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Crónica de una tormenta: Una ocasión perdida

Una película de «tesis», en la que el subtexto brilla por su ausencia

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Crónica de una tormenta es el debut en la dirección de Mariana Barassi, que adapta una obra teatral de Sabina Berman titulada Testosterona, la cual hace inequívoca referencia a la hormona del ser humano producida en mayor cantidad en el hombre que en la mujer. Teniendo la “guerra de sexos” por bandera, la película coloca a Ernesto Alterio, Clara Lago y Quique Fernández en la lucha por la sucesión de un conocido periódico

El filme presenta una unidad espacial y temporal, concentrando la trama a lo largo de una sola noche (y su correspondiente mañana) en las oficinas de la empresa en la que se desencadena la pugna por el poder. Armados de un texto en exceso literario, Lago y Alterio, probados intérpretes con capacidad de dar lo mejor de sí -especialmente en la comedia- parecen recitar parlamentos sin demasiada convicción o vitalidad, lo que denota, de entrada, un limitado realismo de los personajes sobre el papel (parecen estereotipos) y una probablemente pobre dirección de actores.

Tras una introducción contextual (mensaje directivo previo a la cena de Nochebuena de los trabajadores del rotativo), Crónica de una tormenta presenta a los personajes de Alterio y Lago encerrados en las oficinas durante la noche debido a la tempestad. Como si de Después de la tormenta (Hirokazu Koreeda, 2016) se tratase, una justificación atmosférica lleva a estos dos personajes a establecer una conversación «pendiente» y generar una trama que, por encima de lo concreto, atañe a los diferentes recursos del hombre y la mujer en la búsqueda de la influencia

Crónica de una tormenta: Una ocasión perdida 1

Por más que el contenido sea actual y necesario, esta nueva entrega del «subgénero del periodista», con cita a Primera plana (Billy Wilder, 1974) incluida, acaba cayendo en una narración plana y en la que la evidente intención de denuncia acaba comiéndose los méritos cinematográficos. En otras palabras, la sucesión de los hechos suena forzada con tal de que el devenir del argumento termine de la manera en la que lo hace.

Este hecho también lastra las dos actuaciones protagonistas, las cuales, con un poco más de mérito por parte de Clara Lago, dan la impresión de estar en piloto automático. Es una película de «tesis», en la que el estereotipo abunda por encima del trazo más fino. La miseria moral, la misoginia… salen a relucir en un planteamiento en el que el subtexto brilla por su ausencia, generando posiblemente esa estructura tan robótica, lo que acaba por ser mortal si lo que vamos a presenciar durante la próxima hora va a ser un tour de force entre solo dos personajes. 

En un momento en el que Chlóe Zhao se ha convertido en la segunda mujer ganadora de un Óscar en 93 ediciones, tienen plena vigencia este tipo de relatos, en los que un personaje femenino tiene que hacerse valer en un mundo de hombres que parece conspirar para no dejarla realizarse. Pero es un pecado, más allá de las intenciones, no contar con una trama elaborada que abrigue a la historia; la cinta sería notoriamente más perdurable con ella. Se adivinan las herramientas necesarias para generar el giro de guión -enamoramiento/admiración pasada entre los dos personajes-, además de caer en un maniqueísmo absoluto. 

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El cine es pura ficción, y el espectador está de acuerdo con ese trato. Pero no incluirlo en la atmósfera creada es el peor error que se puede cometer. La planificación de Crónica de una tormenta es demasiado homogénea, con una utilización gramatical muy pobre de las diferentes escalas. No hay diferencia de significado entre un primer plano o un plano general. Sin desvelar su conclusión, la lógica argumental que se desarrolla hasta la misma también entra en conflicto con las propias normas de la verosimilitud. El mensaje final se alcanza, lo que generará comentario en escuelas de periodismo o en reflexiones de género, pero difícilmente podrá convertirse en un elemento a desgranar en las aulas de cine. 

En definitiva, Crónica de una tormenta es un proyecto que apuesta sus casi 90 minutos al texto, generando una narrativa impostada que hubiera necesitado de referentes más reales que ayudaran a los actores a resultar más creíbles. Aún así, Clara Lago termina siendo la noticia más destacable dentro de esta disección de la ambición y el diferente comportamiento de género en la búsqueda de una posición de poder, haciendo gala de aspectos como la honestidad o la racionalidad. 

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