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Ego: La salud mental es cosa de todos

Aunque le cuesta, la película acaba encontrando el tono para hablar de las enfermedades mentales como un problema que nos concierne a nivel colectivo

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Ego presenta una semana completa en la vida de Paloma (María Pedraza), una joven que se encuentra a una persona exactamente igual que ella en una app de citas. Mientras el país se frena y se mete en casa por el confinamiento provocado por la pandemia, el descubrimiento y el comportamiento de esta doble empiezan a desestabilizar a Paloma. Un thriller con toques de terror parido desde la productora La Caña Brothers, liderada por el director Alfonso Cortés-Cavanillas (Sordo).

El confinamiento de la primera mitad del 2020 ha sido la base sobre la que construir esta película ambigüa, que ha podido así contener un presupuesto corto sin muchos problemas (al reducirse al máximo las localizaciones y la logística) y servirse de las pantallas y el juego de la multicámara para contar su historia. Aunque es un recurso que a estas alturas ya ha dejado de ser original, Ego usa la historia más cercana -e inacabada- para plantear un circuito cerrado cercano al cine de género.

Según pasan los días y tras la aparición de esta inquietante «gemela», los fantasmas psicológicos del pasado de Paloma resurgen cada vez con más fuerza. Aunque sufre para encontrar el tono que más le conviene, la película se va tensando y acaba de una forma más que digna teniendo en cuenta lo cerrada y engañosa que es su premisa. Cortés-Cavanillas ha exprimido las posibilidades de su pequeña película, que al final consigue poner sobre la mesa uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo sin que sea solo puro envoltorio para la acción.

María Pedraza y el tema de fondo en Ego

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Aunque hablar sobre las interpretaciones es un viejo truco de crítico para rellenar, en el caso de Ego está justificado. No hablar de María Pedraza aquí sería dejarse una buena parte del análisis sobre si esta película vale o no la pena. La actriz se arriesga con el reto más grande de su carrera: no solo es que tenga que interpretar dos papeles distintos, que ya es bastante, es que Cortés-Cavanillas le pega la cámara a la cara durante gran parte de la película, donde no deja de aparecer prácticamente nunca. Y todo en situaciones límite, con secuencias muy exigentes. Y, pese a algún momento que se le escapa el nivel de intensidad y sobreactuación, sale bien parada.

La película tiene el apellido claro desde el principio: es psicológica. Lo que tarda un buen rato es en decidirse por el nombre: no se sabe si un drama o una de terror, y va tanteando el terreno para descubrirlo. Al final, de los pasillos y de los espacios donde viven Paloma y su madre (Marian Álvarez) aparece el tono que más le conviene a la película: el del thriller cotidiano con seleccionadas secuencias terroríficas. Así es como se juega al despiste con el espectador, al que se obliga a decantarse por uno u otro lado de la barrera frente a lo que le ocurre a su protagonista.

El colofón final -no hay destripes-, con una bonita secuencia iluminada, le da el giro que le hacía falta para que su gran tema de fondo asome con un mínimo de reflexión. Ego, a la que aupa la actualidad informativa, empuja a tratar la salud mental no solo como un tema urgente sobre el que pedir ayuda individual sino también como un problema colectivo que nos concierne a todos como sociedad. Así es como se eleva un poco esta película que, sin brillar, cumple lo que se propone como entretenimiento y, sobre todo, sin necesidad de explicarse demasiado.

Imágenes de Ego: Stills – Begin Again Films

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