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Reportajes

‘Bull Run’ el polémico y divertido documental sobre la «obsesión» con las criptomonedas

Ana Ramón Rubio dirige la primera película "tokenizada en bitcoins", una defensa de la tecnología blockchain en tono cómico y tirando de la cultura del meme
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«Me gusta ver Bull Run como una película sobre las obsesiones. En este caso es las criptomonedas, pero podría ser cualquier otra cosa, porque la dinámica es la misma», explica Ana Ramón Rubio al teléfono. Es la directora de la primera película íntegramente tokenizada de la historia de España, ganadora reciente de dos premios Berlanga del cine valenciano —Mejor Documental y Mejor Canción Original— y aspirante a recoger al menos más nominaciones. Un documental cómico que en realidad narra la experiencia de la propia directora como trader y que ha llegado a cines esta semana no sin cierta polémica por su defensa del mundo Bitcoin y aledaños.

«Más que adicción, en mi caso yo lo llamaría obsesión, aunque la línea es difusa», admite la cineasta. «Ahora ya no tengo la misma fijación por el corto plazo, la inmediatez. Le pasa a mucha gente, entran por el dinero y acaban quedándose por la tecnología». Bull Run hace una defensa consciente del blockchain, lo que le ha valido sus primeras críticas por ser, si no un documental apologético, solo centrado en sus aspectos positivos. Se muestran los peligros del enganche al trading —compraventa de criptomonedas para buscar ganancias inmediatas— de la directora, pero se llega a defender la adopción de Bitcoin como moneda de curso legal en El Salvador de Nayib Bukele.

Claro que, ¿quién le pide a una película que tenga moraleja? La cineasta considera que «la tecnología blockchain para mí es una herramienta positiva, pero Bitcoin no es algo bueno o malo, depende del uso que le dé cada uno, y algunos de los perjudiciales se ven en Bull Run. Queríamos explicar que es algo más que una moneda, es una propuesta de sistema monetario que puede solucionar muchos problemas del actual, como el de la inflación». La propia película explica cómo: puesto que hay un número limitado de Bitcoins, sería imposible que un Banco Central emitiese más, devaluándolo de facto. En Bull Run no aparece ningún economista que desmienta esta afirmación.

La película es una mezcla de entrevistas —expertos defensores de Bitcoin, activistas, traders y familiares— con grabaciones de la propia Ana Ramón Rubio tradeando, metáforas visuales y memes con mucha retranca, imágenes de archivo —como el célebre discurso del influencer Wall Street Wolverine (sic) perdiendo los papeles mientras pide «holdear con cojones«— o vídeos de redes grabados por una amiga de la directora bastante escéptica y con habilidad para la pulla hiriente. También mensajes del marido y el padre de la cineasta preocupados por ella y su «obsesión», y hasta cameos de su terapeuta. Todo a un ritmo desaforado.

'Bull Run' el polémico y divertido documental sobre la "obsesión" con las criptomonedas 1

«Hay muchos documentales sobre bitcoin o blockchain desde un punto de vista tecnológico muy densos, porque es un tema muy complejo», explica Ramón. «El tono cómico fue por diferenciarnos… y porque todo lo que rodea al mundo cripto es muy cómico. Es lo que contamos de esta gente que pierde mucho dinero y lo primero que hace es publicar un meme en Twitter. Tratarlo de forma humorística refleja cómo es realmente ese ecosistema. Y hacerlo desde la perspectiva personal estaba dentro del proyecto desde su génesis. Siempre fue un documental no sobre criptomonedas, sino sobre una directora que se engancha al trading de criptomonedas».

La obsesión por el meme tiene su cenit en el cameo del famoso cantante e influencer Lorey Money, rapero hispanosenegalés viral por el Ola k ase, que para Bull Run compone e interpreta Rich en crypto junto al Sr. Flipante. Mientras tanto vemos a Ana Ramón Rubio y algún miembro del equipo perder grandes sumas, al menos aparentemente, a cuenta de los barruntos de Elon Musk —y también, por las fechas en que se rodó, por el desplome del mercado afectado igualmente por la crisis energética y la Guerra de Ucrania, pero esto no se menciona—. Lo toman con deportividad y, sobre todo, con mucha guasa, cosa que en cualquier película, vaya de lo que vaya, siempre se agradece.

La directora insiste en que no quería hacer «la típica película que solo habla de lo negativo, que son las estafas o los precios. Siempre se habla de cuánto vale, cuánto ha subido, cuánto ha bajado, pero nunca de todo este sistema que propone». La famosa ‘tokenización’ sería un ejemplo de lo mismo: el ‘contrato inteligente’ que con tecnología blockchain vincula a cada pequeño inversor a las ganancias de la película automatiza sus ganancias. Los ‘tokens’, a un precio mínimo de 500 euros, están enlazados directamente a lo que genere Bull Run, «y no dependen de que de repente el productor no quiera cumplirlos o de un error de interpretación». La película los defiende como contratos que no están ligados a la validación de un tercero. Se deduce que ese es el Estado, claro, aunque no se dice.

Cuando le preguntamos por la ausencia absoluta de críticas fundadas a Bitcoin en la película —más allá del nivel cuñado, como el que podamos alcanzar usted o yo, en plan, «aquí huele a cuerno quemao«, que practican la amiga escéptica o el padre—, la directora se justifica en que «a los críticos de las criptomonedas se les está dando voz constantemente, esto era otro tipo de proyecto. Sí que se muestran algunos aspectos adversos a través de las noticias, pero es que la narrativa que hay en torno a este mundo suele ser muy negativa y esa gente ya tiene mucha voz».

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Entre medias, se presentan las supuestas aplicaciones no especulativas de Bitcoin, como las activistas nigerianas que usaron la criptomoneda como forma de evitar el embargo bancario provocado por sus protestas contra el Gobierno o su utilización en El Salvador de Bukele como presunta arma contra la exclusión financiera. Las explicaciones al respecto quedan fuera, y la propia directora admite que se presentan de forma superficial, ya que «queríamos que fuese un viaje iniciático para entender este universo tan complejo. Nos hemos quedado en una capa, si nos metemos en todo eso, Bull Run podía haber durado 20 horas».

El último tercio del documental gira de nuevo hacia el mundo de la propia directora y cómo su vida personal se vio sacudida por su obsesión con el trading, además de, sin muchos spoilers, por qué decidió abandonarlo. Sigue teniendo sus Bitcoin, pero ya no especula con ellos a corto plazo, digamos, y gracias a Bull Run ha recuperado el amor… por contar historias. Como reza una frase del tráiler extraída directamente del metraje: «El cine te permite convertir cualquier catástrofe de tu vida en una película».

Imágenes: Bull Run – Cosabona Films

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).