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CRÍTICAS

Esmorza amb mi: Se esfuerza demasiado para hablar del desamor y otras intensidades

Iván Morales adapta su propia obra de teatro, cuatro historias cruzadas de incomunicación en la Barcelona actual que quieren ser tan generacionales y representativas que se quedan en nada
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Esmorza amb mi cuenta la historia de cuatro personas y sus diferentes problemas de comunicación en la Barcelona actual. Natalia, que se recupera de un accidente de coche que la ha dejado varios meses en silla de rueda y que intenta terminar un documental sobre el desamor. Omar, un músico en crisis que fue considerado referente de la escena urbana pero ahora solo se dedica a los temas publicitarios. Salva, un enfermero con un pasado como delincuente juvenil que quiere olvidar y cuya máxima aspiración es dejar la ciudad e irse a vivir al pueblo. Y Carlota, su pareja, recuperándose también de una juventud de excesos.

Iván Morales adapta su propia obra de teatro al cine con ayuda al guión de Almudena Monzú y Marta Armengol, dándole a la historia su propia entidad para la pantalla. Las cuatro historias, más que paralelas entremezcladas, de los personajes suceden en el mismo espacio de tiempo hasta que los cuatro coinciden en la escena final, y llegan hasta allí cruzándose unos con otros y, en algunos casos, precipitando sus diferentes catarsis, por llamarlas de alguna manera. No deja de ser otro drama de gente que vive en el centro de Madrid/Barcelona, pero la película intenta muy fuerte ser veraz y generacional. A veces, quizás de más.

El tema de Esmorza amb mi es, oficialmente, el desamor, pero, sobre todo, la incomunicación. La documentalista Natalia (Anna Alarcón) solo sabe comunicarse con su hijo o con personas que percibe en plano de igualdad con este, o por debajo de sí misma, como el enfermero Salva (Iván Massagué). Este y su actual pareja (Marina Salas) son incapaces de transmitirse sus verdaderos sentimientos e inseguridades. Y Omar (Álvaro Cervantes), el rapero venido a menos que lucha contra su propio éxito, con quien no sabe comunicarse es consigo mismo. lo cuál quizás a cierto nivel lo hace el personaje menos visto de los cuatro para unas cosas y el que más para otras.

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El problema de algunas representaciones es que, por veraces que sean, e incluso representativas de un determinado segmento social, de tanto verlas, o verlas siempre de determinada manera, se convierten en clichés que además, al ser incapaces de reírse aunque sea un poco de sí mismos, resultan artificiales por tomarse demasiado en serio. En Esmorza amb mi, con los desayunos como tema central, solo falta el aguacate para que ya sean los modernos definitivos, aunque sus pisos sean pequeños y precarios de verdad. Las catarsis vitales bailando desenfrenadamente que permite al personaje reconectar con su ser, lo mismo.

Quizás la parte en la que el músico se dedica a sonorizar las calles de Barcelona es la más interesante en Esmorza amb mi, que la mayor parte del tiempo no deja de ser el enésimo drama sobre relaciones. La imposibilidad de capturar esa realidad y convertirla en un mensaje comprensible y aceptable para el sistema de producción cultural, que le permite recuperar la frescura perdida tras lo que él percibe como «venderse» a trabajos alimenticios, parece básicamente la misma que la del cine independiente como este. La confusión de la realidad necesita ordenarse para resultar natural como narración, y eso implica manipularla. De lo contrario, es solo caos.

Por otra parte la declaración del personaje de Anna Alarcón (quien ya le puso rostro en la versión teatral) de que está haciendo un documental sobre el desamor porque es la forma que encuentra para expresar el espíritu de estos tiempos de crisis climática, ascenso del fascismo y etcétera queda, la verdad, un poco ridícula. Sobre todo porque no es algo que se diga para incidir en la inmadurez del personaje, que más o menos oculta bajo una actitud vitalista un dolor y un miedo acojonantes, sino que parece que el guión está de su parte y esa cuestión, la de por qué no encuentra pareja el personal en medio de las grandes crisis mundiales, es la más relevante de nuestra era.

Esmorza amb mi y los límites del humor

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Que no se me entienda mal. Massagué y Salas están estupendos, como siempre, Alarcón cumple con lo que le dan y Cervantes se esfuerza mucho, más que el guión, en que su personaje no parezca idiota. La película está muy pensada, tiene su propia personalidad más allá de la adaptación y las referencias culturales y musicales (aunque a este redactor alguna se le escape) combinan muy bien con lo que se quiere contar. No es un producto frívolo ni tontorrón, pero el problema es que se toma demasiado en serio a sí mismo. No tiene ni un chiste, y los que se les escapan son involuntarios, dándole un peso excesivo a los dramas de estos cuatro modernos (ex) juerguistas y drogadictos.

Y es que a veces los límites del humor son su ausencia. En Esmorza amb mi, que quiere ser tan naturalista, hay un par de situaciones poco verosímiles o directamente descabelladas que pasan porque el guión considera que lo que va a hacer el personaje será muy intenso e impactante, pero luego se quedan en nada. Aunque el final tenga un mensaje que habría que estar muerto por dentro para no considerar positivo —vamos a ser amables y tratar de conectar unos con otros, que si no, no hay manera—, las formas de llegar son abracadabrantes, y cuanto más se empeñan en que son realistas, más chocan.

Resumiendo: Esmorza amb mi está muy bien pensada para lo que quiere contar, pero lo que quiere contar está demasiado visto como para no resultar una colección de tópicos con patas sobre la soledad en la gran ciudad y la incomunicación en los tiempos modernos. Solo una reflexión que pasa por debajo de todo eso, sobre la imposibilidad precisamente de representar ese tipo de experiencia de forma veraz, la salva de ser en sí misma el ejercicio vital vacío en el que se sientan atrapados sus protagonistas.

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.