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Dardara: El canto del cisne de Berri Txarrak

Una despedida con un planteamiento que va hasta el final, con vida y cariño.

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Con material audiovisual rodado a lo largo de 2019, llega esta semana a los cines el documental Dardara sobre la última gira del mítico grupo euskaldun Berri Txarrak. Tras un cuarto de siglo actuando en más de medio mundo, la banda encabezada por Gorka Urbizu puso punto y final a su legado con un macro concierto en el Navarra Arena de Pamplona.

Las imágenes del mismo, con evidente sabor a despedida (y con un cierto aroma irreal debido a las restricciones actuales del Covid, virus del que se salvaron los músicos por apenas unos meses en su particular broche final), echan el telón -por ahora- de un carrera grupal que ha llevado a que el rock en euskera se escuche tanto en Alemania como en Japón.

Jugando con este colofón en Navarra (que tiene más potencia por la expectación previa que crea en los acólitos de la banda y en el propio Gorka, ya que una vez comienza aparecen los créditos), Dardara tiene como objeto dar testimonio privilegiado de cómo es la última gira internacional del grupo, cuáles son las reflexiones del cantante principal después de tantos años en el candelero y cómo la música puede ser el lenguaje más importante por encima de un idioma concreto en un grupo muy variopinto de seguidores.

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Tal y como pedía Gorka en la preparación de la rueda de prensa sobre uno de los últimos conciertos en Madrid, el documental acierta al no caer en la retrospectiva analítica de los 25 años anteriores de Berri Txarrak: las imágenes te meten en la atmósfera de cómo se viven por última vez unas sensaciones que durante décadas pensabas que no tendrían un punto y final -y sobre las que el propio Gorka habla a colación de uno de los diálogos más famosos de la película Her (2013)-.

Tanto el espectador experto en la música retratada como aquel que se aventure por primera vez a escuchar las letras se deja llevar por ese concepto tan poético como es el del «canto del cisne», perfectamente captado por las imágenes de Marina Lameiro (Young & Beatiful). Como en las buenas historias, lo importante no es el final (que también), sino el trayecto hasta el mismo: no es una cinta en la que estés inquieto por adelantar el metraje hasta los últimos minutos, sino que vas observando cada paso como un hecho especial, sintiendo un afecto especial tanto por el concierto en Alemania, por ejemplo, como por el de Pamplona.

Obviamente el receptor fan se verá identificado a un gran nivel con lo que se está contando, mezclando sentimientos de nostalgia, tristeza e incluso extrañeza que otro menos avezado no podrá compartir a ese nivel, pero el ambiente está tan bien retratado -y Gorka es tan carismático desde su posición sosegada y tranquila- que quien más quien menos se podrá ver conectado con la historia.

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Eso sí, el propio aficionado es asimismo protagonista de «la trama» gracias a la estructura que le otorga el documental: ya seas una chica alemana que no se ha perdido ni un concierto desde que los descubrió o una cantante amateur que intenta crear su propio grupo mientras admira lo conseguido por Berri Txarrak, las historias de varios miembros de su público son presentadas paulatinamente desde el inicio hasta confluir en ese espectáculo final descrito. También tienen voz una mujer y su hija, quienes, como unas aficionadas más, acompañan a este fenómeno en euskera (que se ha convertido en algo de verdadero culto) a lo largo del mundo, o una chica que afronta un cambio de sexo apoyándose en las letras de la banda.

Planteada como un verdadero homenaje a aquellas personas que han seguido la trayectoria de Berri Txarrak desde hace años, quizás el documental adolezca de una estructura a retazos que se ha ido componiendo sin una idea previa a lo largo de los 23 conciertos en los que la directora de Dardara acompañó al grupo, pero hay que reconocer que el planteamiento va hasta el final con su particular tributo al aficionado/a, desprendiendo vida y cariño.

Sin pretender transmitir lo que significa experimentar en vivo y en directo un concierto de Gorka y los suyos -eso quedará ya en las vivencias de los más privilegiados-, esta cinta, traducida del euskera como «temblor», juega sus mejores cartas mostrando lo que significa amar a Berri Txarrak a través del sentimiento incondicional que le profesan sus citados admiradores, lo que equivale al mejor subidón en cualquiera de los conciertos de la banda. Agur, Berri Txarrak.

 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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