Críticas
¿A qué estás esperando?: Cenicienta swinger

Stills de '¿A qué estás esperando'. ©DeAPlaneta. Montaje: ©Cine con Ñ
En ¿A qué estás esperando? Can es un atractivo, dinámico, paradigmático y solterísimo piloto de origen turco al que sus padres, bastante tradicionales, están intentando casar organizando cenas para presentarle a jóvenes de la alta sociedad. Sonia es una de esas, más o menos, organizadora de eventos y más picaflor y solterísima que Can, solo que, aparte, madre. Se conocen en una de las susodichas cenas y aunque ninguno busca nada, no pueden dejar de pensar el uno en el otro. Mientras tanto Daryl, el mejor amigo y compañero de trabajo de Can, se dispone a cortarse la coleta casándose con Carol, una azafata de su aerolínea.
Primera adaptación al audiovisual de las novelas de Megan Maxwell, que en realidad se llama María del Carmen Rodríguez. Es la gran best-seller española, en plan ríete tú de Arturo Pérez-Reverte o Juan Gómez-Jurado, y lleva más o menos desde 2009 triunfándolo como Los Chichos —50 sombras de Grey, de E.L. James, es de 2011, por si os los estáis preguntando—. Después llegó al cine otra adaptación de uno de sus libros, la película Pídeme lo que quieras, dirigida por Lucía Alemany. La diferencia entre ambas es esta es una comedia. De hecho, una comedia muy consciente de sí misma. Eso es buenísimo. O por lo menos, diferente. Así que p’alante.
Hay que aclarar que en la serie no se ve nada que no se vea en ninguna otra, al menos en su primer episodio. Si acaso algún culo masculino más de lo habitual, pero sin pasarse. Es hasta recatada en algún momento, aunque vayan a clubs swingers, si uno la compara con muchas series recientes que se supone que no van de lo que va esta. En general ¿A qué estás esperando? no puede librarse de su condición de fantasía aspiracional hipernormativa y un poco clasista, como suelen serlo casi todas las novelas del estilo como la que le sirve de base. Se salva por la guasa que le echa, que viene a decir algo así como ‘mira, pásatelo bien y no te tomes esto demasiado en serio, figura’.
¿A qué estás esperando? Al descanso

La coña de esto es que en el primer episodio Sonia (Adriana Torrebejarano) acude a una cena a la que no estaba invitada, pensada para colarle a una de sus hermanastras al príncipe azul —que el príncipe azul en la década de 2020 sea un piloto turco empotrador, Rubén Cortada, pues mira, al menos es como un detalle así republicano, tampoco nos vamos a quejar—. No es que pierda exactamente un zapato, pero bueno, la cosa es que el interfecto queda fascinado por su arrolladora personalidad y savoir faire, y además sabe comunicarse con su hija y es comprensivo con que no soporte a su madre.
Claro que lo de la madre tiene truco. Se supone que la familia de Can es muy tradicional, por lo de ser turca —toda interpretada por actores españoles, los padres son Ramón Langa y Pastora Vega, la hermana María de Nati—, y que la de Sonia aspira a desclasarse. Sin embargo, ella y sus hermanastras lo son de madre, interpretada por Llum Barrera y que de supervillana Disney, se supone, tiene poco, e incluso lo lógico es que su subtrama consista en volver a conectar con su hija y dejarse de inventos de concertar matrimonios como si esto fuese la corte de Felipe II.
Por ahí ya se insinúa una comedia romántica un poco más moderna. ¿A qué estás esperando? se protege de sonar más carca que Elena Francis colocándole a su Cenicienta swinger alrededor una subtrama lésbica —el «no me juzgues, que soy progre» de las series españolas—, a la otra pareja de hiperguapos normativos que en realidad tiene el dilema opuesto (Francisco Ortiz y Eva Ugarte, supuestamente igual de protagonistas pero en el primer episodio no lo parecen) y a la madre que intenta borrar, y sabemos que se arrepentirá, su pasado no tradicional. No están mal, pero suenan a lo que son: un salvoconducto. Y además la serie la lía más por lo que calla que por lo que dice.
Esperando a la familia perfecta

En este caso el juzgado de guardia, repito que visto solo el episodio de prensa, no estaría tanto en la trama en sí como en el contexto. ¿A qué estás esperando? es otra fantasía aspiracional clasista. Porque si los critiquillos resabiados como el que suscribe nos hemos quejado de que Valeria (2020- ) o similares vivan en el Madrid mágico de los pisos chupis y los trabajos guachis, aquí eso ya es espectacular. De nuevo, se salva por la enorme guasa que usa para poner distancia con todo, que son ruedas de molino muy tochas como las de las cenas de apareamiento, pero es que la madre soltera emprendedora paradigmática con tiempo para el swingerismo es una cosa surrealista.
Que a ver, que servidor ha defendido Los Bridgerton (2020- ) porque son al drama histórico de la Regencia lo que la obra de J.R.R. Tolkien a la Edad Media o Star Trek al ecologismo. Y ¿A qué estás esperando? no es ridícula, como, por ejemplo, Sexo/Vida (2021-2023), no le vende intensidades ni profundidades psicosociales a nadie. Pero tampoco es Mrs. Fletcher (2019). No es ya que al final el modelo de pareja resulte tradicional y las relaciones sexuales y su concepto de belleza o deseabilidad vengan en el programa por defecto, es que es una fantasía sobre ser rico y vivir la vida chipén. Es que estas cosas convierten el folleteo recreativo en privilegio de clase.
Vamos acabando, que habrá que pasarle el desinfectante a los muebles de escay: ¿A qué estás esperando? se salva con sentido del humor y abrazando su ridiculez de ser la enésima serie que va de provocadora y sexy cuando solo es tontorrona e intensa. Pero de lo que no puede librarse en ningún momento es del lastre de base de ser una fantasía normativa con un concepto muy restringido y clasista de lo que es una vida aspiracional, la belleza, el amor o el deseo. Eso sí, se lo reprocho con la boca pequeña, porque ya que la serie no ha intentando darme la chapa a mi, no se la voy a dar yo a ella.


Jose A. Cano