Películas españolas
Bird Box Barcelona: Ver por ver

Bird Box Barcelona es una expansión de lo visto en A ciegas (2018), pero esta vez viendo cómo ocurre el apocalipsis desde la ciudad española. Todo aquel que mira se suicida mientras vagan las extrañas criaturas. Un hombre (Mario Casas) viaja con su hija por las calles semidesiertas de Barcelona, buscando formas de seguir sobreviviendo en un escenario cada vez más complicado donde las fuerzas sobrenaturales no serán lo único de lo que tendrán que preocuparse.
Con esta película el cine español llega a la forma más desarrollada de asimilación y sinergia con las formas de producción del streaming global. Tenía que ser, claro, de la mano de Netflix, que vuelve a usar el valor estratégico de nuestra industria audiovisual (habla hispana, buen nivel de profesionalización técnica) para proponer una Propiedad Intelectual (IP) de uno de sus grandes hits. La española Nostromo Pictures (saga A través de…) es una de las productoras que ha demostrado que puede traer ese concepto aquí y sacarlo adelante sin que se note la diferencia.
Y así lo han hecho los hermanos Alex y David Pastor, algo así como los Russo españoles, que han ideado y ejecutado una continuación que no existe en las novelas originales de Josh Malerman. Aunque a nivel de producción los directores de Hogar (2020) han cumplido con la tarea, incluso permitiéndose alguna virguería bien rodada, el resultado final no sorprende ni añade nada que no se haya visto anteriormente en la película original, que ya era en sí misma un refrito del estilo de El incidente (M. Night Shyamalan, 2008) actualizado para nuestros tiempos.
Sueños de catálogo

Hay que insistir en esto para entender cómo y por qué: Bird Box Barcelona es el sueño húmedo de Netflix hecho película. Es la forma más desarrollada de un modelo de entender el mercado de «los contenidos» que ha ido desarrollando y moldeando la plataforma a medida que se acerca a la década de su primera expansión mundial. Es un producto que exporta un mundo con una idea clara a seguir explotando como una serie más (el universo A ciegas), una estrella para el mundo hispano reconocible (Mario Casas), un reparto multilingue, una ciudad visitable/reconocible y unas formas de thriller apocalíptico/de ciencia-ficción/terror con un concepto sencillo. Para petarlo desde Europa hasta Australia.
Y aquí está todo. Los Pastor han creado un marco para que Netflix lo llene con su diseño para el algoritmo y lo han ejecutado más que bien a nivel de espectáculo del fin del mundo. Pese a que a su Barcelona turística se mueve en la planísisma paleta de colores y texturas que impone la plataforma, los directores españoles mejoran aquello que ya habían probado en Los últimos días (2013) y se permiten distintas secuencias de pánico colectivo, suicidos bien variaditos y acción que funcionan como tienen que funcionar en este relato de un padre que busca lo mejor para su hija.
Sobrevive como puedas

Es decir, Bird Box Barcelona es como una película de generoso presupuesto de Estados Unidos, pero hecha aquí. El problema es creernos que hacer lo mismo que ellos y como ellos es el fin y no uno de los medios posibles. El principal vacío de la película acaba siendo el guión por el que han optado los Pastor, que opta tanto por una estructura de flashbacks que a 1/3 de película ya no desvela sino que cuenta lo que ya sabe el espectador. El resto es un prestado más bien génerico de otras cosas que ya se han usado en el subgénero apocalíptico que aquí son más bien de usar y tirar porque no da tiempo a nada más.
Otra de las claves en las que Bird Box Barcelona no da la talla que su original, sin ser nada del otro mundo, sí que hacía bien: la dinámica de supervivencia. Para que nos creamos las cosas nos tenemos que ver en la situación de cómo pasaríamos nosotros aquello. Es una de las bases para que el apocalipsis resulte realmente apocalíptico y generar tensión. Aquí lo de apañárselas va en el pack, sustituyéndolo por una misión más que incierta que no involucra bien al coro de personajes mientras las «reglas del juego» se desdibujan porque se da por hecho que ya nos las sabemos.
Por ir quitándose la venda: la película es una propuesta de ciencia-ficción para el fin de la humanidad que se ve fácil, pero que no es capaz de generar la tensión que necesita su dinámica ni un suficiente grado de interés para el que las novedades del argumento suenen lo suficientemente frescas. Sobre todo porque esto mismo se ha hecho mucho antes (The Road, 28 semanas después, Un lugar tranquilo… o ahora The Last Of Us), así que había que subir el nivel para quedarse satisfechos. Los Pastor creen que parte del trabajo ya estaba hecho por la primera parte, olvidándose precisamente de lo que hizo que aquella funcionara: involucrar al espectador en el reto de sobrevivir sin ver nada. Pero aquí se estaba mirando a otro lado.
La puedes ver online en

Arturo Tena