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‘Armugán. El último acabador’, el existencial viaje hacia la muerte de Jo Sol

Llega a los cines una película aragonesa centrada en mirar de frente a la muerte como parte de la vida

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Ha tenido distintas formas y funciones a lo largo de la historia. Es aquel o aquella que facilita el paso entre la vida y la muerte. Un acompañante, un acabador. Ahora el guionista y director Jo Sol (El taxista ful, Vivir y otras ficciones) recupera esta figura como leyenda en Armugán. El último acabador, una existencialista película que cuenta la historia del aragonés Armugán (Iñaki Martínez) y su ayudante Anchel (Gonzalo Cunill), dos personas que ayudan a morir a aquellos que requieran de sus servicios.

La muerte como parte del ciclo natural

Con el germen de haber acompañado a su padre, Sol se lanza a hablar sobre la muerte como parte de la vida a través de estos dos personajes que habitan los Pirineos. Uno en lengua aragonesa y otro en castellano, Armugán y Anchel encarnan dos visiones diferentes: «Uno que entiende la muerte como una cura para la vida (Anchel) y el otro (Armugán) que percibe que sería un alivio pero que no lo es, porque más allá de ese corazón que palpita, de ese cuerpo que crece y decae, hay una continuidad sobre lo que es lo vivo, que se va transformando en la naturaleza», explica el director a Cine con Ñ.

'Armugán. El último acabador', el existencial viaje hacia la muerte de Jo Sol 1

Aunque la cuestión de la asistencia en la muerte y la eutanasia planean en el argumento de la película, el director catalán busca alejarse del tema de una forma sociológica o materialista: «Existe la muerte, ¿pero no es un hecho ideológico que morirás y todo se terminará? No sabemos si ese hecho forma parte de algo más, si es parte de un ciclo. Y por ahí se abrían preguntas interesantes, que están en ese fluir del cambio que es la naturaleza, que es la realidad al final».

El personaje de Armugán, interpretado por el actor con diversidad funcional Iñaki Mártinez, encarna esa fuerte perspectiva bioética de la película y el debate que plantea. «La identidad y el cuerpo concreto cuentan muy poco dentro de lo absoluto. La vida en sí misma existirá, será parte de un continuum que no por morirte vas a solucionar. Intentar resolver la muerte es ir un poco más allá», asegura Jo Sol, que entiende que llevar la discusión a ese plano «resulta muy incómodo para el pensamiento materialista».

Un trabajo artesanal y espontáneo 

El cineasta catalán, que elabora distintos proyectos audiovisuales desde los 90 entre el ensayo, el documental y la ficción, nunca ha dejado de acercarse a la cuestión vital en su cine. Lo había hecho desde una perspectiva en la que destaca el planteamiento político; ahora en Armugán. El último acabador predomina un acercamiento marcadamente existencialista.

'Armugán. El último acabador', el existencial viaje hacia la muerte de Jo Sol 2

Pero la película ha supuesto un cambio para Jo Sol también en la elaboración de la puesta en escena y un mayor enfásis sobre lo artístico, clave en esta película observacional y de pocas palabras. Rodada en blanco y negro entre las montañas y las ovejas de la comarca del Sobrarbe, el filme tiene “una mayor ambición en cuanto a la producción de imágenes y el control de la técnica cinematográfica” que sus anteriores películas, explica el director.

Estas aspiraciones, con programas y objetivos concretos pero presupuesto limitado, supusieron un desafío para todo el equipo de Armugán. Según Daniel Ramírez, director de fotografía y productor de la película, “fue un reto encajar un tema tan especial dentro de todas las limitaciones que tienes a nivel de producción, presupuesto y tiempo. Gracias a que hicimos una película muy artesanal y nos la atribuimos un poco todos, creo que hicimos algo muy propio».

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El joven equipo del filme buscó acercarse a la manera de trabajar de Sol, que, en su propias palabras, es “casi anterior al cine, de revestirse de la realidad y a partir de ahí filmarla” para encontrar “lo que hay de verdad en la ficción”. “Esto hacía que estuviéramos todos muy abiertos a lo que nos pudieran dar los personajes y el entorno. Hay muchos momentos en la película que son verdad y que no estaban previstos”, comenta Ramírez.

Esta espontaneidad, ese “dejar que ocurra”, es, según el productor, una de las claves de la película: “Había que captar toda esa verdad que está alrededor de los protagonistas y de la naturaleza. Todo es un ciclo armonioso, como es la vida en sí, en el que nos planteamos estas preguntas tan complicadas de entender como sociedad«.

El resultado de esta observación colectiva, de este acercamiento existencial y de estas preguntas, ha conseguido premios en los festivales de Nantes y Tallin, y ahora se puede ver en cines españoles a partir del 28 de mayo.

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