Críticas
Amor en toda la cara: Lo importante no es la pantalla, es la conexión

@Cine con Ñ
Amor en toda la cara comienza en marzo de 2020, cuando Dani, un chico español, y Ana, una chica mexicana, ambos residentes en Los Ángeles, se separan se supone que por pocas semanas para que él vuelva a España y renueve su visado. Solo que comienza la pandemia, se cierran las fronteras y Dani tiene que convivir con su padre jubilado y Ana ve como sus proyectos profesionales como actriz se vienen abajo. Ahí empieza una relación a distancia, vía videollamada, a través de cuatro países… en la que todo lo que pueda salir mal saldrá mal.
Gerald B. Filmore (Muertos S.L.) debuta en el largometraje como director con esta «expansión» de un corto en el que ha reflejado su experiencia como migrante y medio inglés, medio español. Un estreno extraño, ya que sobre el papel es una comedia romántica que podría tener su recorrido comercial, pero que va a pasar casi de puntillas por salas antes de saltar directamente a SkyShowtime, que no es precisamente la plataforma más popular en nuestro país y necesita banderines de enganche que no sean franquicias de Paramount. Un poco parece un «estreno técnico» para ser nominable a cosas. Cosa que, si la ve gente suficiente y habla de ella, no descarten.
Pero bueno, una vez más, de eso la película no tiene la culpa. Amor en toda la cara, como comedia, lo que es funcionar, funciona. Y muy bien.


Jose A. Cano