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Anatomía de un dandy: Umbral es uno y trino

Más que analizar la leyenda, la compra y la encumbra.

Anatomía de un dandy: Umbral es uno y trino 1

Anatomía de un dandy, documental sobre la vida y obra de Francisco Umbral, es una película que, atendiendo al propio dibujo de la persona y del personaje que realiza, encantaría al propio Francisco Umbral. El filme de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega no intenta ninguna pirueta con la leyenda del escritor madrileño. Lo que quiere es celebrarla y a ello se dedica durante todo su metraje. No será en esta casa donde eso se les reproche, pero el que espere otra cosa o no sea rendido admirador del estilo y la elegante cara dura del padre todos los columnistas no lo disfrutará.

Estrenado en la Seminci y recibido por la prensa patria con alegría, Anatomía de un dandy lo narra la mismísima Aitana Sánchez-Gijón y se nutre por una parte de los testimonios de los numerosos colegas del homenajeado y por otro del archivo fotográfico y televisivo del mismo, tanto como omnipresente llegó a ser su figura en algunos momentos de los 80 y 90. En algún momento alguien lo coloca a la altura de Joaquín Sabina y Pedro Almodóvar como grandes retratistas los tres del Madrid de finales de siglo. Incluso le atribuye la paternidad del término «movida madrileña», algo imposible de comprobar pero que queda como pretendió ser toda la vida de Umbral: legendario.


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El título está sacado directamente de una obra del propio Umbral, Larra. Anatomía de un dandy. Otro columnista y escritor cronista de Madrid con el que tenía en común la construcción del personaje. Es la base de toda la película y de la obra de Umbral: es un hombre que no existe, que se oculta hablando de sí mismo y que bajo la capa de frivolidad y maldad, de «me vais a odiar porque yo quiero» esconde un gran dolor.

Al fin y al cabo el filme acaba acotando la vida del escritor entre dos ausencias: la del padre y la del hijo. La de Umbral es la historia de la familia que nunca pudo acabar de construir, más allá de su relación cercana a su madre y su matrimonio duradero con María España. Un padre huidizo cuya identidad no se conoció hasta décadas después vía una investigación de El País y un hijo que murió demasiado joven y que provocó la escritura de la que, quizás, ni el documental ni nosotros nos atrevemos a afirmarlo categóricamente, sea su obra maestra: Mortal y Rosa.

Toda la imagen del dandy, el gran ironista inalcanzable al que temían lo mismo las estrellas de cine que los diputados, el provocador y el irreverente, sería un gran disfraz para un hombre herido que mantuvo las distancias con casi todos hasta el último momento. Lo curioso, que la película consiga humanizarlo sin aportar ni un dato nuevo, solo ordenando los que ya se conocen y los testimonios de muchas personas que, realmente, admiten nunca haber sido sus amigas.

 

Con amigos así…anatomia-de-un-dandy-umbral-cine-con-ñ

Entre los testimonios de Anatomía de un dandy desfilan lo mismo Ramoncín y Rappel que Rosa Montero, Juan Luis Cebrían y Pedro J. Ramírez, lo cuál da una medida de la transversalidad del autor. En 1976 fundó como columnista estrella El País y toda la gente guapa quería salir en «las negritas de Umbral», aunque fuese para ser ridiculizada. En 1989 se pasa a El Mundo y sus crónicas en la contra del periódico se hicieron míticas. De esa época recogen una frase de una entrevista, pública en su momento, dedicada por el propio Umbral a Pedro J.: «Joder, un tío que no tiene corazón… ¿por qué me está dando a mi tanto dinero?».

Quizás el único que hace justicia a la maldad intrínseca de Umbral es Raúl del Pozo, heredero de su columna en El Mundo. Comenta que, para él, el mitificado Café Gijón es «un cementerio». «De esta foto solo quedamos Manuel Vicent y yo. Han palmado todos». Y se ríe. También desmonta la imagen minuciosamente construida por el que fue su amigo de enfant terrible: «Fue mimado por el sistema. Ganó todos los premios». Otro día llegó Umbral de una conferencia y se empezó a sacar dinero de los bolsillos y enseñárselo. Y le dijo: «Tú nunca vas a ganar esto con una conferencia, Raúl».

El largometraje también lima algunos aspectos menos admisibles del personaje Umbral a día de hoy. Señala la injusticia de que se lo siga recordando por el incidente de «yo he venido aquí a hablar de mi libro» por mucha gente que jamás tocó un libro suyo pero pasa de puntillas por una misogonia que releída hoy aguanta aún menos que en su día y de una calculada -aunque en su derecho estaba, solo faltaría- ambigüedad política.

En resumen, sin llegar a la hagiografía, una elevación a los altares de un personaje clave en cierta época del Periodismo y la Literatura españoles, más recordado hoy por otros escritores que por los lectores pero cuyas obras aún guardan actualidad. Tan interesante por la figura de Umbral como por todo lo que arrastraba tras ella, lo cuál, como comentábamos al principio, es más que adecuado, ya que tal y como se afirma repetidas veces en Anatomía de un dandy, este tenía la capacidad de, hablando de sí mismo, explicar todo lo demás.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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