Críticas
Con la tierra en los pies: Antropología vaciada

Stills de 'Con la tierra en los pies'. ©Rafael Latre PC. Montaje: ©Cine con Ñ
Con la tierra en los pies cuenta la visita del filólogo alemán Rudolf Wilmes al valle de Vió, en el Pirineo aragonés, en el año 1930, y cómo documentó las hablas y costumbres del lugar. Al mismo tiempo, y a partir de esa anécdota, se hace un repaso de la historia de la zona en el último siglo, marcado sobre todo por la despoblación, y de la lucha por mantener tanto su patrimonio material como su cultura y costumbres locales.
Dirigido por Fernando Vera (Behind India), el documental intenta hacer algo más difícil de lo que parece pero ocurrente: comparar la visita, cual marciano, del típico intelectual europeo que bajaba a España como si fuese el Amazonas inexplorado, con el actual estado de abandono de ciertas zonas del país, peor incluso que en aquel entonces. Y recordar que al menos el guiri trató la idiosincrasia local con respeto y como algo digno de conservarse. No como otros, ejem.
¿Le sale bien a Con la tierra en los pies? Pues depende. Si uno conecta con el tema, es probable que le funcione, pero el documental se alarga de más y resulta deslavazada y episódica en algunos momentos. Tiene una parte ficcionada sobre la relación que estableció Wilmes con la familia del pueblo de Nerín que lo acogió y el reencuentro décadas después de una descendiente del investigador con la niña, ya anciana, que fue su amiga entonces. Eso lo intercala con la parte documental en sí, que va avanzando desde la Huesca de los años 30 hasta la actualidad. Y a veces, se entorpecen.
Con la tierra en los pies y el ritmo

Con la tierra en los pies juega con tantos elementos que se corta el ritmo a sí misma todo el tiempo. Corta la visita de Wilmes, supuesto pivote de todo el discurso, a los 30 y pico minutos de metraje —de más de 100—, y diluye la trama de la protagonista ya anciana cuando decide meterse a saco en el documental en sí. Aparecen oscenses ilustres, como el periodista Manuel Campo Vidal, y se deriva hacia un documental más convencional en el que se retrata la actualidad de la provincia y su futuro, de manera que se pierde todo lo anterior, o se olvida.
Partimos de la base de que un documental de este tipo no necesita ser trepidante, todo lo contrario. Las partes ficcionadas intentan hacer lo mismo que el propio personaje del alemán: capturar el aire, reproducir como se vivía y cómo se sentía en un momento concreto del tiempo. Lamentablemente, aunque se entiende lo que buscan, acaban siendo las que quedan como más de cartón piedra, frente a la historia paradójicamente mucho más vista y previsible del encuentro entre la joven alemana y la anciana española.
Fallar en los últimos metros

Pero se supone que lo que hace distintiva a Con la tierra en los pies es precisamente haber puesto juntas las dos cuestiones. Tanto la visita del filólogo como el abandono de la España vacía contemporáneo. De ese contraste surge su personalidad y la potencia de su discurso: nos quejamos de hispanistas y otras especies, pero trataron mejor al territorio y las personas que las autoridades actuales. Fallar precisamente en enganchar sus dos caras es una cojera tremenda.
Así que Con la tierra en los pies es un documental muy interesante y con un mensaje a analizar y debatir, pero que cinematográficamente descarrila por no saber pivotar entre las dos almas de su idea central. Una pena, porque tanto Wilmes como Nerín, el Pirineo de Huesca y sus habitantes merecen visitas como esta, o incluso más ambiciosas.


Jose A. Cano