otro. Sin embargo, el enfoque sobre lo que significa «ser de barrio» ha ido cambiando sutilmente. Desde la militancia activa de los documentales de la Transición a un valle de cine social en el que se presenta como una trampa, solo un puñado de títulos recientes recuperan la identidad del barrio en un sentido colectivo y político.
Barrio, de Fernando León de Aranoa, estrenada en 1998, es uno de esos puntos de inflexión. A finales de los 90 de consolidación del neoliberalismo y la globalización, en pleno primer gobierno de José María Aznar, un director considerado progresista como Aranoa hace un retrato social de aspiraciones casi documentales —el cámara en mano y la iluminación naturalista volverán en Princesas (2005), mientras que los modos de ficción más tradicional se reservan para sus alegatos laborales como Los lunes al sol (2001) o El buen patrón (2021)— en el que el barrio se presenta como una cárcel imposible de abandonar.


Jose A. Cano