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Señor, dame paciencia, capítulo 1: Ríete de tu padre

Quien disfrutase del tipo de humor de la película, a base de estereotipos pero amable y familiar, es el público ideal para esta serie

Señor dame paciencia

En Señor, dame paciencia Gregorio, un empleado de banca viudo y muy conservador, se enfrenta a perder su trabajo, sus ahorros y hasta su casa pasando a depender de sus cuatro hijos. El problema es que estos son a cada cuál más opuestos a su padre: una antisistema, una hippie crudivegana y animalista, un obseso de la informática y un abogado de éxito, pero homosexual. Así que, más que arreglar su situación financiera, el protagonista necesita eliminar prejuicios para ser capaz de comunicarse con su familia.

Repetimos lo del subtítulo: si os ha hecho gracia el humor de la película, la serie es para vosotros. Si no, pues nada, aunque está simpática como para darle una oportunidad, que al final es una comedia familiar y costumbrista que exagera un par de estereotipos y poco más. Alguno, el propio protagonista incluido, se le pasa de vueltas, pero no llega a lo ridículo. Probablemente no funcionen para quien encuentre ofensivos los tópicos que refleja -la hippie pija, el informático asocial, el fachilla madridista-, pero tampoco buscan el insulto.

Se pierde un poco de la frescura de la película y el estilo de road movie, además de a todo el elenco salvo Jordi Sánchez, el alma de la función. No es una continuación literal, porque los personajes de los hijos cambian y las circunstancias de Gregorio también, pero se han esforzado en rodear al protagonista de actores bragados en la comedia televisiva. El primer capítulo cumple con lo mínimo, que es presentar a los personajes con sus tics y el conflicto, queda por cómo lo desarrolla.

Crítica de Señor, dame paciencia, capítulo 1, sin spoilers

Señor dame paciencia

En fin, la serie recupera un tipo de personaje que siempre parece superado por la ficción española y siempre vuelve, son sus mil vidas y su puntito tierno dentro de lo presuntamente desagradable. Gregorio no es Torrente, sino su versión adinerada -o que se cree adinerada, como demostrará el primer episodio- y un poco pequeño burguesa aspiracional, más estirado y conservador que rijoso. Resulta antipático de manera más o menos realista, aunque algunos de sus tics se exageren hasta el punto de llevar tirantes del Real Madrid a un juicio porque así fastidia a un juez catalán.

Y, bueno. Las FEMEN no cometen faltas de ortografía, ni queman cajeros, ni probablemente les guste La Sexta, y el crudiveganismo no funciona como se ve en esta serie. Pero vamos, tampoco los empleados de banca son como el protagonista ni todo el mundo trata a su empleada de hogar rumana como él lo hace aquí. Ni ser muy católico equivale a ser tan antipático. Está bien que se hagan chistes con política, aunque sean tan tontorrones, porque algo de lo que no puedes reírte casi siempre es algo a lo que le estás dando más importancia de la que tiene.

En última instancia Señor, dame paciencia, viene a ser, como lo era la película, la historia en clave de comedia amable de cómo un viudo pasa el duelo por su esposa muerta y aprende a comunicarse con sus hijos. Que oye, probablemente se podría hacer de otras muchas formas, pero seguro que bastantes serían peores que esto. Si se asume desde ese punto de vista, mejora bastante, porque se entiende que Gregorio está enfadado con la vida por sentirse solo, no por ser particularmente mala persona.

También es una serie que se ríe, fundamentalmente, de los pijos, sobre todo de los aspiracionales. De manera que tres de los cuatro hijos -la hippie, el gay y la femen- son unos pijos relamidos que le darían vergüenza hasta a quien sea que haga las listas de Más Madrid. El mismo Gregorio, ya lo hemos dicho, está a un tropezón del desahucio, y la forma en que se ve expulsado de su burbujita de privilegio tiene que ver con romper los consensos entre la burguesía aspiracional.

Por ir cerrando, diremos que lo visto hasta ahora habla de una serie que no aspira a ser brillante, sino amable y entretenida, que tira de los estereotipos para hacer un humor de trazo algo grueso pero no casposo y que se intuye que acabará apostando por los valores familiares y abrazar las diferencias. Le interesa la política, pero para hacer chanza de cómo la vivimos a nivel de calle, y en el fondo su objetivo es entretener. Así que, por el momento, a ese nivel funciona.

Imágenes: Fotogramas de Señor dame paciencia – Atresmedia TV

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