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Cuñados: Aquí no hay quien viva a feira

La comedia de Toño López es menos previsible de lo que parece su presentación, pero a pesar de su ambición y su factura no pasa de un episodio largo y no especialmente brillante de astracán ibérico

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Eduardo y Sabonis son dos cuñados que se enfrentan a la posible ruina de la empresa familiar y un inesperado divorcio. Para resarcirse, intentan secuestrar al cuñado de una empresaria que lo estafó. Lo que no saben es que al mismo tiempo esta última está siendo investigada por la cuñada de ambos, que es detective de la Policia Nacional.

El astracán español es un género a reivindicar, lo que pasa que a veces se indigesta. La comedia costumbrista que al mismo tiempo es un anuncio de viajes, también. Cuñados se inserta en las dos queriendo parecer cafre pero siendo amable, una comedia bufa sin más que aspira, en realidad, a ser un capítulo de Aquí no hay quién viva largo y que mete un poco de color local para justificar un presunto galleguismo aunque podría grabarse igual en cualquier otra parte. Me cambia usted el equipo de basket y poco más.

Bueno, miento. El astracán no tiene confianza ninguna en la bondad del ser humano y suele arrasar con todo. A veces es tierno con sus personajes, pero nunca les da un final feliz. El contagio de la comedia amable anglosajona provoca que en España se cambie nuestro género patrio por antonomasia para darle el proverbial final feliz.

Crítica de Cuñados con spoilers

Cuñados: Aquí no hay quien viva a feira 1

Les digo también que los personajes son cuñados como podrían primos o no. Se ve que el título es para que entiendas que es una comedia cuñada, del tipo Es por tu bien pero con actores gallegos. Es una promesa de un tipo de humor más que una descripción de lo que vas a ver, porque realmente las relaciones familiares entre ellos no influyen demasiado en el argumento, son la excusa para que estén todos ahí, ellos y ellas, en el sitio donde le dan sentido al argumento. 

La comedia pasa de comedieta familiar de enredo a parodia de un policial con los típicos garrulos de buen corazón queriendo hacerse ricos rápido con una jugada especialmente absurda, en la que cada cual recibe su arco de redención y se castiga a un villano, en este caso villana, de clase social más elevada y especialmente repelente.

Por otro lado el reparto está muy bragado en la comedia y sabe bailar en el delicado equilibrio entre el costumbrismo y el desmelene cómico. Hay detallitos, como el de la bodega ecológica familiar -a la que el tercer “cuñado” intenta entrar quitándose las comillas, claro-, o que uno de los interfectos sea ex jugador de basket con un mote, que ya hay que ser un poco viejuno para pillar a la primera.

El macho ibérico

Cuñados: Aquí no hay quien viva a feira 2

Decía antes de La que se avecina o Los Serrano. El astracán ibérico vive de arquetipos especialmente definidos, y uno es el del macho ibérico, que no ha muerto, solo se transforma. Una masculinidad tradicional retratada como fundamentalmente ridícula e infantil, pero inevitable y hasta tierna y deseable. No son Pajares y Esteso, sino sus versiones amables posteriores a los 90, pero sigue sonando anacrónica.

De hecho llama la atención como la edad de los peterpanes se va lanzando hacia delante. Hace 30 años tenían 20, hace 20 tenían 30… no sé si me van captando. Se le sigue haciendo la misma comedia a la misma generación, una y otra vez, presentando como aceptable ser un niño grande al que su pareja ejerce de madre 2.0 y que se reconcilia con gestos románticos que tienen que ver casi siempre más con “ser buen padre” que con la corresponsabilidad o el cuidado de la pareja. En fin, qué sabré yo, que cada día estoy más calvo, más gordo y más cuñao.

Por resumir, una comedia efectiva si uno se mete, que mejora a partir de su segunda mitad cuando pasa del enredo tontorrón al enredo tontorrón hiperbólico, un poco rancia pero tierna y entretenida para echar un par de horas en el cine riéndose sin sentirse muy culpable. Se cree humor cafre y es más neutra que un discurso del PSOE de Galicia, pero se deja ver. 

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