Series españolas
30 monedas, temporada 2: Los maestros del Apocalipsis

En la segunda temporada de 30 monedas el padre Vergara intenta escapar del mismísimo infierno para ayudar a sus antiguos amigos e impedir que un villano aún peor que el cardenal Santoro posea las monedas de Judas. Los vecinos de Pedraza están ahora secuestrado o escondidos en diferentes lugar: la veterinaria Elena en coma, el alcalde Paco trabajando de incógnito, el sargento Lagunas protegiendo al loco del pueblo… Solo Merche, la ex mujer de Paco, tiene en su poder una de las monedas. Y pronto recibirá una oferta de Christian Barbrow, un millonario hombre de negocios con un plan.
Álex de la Iglesia ha vuelto por todo lo alto con la continuación de su serie de 2020, ese despiporre de terror y acción que se perdió en el gran año de las series españolas y que viene a cumplir la ley de las trilogías (el autor ya ha anunciado que la pensó como una serie de tres temporadas y que está escrita la última): la segunda parte siempre supera a la primera. Entre tanto HBO ha ganado el Max y luego ha ido perdiendo socios, siglas y hasta series de producción propia del catálogo, pero la del bilbaíno sobrevive como producto prestigio que también conecta con el público, igual que España permanece como territorio de producción estratégico.
La segunda temporada de 30 monedas, de hecho, apenas se resiente de los recortes en la plataforma madre e incluso se le intuye un empujoncito más de presupuesto para inflar a acción y efectos especiales y atreverse con terrenos en los que el género español normalmente tiene pocas oportunidades de pisar. Se mantiene el tono de terror al servicio de la acción, aumenta la densidad intelectual del planteamiento y todo sigue encajado en una peripecia de aventuras que, al tener a sus protagonistas ya establecidas, se desmadra en un cliffhanger constante.
Descenso a los infiernos

En serio. Jorge Guerricaechevarría y el propio De la Iglesia se notan muchos más sueltos con unos personajes a los que ya establecieron bien en la primera temporada y ahora desperdigan por medio mundo para luego, como es previsible, volver a reunirlos, solo que a lo loco. La segunda temporada es mucho más solida que la anterior porque no hace falta explicar demasiado, incluso los nuevo dispositivos mágicos se despachan con dos explicaciones porque el mundo en el que se mueven no necesita justificarse. Y el terror físico más bestia se desata en diferentes variantes, desde el infierno hasta el moderno Metaverso, puestos juntos para contrastar más que a propósito.
Las dobles lecturas ideológicas o comentarios de actualidad están ahí, como las lecturas místicas y la cuestión filosófica sobre la que el director ha vuelto varias veces: el libre albedrío. Pero sobre todo se trata de que encajen o alimenten la acción, un nivel de reparto de estopa que no se veía desde hace tiempo, rodado con el estilo habitual del bilbaino y justificando que hayan mazado a Eduard Fernández a esos niveles. Por el camino hay referencias a las teorías de Erich Von Däniken, el ocultismo y misticismo medievales y hasta a los cómics de Vértigo de los 90 (en concreto la Doom Patrol y Los Invisibles de Grant Morrison) o alguno reciente de Jonathan Hickman que sería spoiler mencionar.
Pero esa batidora POP encarnada por una Patrulla-X de lo místico e ibérica, con el fichaje acertadísimo de Najwa Nimri en un papel con mucha coña pero también muy épico, está también mezclado con la particular Divina Comedia del padre Vergara. El protagonista de 30 monedas, que en la primera entrega se enfrentaba a sí mismo, en la segunda vive su particular viaje de Orfeo inverso y hasta se transfigura en Moisés, con un guiño visual obvio a la versión cinematográfica de Charlton Heston. Sin dejar de repartir ostias como panes, con giros de terror chulísimos y hasta una mezcla desviaciones teológicas muy sugestivas, como que Satanás sea en el fondo un mero empleado de Dios, o ambos dos aspectos de la misma divinidad un poco torpe, traducidos a la épica de aventuras.
Los malos van ganando

Por si esto no fuese suficiente, en la segunda temporada de 30 monedas el villano es… un milmillonario de los de La supervivencia de los más ricos. Fantasías escapistas de los milmillonarios tecnológicos, de Douglas Rushkoff. Solo que en lugar de tener previstas soluciones de ciencia-ficción, las que aquí aplica son de naturaleza mística, que se mezclan con herramientas de enajenado de la ‘Ilustración oscura’ de Sillicon Valley y toque de L. Ron Hubbard, el muy jeta fundado de la Cienciología. Paul Giamatti mantiene su papel en el equilibrio justo entre el terror y los histriónico, consciente de que está interpretando a Lex Luthor, y el personaje de Macarena Gómez crece en paralelo como una antagonista más interesante que en la primera entrega. Aunque el más inquietante, siempre, es Manolo Solo, en español, en italiano, vivo o muerto.
En contraposición, como es habitual en las obras de De la Iglesia y Guerricaechevarría, sea juntos o separados, los héroes son una panda de frikis: gente de pueblo a la que nadie hace caso incluido su pobre sargento chusquero con más voluntad que luces, una influencer de lo paranormal, un alcalde de pueblo que estará muy mazas pero tiene menos personalidad que un ficus… A Nimri le regalan un discurso épico que suena a película de hace 10 años pero tiene ese componente punk de verdad que lo presuntamente antisistema perdió hace tiempo, y, de remate, nos cuelan un diálogo que suena a pastelazo pero acaba encajando (porque Vergara no es solo un Padre Karras de pueblo, también un teólogo y un filósofo): solo el amor es una elección verdadera y nos permite ser libres.
Bueno, en fin. Daos fraternalmente la paz. Que la segunda temporada de 30 monedas me ha encantado, porque soy público objetivo y porque supera con mucho a la primera en todos los niveles: guión, efectos, segundas lecturas y reparto de hostias como panes. Es lo mínimo que se le puede pedir al género, que desde esta casa siempre defenderemos que es el espacio más libre y más bestia para reflejar, comentar y exorcizar las ansiedades políticas y sociales de cada época. Otra gran ida de olla de Álex de la Iglesia, y que nos dé muchas más por muchos años. Y me callo ya, que hay que verla libres de spoilers para gozarla cual gorrino en charca.

Jose A. Cano