Películas españolas 2026
Hermano Caballo: Sin pedigrí y sin manada

Hermano Caballo sigue durante algo más de dos años a Santi Serra Camps, considerado el mejor adiestrador de caballos del mundo. En particular, durante la pandemia y el confinamiento, cuando su refugio para animales salvajes está en peligro y necesita un caballo de exhibición con el que relanzar su show para conseguir ingresos. Es en ese momento cuando viaja a Marruecos a adquirir una yegua de competición… y acaba adoptando a Mabrouk, un caballo enfermo y maltratado al que rescata y acaba recuperando, demostrando que eso de la sangre y el pedigrí no vale tanto como los cuidados.
Marcel Barrena vuelve al documental, que no trabajaba como director desde Món Petit (2012), con esta historia tan aparentemente antiintuiva respecto a otros de sus filmes y que preparó en paralelo a Mediterráneo (2021). El resultado, al final, es mucho más cercano a su estilo de lo esperable, tanto estilística como temáticamente, de tal manera que ambas películas se acaban hablando e incluso la secuencia inicial del documental parece un guiño explícito a su melliza.
Hermano Caballo es la historia de un hombre, Santi, y un caballo, Mabrouk, sin pedigrí y sin manada. Si no estuviese más que contrastado merced a la fama de Serra en su terreno, es tan de fábula moral que sería más propio de un telefilm que de un documental canónico. En manos de Barrena se convierte en otra cosa, una historia de superación que incluye al propio público y sus prejuicios sobre lo que se dispone a contemplar.
El yahoo que se hizo houyhnhnm

Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, van mucho más allá de sus aventuras como gigante de Liliput y enano en Brobdingnag, aunque casi nunca se han adaptado al audiovisual con completa fidelidad. Apenas la miniserie de 1996 dirigida por Charles Sturridge y protagonizada por Ted Danson lo lleva a su último destino antes de volver a Inglaterra, el país de los houyhnhnms, una raza de caballos inteligentes y habladores cuyo nombre, en su lengua, significa «de naturaleza perfecta», y que gobiernan a unos humanos deformes y salvajes llamados yahoos. Fascinado por la nobleza y sapiencia de los houyhnhnms, Gulliver intenta convertirse en uno de ellos, pero fracasa y es devuelto con los miserables y crueles yahoos.
Cuando Serra se explica a cámara, en un modo más cercano a la declaración tradicional de un documental, suena algo forzado, incómodo, como intentando agradar pero sin tener muy claro el terreno en el que se mueve. Cuando habla de sus caballos, a los que llama siempre por el nombre y describiendo sus rasgos de carácter, o se lo ve interactuar con ellos, todo fluye. Serra es un houyhnhnm, y a excepción de un par de humanos, como su hermano, todos los demás para él somos yahoos.
Esto explica su gran contradicción: ser el mayor defensor de la cría de caballos en libertad y dedicarse a montar shows con ellos. Su sentido práctico, por otro lado, es aplastante: el dinero de todos esos ricos encaprichados de presumir de yeguada o de la gente normal que va a verlo ejecutar acrobacias imposibles con caballos sin montura ni riendas, sirve para mantener un refugio único en el mundo donde cuida a sus animales según sus propios términos. Y la fama sirve para que otros adiestradores copien sus métodos en los que el caballo no es maltratado, sino convencido, por loco que suene, para hacer trucos.
Un mundo para caballos salvajes

Igual que Serra tiene momentos de mayor o menor incomodidad, los tiene la narración. Barrena se recrea en el detalle y el cuidado de los planos, así como el mensaje animalista, pero los momentos que ficcionan la realidad para dar empaque al documental —el domador y su hermano hablando con la veterinaria o cerrando la compra de un ejemplar— suenan demasiado acartonados. El contraste con los momentos del natural, que casi siempre implican a Serra interactuando con caballos, es más que notable.
Hermano Caballo se sostiene sobre los hombros de Mabrouk, el animal maltratado del que Santi se enamora en Marruecos y que provoca que el espectador adopte delegadamente a ambos, rodado como la ficción lacrimógena más manipuladora, pero a lo que otorga credibilidad cuando Serra y su familia hablan del tema. También que se describen con puntillosidad las crujías económicas que sufrió durante lo peor de la COVID, detallando los enormes gastos que conlleva mantener sus instalaciones y los sacrificios que tuvo que hacer para salvarlas, incluido vender alguno de sus ejemplares.
En fin, que Hermano Caballo funciona como una película familiar de ficción, de esas de sobremesa que se ven con los críos en el sofá un sábado y acaba uno con agüilla en los ojos, ya saben, pero también como un documental sobre el mundo de Serra y el de los caballos, con un mensaje animalista y antielitista —contra al prejuicio que solemos tener los legos, por motivos obvios— que se habla directamente con el resto de la filmografía de su director.

Jose A. Cano