Críticas
Entrevías 3×01: Te falta calle, hermano

En la temporada 3 de Entrevías el barrio se enfrenta a nuevos desafíos ante la llegada de un nuevo comisario de la Policía Nacional con objetivos poco claros y la aparición de una fundación que quiere sacar a los pandilleros de calle. Todo se complica aún más cuando nuevos elementos amenazan el control de Nata de su territorio y Ezequiel regresa del coma. Claro que la familia Abantos no puede estar pendiente de todo esto, es más importante el inminente nacimiento del hijo de Irene y Nelson, el cual además recibe una oferta de trabajo del peor enemigo de Tirso: su exmujer.
La gracia de estos nuevos episodios de Entrevías es que son los primeros que se producen tras convertirse en un éxito tanto en abierto, siendo la serie española más vista el año pasado, como en Netflix, probable motivación última de su renovación por esta y una cuarta temporada. Vía la plataforma, de hecho, se ha consolidado como un pequeño fenómeno en América Latina, donde incluso algún medio hace clickbait sobre cómo se vive «de verdad» en el barrio que le da título… mientras los vecinos de la zona se ponen de los nervios, primero porque ni siquiera se graba allí y segundo porque el sentido del realismo de la serie a veces resulta, siendo generosos, pintoresco.
Además parece que Mediaset ya produce y estrena toda las series para que se la peguen en abierto y luego ya que las explote quien sea en streaming, en este caso de forma muy descarada. La primera temporada hizo un estreno de 2,1 millones de espectadores, 2,6 con el diferido, y unas medias del 16% de cuota y la segunda se quedó en 1,6 y 2 millones en el diferido y el 15%. Esta tercera, sin promoción apenas, estrenada casi de tapadillo y contra un éxito de la competencia (la turca Hermanos en Antena 3), ha arrancado con un 11,2% y un millón pelado, lastrada también por la crisis de audiencias de Telecinco, que no levanta cabeza.
Gran Seiscientos

Lo cierto es que la continuación no se siente forzada. Es posible que la actual deriva de la serie estuviese en la cabeza de los guionistas previa a la renovación, y mantiene el tono general y el par de elementos que diferenciaban a Entrevías de otras series españolas. En primer lugar, la aspiración «social», aunque casi siempre les salga de aquella manera, y en segundo un tipo de narrativa y estética que, sin reinventar la rueda, al menos no caen en el thriller oscurito e intenso que se ha convertido en el género de las series españolas por defecto. Es más, aquí hay sentido del humor, aunque solo sea por aprovechar a Luis Zahera y José Coronado en todos sus registros.
En parte es que ya no les da vergüenza ir a tumba abierta y que sepamos que están inspirándose en The Wire o Gran Torino, por ejemplo, y su realismo sucio… es realismo y es sucio de verdad, no consiste en iluminar mal o subir el contraste de color todo el tiempo, sino todo lo contrario. La naturalidad sin caer en el costumbrismo —aunque algún diálogo siga chirriando y muchos chistes se pasen de flojos— ayudan a una credibilidad que se basa, sobre todo, en el reparto (no solo los dos mihuras, también María de Nati, Laura Ramos, el papel tan tonto que levanta Manolo Caro, María Molins o los pocos minutos que tiene aquí Itziar Miranda).
De últimas, aunque la cosa se vista de thriller, ya llevamos 17 capítulos y sabemos Entrevías es sobre todo un culebrón, solo que uno que tiene la decencia de no tomarse muy en serio a sí mismo. El regreso del personaje de Luis Zahera es hilarante porque, aunque no lo ruedan como cómico, todos sabemos lo que está pasando desde que abre la boca, y una escena posterior nos deja claro que es un cabrón con el que más vale no meterse. Quizás se pasan con lo que han endulzado a los dos bastardos protagonistas, que parece que no pillaron de Gran Torino que la gracia es que no se note que son cachos de pan. Pero eso está lejos de ser lo peor.
La ley de Coronado

El problema, como ya pasaba en las dos primeras entregas, y eso pese a que el malo final fuese un empresario corrupto y especulador, Entrevías sigue siendo propaganda conservadora un poco rancia (como el 90% de las series españolas). Los nuevos episodios incluyen hasta una parodia de los pijoprogres buenistas en la persona de la ex de Tirso (Natalia Dicenta). En la Entrevías de ficción el Estado o el Ayuntamiento solo existen a través de la Policía, bien porque sacar mediadores o trabajadores sociales de verdad y no de una fundación ficticia es atarse las manos en el guión, bien por desconocimiento o miedo a mostrar, no sé, un centro de salud.
El mensaje de este 3×01, aunque haya que ver como sigue, es que los políticos son todos corruptos, los progres no saben cómo funciona el mundo, la policía solo soluciona cosas cuando se salta las reglas y la solución a todo es la mano dura de un ex militar retirado que sabe lo que es la vida como Tirso. Es verdad que hay una subtrama sobre la representación de los gitanos que se presenta con un giro chulísimo muy bien rodado y que encima es un guiño a Brigada Central, pero se pierde al mezclarse con una especie de conspiración política que parece sacada de una serie yanqui malilla y resulta poco creíble porque en España los liderazgos políticos no se construyen así.
Bajando la persiana, la tercera temporada de Entrevías empieza como terminaron las dos anteriores: siendo un culebrón con toques de thriller muy entretenido y bien contado, pero que descarrila completamente en la representación de los barrios empobrecidos españoles, la criminalidad en los mismos o sus minorías. Hasta pierde lo mejor que tenía en ese sentido, que el malo fuese un especulador, y te lo acaba convirtiendo en el discurso que supuestamente el protagonista parodia, pero tomado en serio, un ñeñeñe contra la Policía, los políticos y los progres que encima ni siquiera los crítica por las cosas malas que tienen de verdad, sino por inventos raros.
La puedes ver online en



Jose A. Cano