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«Se puede hacer cine en euskera, se entiende y gusta»

La actriz Amaia Aberasturi, nominada a Mejor actriz protagonista en los Goya por ‘Akelarre’, habla sobre este reconocimiento, las claves de su personaje y la salud del cine vasco

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Hay mucho viejo conocido en las nominaciones actorales a los Goya 2021. Actores y actrices con varias galas a sus espaldas -Javier Cámara, Candela Peña, Ernesto Alterio, Kiti Mánver, Juan Diego Botto, Natalia de Molina…- vuelven a optar a cabezón en la extraña edición del próximo 6 de marzo. Pero entre ellos también hay alguna novedad. Además de las revelaciones, la que más destaca es seguro Amaia Aberasturi (Artea, Vizcaya, 1993), nominada a Mejor actriz protagonista por su trabajo en Akelarre, película que suma 9 nominaciones.



Con sólo dos películas distribuidas fuera del País Vasco (Vitoria, 3 de marzo y ahora Akelarre), Aberasturi se ha metido en el bolsillo a los académicos con 23 años y una corta carrera profesional. Si gana el Goya, sería la segunda actriz más joven en conseguirlo (el récord de precocidad lo marcó, por pocos meses, Pilar López de Ayala en 2002 por Juana la Loca), y todo gracias al personaje de Ana, la líder de un grupo de mujeres que desafía a la Inquisición de las cazas de brujas en el Siglo XVII.  Cine con Ñ entrevista a Amaia Aberasturi sobre su nominación, su trabajo en Akelarre o sus impresiones sobre el cine vasco.

 

Aunque aún está muy reciente, ¿cómo ha caído esta nominación a los Goya?

La verdad es que no me lo esperaba, con mucha ilusión y emoción. Al no poder optar a Actriz Revelación, algo que daba ya por perdido, ha sido una sopresa la nominación a Mejor actriz protagonista. Muy contenta de que se reconozca mi trabajo y el del equipo de la película, y feliz de compartir el momento con las otras tres nominadas, claro. Todavía no me lo creo.

En un momento incierto, ¿se toma este reconocimiento como una garantía de futuro, una forma de abrirse puertas? 

Sí, al final los Goya son sobre todo un escaparate. Llegar hasta ahí sí que abre puertas. Quizá la gente que no había visto la película, a raíz de mi nominación o de alguna de las otras 8 que ha recibido Akelarre, pues ahora se anime a verla y hace que algunos cines la vuelvan a estrenar. Si se ve más, más gente puede reconocer tu trabajo, y eso claro que puede abrir puertas.

Ha pasado poco tiempo desde su primera película, Vitoria, 3 de marzo hasta Akelarre. ¿Cuál cree que ha sido su desarrollo como actriz desde entonces?

Vitoria, 3 de marzo fue mi primer gran proyecto y la construcción de mi personaje fue bastante más sencilla. Creo que en ese sentido se puede ver la evolución de mis herramientas como actriz para construir un personaje mucho más alejado de quién soy yo, como es el caso de Ana en Akelarre. Mi formación ha ido mejorando y creo que en ese sentido el personaje es más completo y más redondo.

«Cogí al lobo como referencia animal para crear movimientos de mi personaje en Akelarre»

 

Su personaje en Akelarre utiliza mucho el cuerpo, pero también la palabra, en distintos registros. ¿Cómo se preparó el personaje en ese sentido?

Utilicé distintas herramientas para llegar hasta a Ana. Las principales fueron el eneagrama (método psicológico y dramatúrgico) y una inspiración animal: el lobo. Cogí al lobo como referencia para crear movimientos del personaje, y creo que en la expresión corporal se nota esa faceta. Aquí sí que hubo un trabajo importante porque no se parecía a mi.

En la palabra sí que tuve algo más cercano a quién soy. El director quería que hablara mucho y que hablara rápido. Él no sabia euskera y le gustaba cómo sonaba a una velocidad bastante picada y rápida. No tuve que preparme mucho esa parte, fue todo muy fluido. Es una combinación de esos dos elementos: una persona que habla con facilidad y, al mismo tiempo, lo acompaña todo corporalmente.

Ana tiene que inventar una historia para poder vivir pero también en la que plantea subversión desde ese propio relato. ¿Cómo se mezcla supervivencia y desafío?

Está ese dualismo constantemente en el personaje, sobre todo en las escenas con el juez. Tiene esas dos vertientes: le encanta inventarse historias, todo con mucha creatividad, pero luego conecta con la mirada del juez e intenta darle lo que él quiere. A pesar de estar entre la vida y la muerte tiene esos momentos para sacar algo de humor, como esa parte de los orgasmos, o como cuando dice que ha convertido a su amigo en un burro.

Al final a Ana se le ocurren algunas ideas descabelladas que son muy suyas pero también siente ese miedo tan real de que en cualquier momento puede morir. La mirada del juez por un lado le da miedo y por el otro busca desafiarla.

La película tiene un mensaje potente de reivindicación y feminismo. ¿Qué ideas recogería de la película que sean válidas en 2021?

La historia tiene estos elementos atemporales, que se pueden extrapolar a hoy día, sobre todo en el mismo hecho de que se cometa una injusticia, que es lo que queríamos contar. Es verdad que no existen las brujas ni la Inquisición en la actualidad, pero sí se puede ver que esas mujeres fueron oprimidas por el hecho de serlo y por querer ser libres. Y eso es verdad que sigue ocurriendo.

Otro elemento que nos puede llevar a la actualidad son las formas de la película, cómo está hecha. Por ejemplo, en el hecho de utilizar un tipo de euskera; en la película usamos el euskera batúa, que en la época de la película no existía. Y, por otro lado, están los tipos de planos y los ángulos, que son muy contemporáneos.



Akelarre, Elisa y Marcela, La isla de las mentiras, María Solinha, La vampira de Barcelona. Hay varias películas españolas recientes que buscan reivindicar a las mujeres olvidadas y maltratadas de nuestra historia. ¿Cree que hace falta que se sigan haciendo películas así?

Sí, yo creo que sí. Es evidente que el cine, la televisión y la cultura en general también sirven para concienciar. Creo que hay algo de verdad en esa frase de «todos lo que no conozcan la historia están condenados a repetirla». Es importante contar lo que sucedió con estas mujeres para tenerlo presente y no volverlo a replicar.

Tanto Akelarre como Ane han sacado nominaciones importantes a los Goya. ¿Cómo ve la salud del cine vasco?

Creo que el cine vasco está mejorando mucho y se nos está valorando cada vez más fuera de Euskadi. Nos estamos haciendo un hueco tanto en cine como en televisión, y estoy muy contenta de que se nos aprecie así. Hay que seguir aprovechando este buen momento y este impulso para seguir demostrando todo el talento que tenemos.

«Se puede hacer cine en euskera, se entiende por qué se hace y gusta»

Son dos películas en las que se habla euskera principalmente. ¿Cree que se ha acabado por normalizar en el resto del Estado que esto sea así? ¿Las productoras y distribuidoras tienen menos miedo de apostar por este tipo de películas para el resto del Estado?

Por un lado entiendo que pueda asustar un poco hacer una película en euskera: en España no todo el mundo lo habla, claro, y ahí puede haber una limitación de público. Pero me encanta nuestro idioma, trabajar con él y creo que aporta una riqueza increíble. Akelarre es un buen ejemplo de ello: se hablan las dos lenguas y es evidente que quiere dirigirse a todo el público. Ofrece ese ábanico y esas posibilidades.

Esta película también es una forma más de demostrar que las películas en euskera se aprecian fuera. Gracias a estas películas que han funcionado tan bien, desde los años de Loreak (2014) y Handia (2017), podemos decir que se puede hacer cine en euskera, se entiende por qué se hace y gusta fuera. Por tanto, que se sigan arriesgando a hacerlo.

Se habla mucho de las películas y las salas afectadas por la pandemia.  ¿Ha afectado también mucho a la profesión interpretativa?

Sí, el COVID ha hecho mucho daño en general, y obviamente también a la interpretación, claro. La incertidumbre de empezar una producción da miedo por si pudiera haber algún positivo y las dificultades para moverse, por ejemplo. Estamos siguiendo adelante pese a todo, con los proyectos que vengan. En mi caso no me puedo quejar, me está yendo muy bien, pero entiendo que a muchos compañeras y compañeros no. Esperemos que esta situación se acabe de una vez y podamos volver a la normalidad lo antes posible.

Arturo Tena (@artena_)

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