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Cómo mandarlo todo a la mierda: Vivir sin expectativas

Jaime Olías dirige una propuesta un poco previsible en lo que cuenta pero interesante y estética en cómo lo cuenta

Cómo mandarlo todo a la mierda

Cómo mandarlo todo a la mierda cuenta la historia de Alba, una adolescente que quiere escapar de un entorno familiar, digamos, complicado. Su plan era aprovechar el viaje de curso a Italia, pero cuando se cancela deberá buscar otras opciones. La más a mano es unirse a un grupo de sus compañeros de clase que ha mentido a sus padres y finge marcharse con el instituto para emprender un viaje por carretera sin destino previsto y con final poco claro. De hecho, si es posible, para Alba sin vuelta atrás.

La serie de HBO Max, como ya se comentaba estos días en redes, podría ser un típico producto de PlayZ con la diferencia de que se toma un poco más en serio a sí mismo. Eso último no siempre es bueno, pero quizás exigirle más sentido del humor y menos intensidad emocional sean prejuicios de adulto que no es el público objetivo de lo que está viendo.

Jaime Olías debuta en la dirección con una propuesta seria, quizás algo vista en lo que plantea pero muy sólida en cuanto a cómo quiere hacerlo y en su adaptación a los lenguajes del público al que quiere llegar. La historia no es nada especialmente original y tiene cierta tendencia a idealizar la épica impostada adolescente, pero al menos se ocupa de darle a la protagonista buenas razones desde el guión para tomar las decisiones que toma y que encajen en una lógica del mundo real aceptable.

Cómo mandarlo todo a la mierda y buscar a la generación Z

Cómo mandarlo todo a la mierda: Vivir sin expectativas 1

La mezcla de nihilismo y ganas de despiporre -iba a poner «hedonismo», pero era pasarse de intensidad ya y yo tengo 15 años cotizados de autónomo, mi adultez no necesita performance– propia de la adolescencia son la base de Cómo mandarlo todo a la mierda. La serie gasta todo su primer episodio en establecer la base dramática de la huida antes de lanzarse al tomate, es decir, las aventuras y desventuras propias de un viaje sin supervisión paterna, con cuatro duros y el noble propósito de saturarse a estupefacientes y ligar.

Lo bueno es que la serie no trata a sus personajes ni a los espectadores como si fuesen idiotas y no necesita mascarle la evolución en sus relaciones entre sí, así como tampoco subrayar los giros que irán teniendo. Perdónenme de nuevo el giro coloquial, pero las partes que se ven venir desde lejos al menos están contadas de forma «bonita», y eso salva a Cómo mandarlo todo a la mierda. Las mismas situaciones con una cámara menos sensible que la de Olías la habrían convertido en una serie de las que se puede seguir de fondo sin mirar la pantalla. En este caso no es así, es interesante de por sí saber cómo va a resolver cada momento.

Quizás una pega es que el único personaje «de verdad», al que se le regala un desarrollo y una personalidad bien definidos, es Alba. El resto están un poco para rellenar, repartidos por tópicos -el simpático, el que desconfía, la parejita-. Ni siquiera se salva la presunta coprotagonista, Irene, interpretada por cantante Malva Vela como gancho para sus fans, y que al final acaba siendo otra excusa argumental para que el personaje de Naira Lleó evolucione o sus decisión final sea más dramática.

Cómo mandarlo todo a la mierda y criarse en crisis permanente

Cómo mandarlo todo a la mierda: Vivir sin expectativas 2

El aspecto de Cómo mandarlo todo a la mierda, a pesar de los móviles, el trap y que se diga EVAU y no selectividad -qué vida esta, ¿verdad?- es voluntariamente retro. En parte ayuda que la moda de los jóvenes actuales imita a la de los primeros 2000 o los 80 y el chándal plastiquero de los yonquis de cine quinqui y las series de la primera Antena 3 sigue vigente como uniforme de barrio. Justo es reconocer, por otro lado, que se mantienen muchas decisiones estéticas de los cortometrajes de Olías.

Con estos comparte también la serie su temática sobre la emancipación juvenil y un juego sutil en el que mantener la narración a medio camino entre el naturalismo introspectivo y cómo se reflejaría el mismo a través de una red social. Es una poética de una adolescencia vivida en crisis permanente, la de los nativos puros del siglo XXI, para los que el ‘no hay futuro’ no es un eslogan tan retro como sonaría a otras generaciones, sino una realidad palpable. En este caso se filtra a través de un problema social más habitual y menos tratado de lo que parece.

Cómo mandarlo todo a la mierda, en fin, es, por muchos motivos, una serie centrada en la adolescencia diferente a las recientes estrenadas en España. Una versión con aspiraciones más trascendentes que las propuestas juguetonas de PlayZ, si se quiere, en un esquema de relativamente previsible de viaje iniciático en la frontera con la edad adulta que sirve para que una hornada de jóvenes actores tenga su carta de presentación en formato dramático. Podríamos decir que es un buen principio para ir probando sin expectativas.

Imágenes: Fotos promocionales de Cómo mandarlo todo a la mierda – HBO Max

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