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CRÍTICAS

Últimas voluntades: Tragedia a medias

Una película que se autoboicotea, donde la realización con exceso de subrayados y los diálogos torpes desmerecen las buenas ideas de guión, ambientación y trabajo del reparto
<strong>Últimas voluntades</strong>: Tragedia a medias 2

En Últimas voluntades Coque acaba de salir de la cárcel tras una larga condena e intenta retomar el contacto con su hijo Andrés, al que no ve desde que era un bebé de un año. Este es ahora un joven que sobrevive como mecánico y con pequeños trapicheos y del que Coque se convierte en vecino y protector, pero no se atreve a decirle quién es. Padre e hijo, cada uno por su cuenta, tienen asuntos pendientes que no son fáciles de resolver, y que pueden complicarles la vida.

La ópera prima de Joaquín Carmona Hidalgo tiene el componente de ser una producción mayoritariamente murciana, rodada en la ciudad y que busca retratarla con naturalismo, sin estilizaciones de ningún tipo. Le sale a veces bien y a veces mal, aunque el ambiente de ciudad de provincias ni grande ni pequeña pero repleta de callejones sin salida está bastante logrado, y es algo poco habitual en esta época de rodar donde más exenciones fiscales den y que dé igual todo. Biopic Films y Maskeline, A Visual Foundry ruedan en su ciudad porque quieren, y eso suma en este audiovisual nuestro tan centralista sin saberlo.

El guión de Últimas voluntades corre a cargo de Helio Mira, que prácticamente se estrena en el largo como Carmona Hidalgo, y Salvador Serrano, veterano secundario con más mili que el cabo de Finisterre en la actuación —incluido un antagonista en esta misma película— pero inédito hasta ahora en labores de escritura. Se nota, la verdad, la experiencia actoral de este último en que es un texto pensado para que lo levanten sus intérpretes, aunque no siempre acierte con el tono que quiere tener. Si algo aporta al drama social patrio es cierta tendencia a calcar tics de su equivalente estadounidense (como mezclarlo con el thriller) sin «americanizarse».

El curro de los currelas

<strong>Últimas voluntades</strong>: Tragedia a medias 1

Últimas voluntades tiene muy buena voluntad, es decir, se notan unos objetivos finales en la película en general muy buenos, pero los ejecuta con la torpeza propia de la ópera prima. Hay secuencias propias del melodrama en las que la música y los movimientos de cámara subrayan en exceso lo que debería sentir el espectador, momentos de thriller que encajan mal con el tono general naturalista con el que arrancaba el filme y algún diálogo demasiado tópico o previsible que desmerece al resto.

Los elementos del drama están ahí dispuestos para que confluyan y llevar al protagonista al tercio final. Resuelve algunas situaciones de manera excesivamente tópica o previsible y se ceba con el drama de telefilme en algunos momentos, pero también se atreve a que sus personajes sean contradictorios de una forma realista y tengan reacciones complejas, llenas de una ambigüedad con cierto fondo optimista que es la que sostiene Últimas voluntades.

Casi todos esos momentos los levanta, la verdad, el reparto. Mucho mejor los actores mayores que los jóvenes, con Adriana Ozores en un papel muy secundario al que le regala toda la credibilidad que puede y Carlos Santos tan efectivo como siempre. Es bueno que Fernando Tejero tenga la oportunidad de tener protagonistas de drama, componiendo un personaje complejo, que dice más con las miradas que con las palabras y permite que entendamos su relación con otros personajes con facilidad, explicando su carácter turbio y sus secretos sin artificios.

Buscando el realismo

Últimas voluntades

Últimas voluntades, eso sí, viene a ser la enésima película de un hombre que busca redimirse por su pasado con la familia de la que no pudo cuidar y tiene que tomar decisiones dolorosas y comprometidas. Debe mucho a este tipo de drama, o a veces, en fin, melodrama que sigue regalando el cine norteamericano de vez en cuando y que suele dejar cierto poso a wéstern actualizado. Las novedades están en la ambientación, el giro sobre su sexualidad y el tipo de relación con el hijo… o el cura. Pero no aporta mucho más.

Quizás porque esa búsqueda del naturalismo, que choca con una banda sonora demasiado obvia y una realización plana que no acaba de decidirse por cómo quiere contar las cosas, acaba cayendo en una serie de tópicos sobre la parte criminal que, o son homenajes cinematográficos o tópicos extremos. Tenemos claro que los diferentes mafiosos cuyas demandas tienen que atajar los personajes son una excusa para que estos tomen decisiones muy jodidas, pero unos son muy retro y otros sacados de una selección de amenazas genéricas de «barrio chungo», hasta rozar lo cómico en las escenas donde está en juego la integridad física de Andrés.

En fin, que Últimas voluntades, cuyo título es un poco spoiler pero no demasiado, acaba convertida en una película que se autoboicotea. Un drama con toques de thriller en el que las buenas ideas de su guión y algunos grandes momentos de ambientación, además del trabajo de su reparto, acaban descarrilando por el exceso de subrayados o los caminos fáciles de la trama, otorgando un resultado final más bien mediocre y un último tercio fallido.

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.