Noticia
Delfines de plata: Policíaco busca alojamiento

Delfines de plata presenta las historias entrecruzadas de distintos trabajadores y clientes de alto standing de un importante hotel madrileño, donde ha empezado a trabajar como botones el exiliado Akín (Will Shephard). Pero sus vidas y secretos se verán en jaque: se empieza a gestar un atentado terrorista de una célula islamista de Boko Haram, con el alojamiento como objetivo. Un comisario de policía (Rodolfo Sancho) empieza a seguir pistas sobre el caso.
El aroma de esta película podría ser el de un policíaco de los de antes, con su salpimienta de tocar los entresijos del poder y actualizar a los malos con un poco del terrorismo del siglo XXI. La base de la historia es una novela negra de Félix García Hernán, que viene desarrollando una serie de libros con el comisario Javier Gallardo, aquí interpretado por Sancho, como protagonista e hilo conductor de los de toda la vida.
Pero Delfines de plata no es ni mucho menos un noir clásico, pero tampoco es un thriller político del gusto de los nuevos tiempos. Resulta más bien un capítulo largo de un telefilme con (no de) policías de los años 80 o 90, en uno de los peores sentidos posibles en los que se puede interpretar esta frase. Javier Elorrieta no aprovecha su voluntarioso reparto de cartas inicial, y todo acaba siendo un totum revolutum de personajes y tonos sin destino, lleno de lugares comunes que se acumulan sin sumar casi nada entre ellos.
De todo y nada

Lo peor que le puede pasar a una película como Delfines de plata es, precisamente, quererlo serlo todo, a la vez y en todas partes. El centro dramático del filme es teóricamente el personaje de Akín, que se sitúa como el protagonista del arranque —y de todo el concepto emocional del filme, en realidad— a lomos de un entregado Will Shephard, que, junto al oficio de Rodolfo Sancho, es el que mejor salva las rigidísimas y apolilladas líneas de diálogo que van desfilando por la historia.
Herencia de la novela, Elorrieta demuestra cierta pericia al pasar de Akín a su lugar de trabajo, correa de transmisión de las diferentes minihistorias unidas de la película: el hotel. Lo que pasa es que una vez dispuestas las piezas, Akín desaparece casi por completo como centro dramático, sustituido por un desarrollo policíaco a varias bandas que resulta de una torpeza y una arbitrariedad que cancela cualquier acierto narrativo anterior.
Sin entrar en detalles, coge el testigo de Akín el plan de los terroristas y, sobre todo, la línea de investigación policíaca en la que Rodolfo Sancho asume el vacante papel de protagonista. Es esta paulatina escalada, de supuesta tensión y dramatismo, la que se vuelve particularmente decepcionante. Seguramente acentuada por unas limitaciones de presupuesto, todo lo que debería ser acción está dicho y todo tipo de clichés visuales y argumentales de los malos malísimos (pobres Emilio Buale y Matías Janick) y de «trabajo de investigación de policías» están colocados de la forma más perezosa y de cartón piedra posible.
El encanto perdido de lo añejo

Entre tanta plantilla hipervitaminada de thriller de plataforma, Delfines de plata podría tener su encanto como fórmula añeja y sus condiciones de artefacto artesanal casi de serie B. Pero no la acaba teniendo porque mata incluso el juego autoirónico al insistir en proponer un planteamiento a gran escala poco favorecedor. No es capaz de establecer un protagonismo decidido —entre un Akín desdibujado y un comisario Gallardo unidimensional— y el antagonismo que debería funcionar como contrapeso amenazante es de un maniqueísmo que llega a ser involuntariamente cómico.
Pero aunque se quiera tomar distancia del todo y afrontar el guirigay como algo divertido o incluso apetecible, la película fuerza un tono grave y dramático mediante distintos hechos que acaban por enterrar la puesta en escena «de toda la vida» de Elorrieta, al que sí se le aprecian intuiciones de verdadero cineasta. Una película que por olvidable no tenía que ser irritante, que por modesta no tenía que ser burda, y acaba siendo todo eso.
Imágenes: Delfines de plata – Filmax (Montaje de portada: Cine con Ñ)


Arturo Tena