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Películas españolas

El fred que crema: Shakespeare en la nieve con nazis

Un thriller histórico correcto que supera sus limitaciones materiales para transmitir la opresión de sus personajes, aunque tenga algunos problemas con la credibilidad de sus villanos
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El fred que crema (El frío que quema) se sitúa en Andorra, en el invierno de 1943. Judíos de toda la Europa ocupada por los nazis intentan llegar a la neutral España con ayuda de los «pasadores», lugareños que conocen bien la montaña y sus caminos y pueden guiarlos a la salvación por un precio. Un accidente lleva a una familia a la casa de Sara y Antoni, un joven matrimonio que espera su primera hijo, que los ocultan como buenamente pueden. El problema es que no tienen solo que temer del joven oficial alemán destacado en la zona de ocupación francesa, también de Joan, el hermano mayor de Sara, que desaprueba su matrimonio y no se habla con Antoni.

Santi Trullenque debuta en el largometraje de ficción con un thriller histórico más que correcto, que exprime tanto el particular escenario que ha elegido como sus limitaciones materiales y, aunque resulta un poco obvio en algunas las conclusiones temáticas o metáforas que plantea así, por las bravas, en general funciona bastante bien a todos los niveles.

El fred que crema adapta al audiovisual la obra de teatro Fred (o Frío) de Agustí Franch, que también colabora en el guión, aprovechando las posibilidades de salir de las tablas que ofrece el cambio de formato. El texto fue premiado en Andorra, de donde es originario el autor, y su salto al cine mantiene el reflejo de las costumbres y modos de vida del país en los años 40, determinados por un aislamiento y una sociedad cerrada en sí misma por necesidad que lo es tanto en lo material como en lo psicológico.

Shakespeare y la nieve

El fred que crema: Shakespeare en la nieve con nazis 2

El fred que crema no quiere ser tanto una película sobre la Segunda Guerra Mundial como una que la utiliza para hablar del drama, casi shakespeariano, entre los personajes principales. El espejo entre la familia judía refugiada y la protagonista sirve para que el personaje de Sara encare su futuro papel de madre, y la función del oficial nazi, además de ejercer como antagonista que precipita el drama, es la de encarnar ese exterior a la comunidad monstruoso y esa idea de pureza insostenible incluso en ambientes tan cerrados.

Aunque la excusa para que el destino de la familia judía sea interesante, más allá de que se empatice con ellos o no, está un poco manida, el encierro de los refugiados y la familia andorrana en crisis permanente funciona bastante bien, no solo especialmente, también a la hora de transmitir el dilema material de cómo alimentar a tres personas más. Es posible que la caza por parte de los alemanes sea menos verosímil de lo que le conviene a la credibilidad de la película —encontrado el primer judío o el primer pasador se los tortura y todo viene detrás, no tiene sentido tanta ejecución sumaria—, pero al menos el miedo de las presas y sus dificultades está muy bien representado.

Al mismo tiempo El fred que crema cumple bien en reflejar la cultura y modos de vida de la comunidad sin paternalismos ni juicios, integrándolos en la narración y en el espacio y las decisiones de quiénes forman parte de ella. Eso, que rara vez es compatible con reflejar los callejones sin salidas de las relaciones personales en un entorno tan cerrado, se logra con facilidad. La claustrofobia ambiental o argumental no está reñida con respetar la manera en que pueden o deben expresarse los personajes según su idiosincrasia.

Los nazis en El fred que crema

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En el debe de El fred que crema, que el villano, interpretado por Daniel Horvath, parece ser a veces el único alemán en las cercanías, aunque sea un oficial al que vemos alguna vez al mando de hombres… nunca demasiados. Sea por limitaciones presupuestarias o de verosimilitud para que los protagonistas escapen de él en determinadas situaciones, el psicótico Lars actúa a veces demasiado como un demente, un villano carcajeante de tebeo que solo comete maldades tremendas por capricho. Igualmente la «moraleja» respecto a cómo Sara se eleva frente a la enemistad entre los hombres, que ya estaba bastante claro, tiene un par de momentos finales en los que directamente se nos restriega por las narices arriesgando la credibilidad del conjunto.

Por ir terminando. El fred que crema es una buena película de guerra, aunque no lo quiera ser, y un drama familiar correcto, que aprovecha al máximo los elementos de los que dispone y las capacidades interpretativas de su pequeño elenco. Una historia «con mensaje» a la que a veces le pierde la necesidad de recordárnoslo. Pese a ello, funciona muy bien en las partes de suspense y está adornada con poderosos momentos visuales para su entorno natural.

Imágenes: El fred que crema – Filmax

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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