Críticas
Alimañas: Comedia para la comunidad

Stills de 'Alimañas'. Montaje: ©Cine con Ñ
Alimañas arranca con la muerte de una señora que tiene en propiedad todo su edificio. Los hijos de esta (Carlos Areces y Jordi Sánchez) buscan de alguna forma hacerse con su importante herencia, mientras sus vecinas (Loles León, Carmina Barrios y Pilar Bergés) vigilan muy atentamente lo que está sucediendo. La participación de la mujer de uno de los hijos (Silvia Abril) no hará más que empeorar una disputa que está a punto de estallar.
El actor Jordi Sánchez, conocido por todos los rincones de España por ser el Antonio Recio de la serie La que se avecina, se anima a dirigir su primera película en compañía de su inseparable amigo y dramaturgo Pep Antón Gómez, con el que, además de colaborar en algunas series, ha firmado varias obras de teatro. El paso se ha dado con esta película en el que un grupo de personas de dudosa moralidad se dejan llevar por la avaricia y la absoluta falta de ética y empatía. Seguro que te suena de algo.
Con un planteamiento cerrado y unos personajes a desentrañar, Alimañas es un espacio seguro y a confiar para el seguidor de la nueva comedia popular española entre vecinos que claramente remite a Aquí no hay quien viva o la propia La que se avecina. El estímulo está en que Sánchez y Antón Gómez le ponen buen gusto, autoconsciencia y un sarcasmo amargo para que ese edificio que todos conocemos siga resultando simpático y entretenido, aunque no todo lo irreverente que debería.
Alimañas de allí y aquí

El argumento de base de Alimañas es un clasicazo de la comedia negra global: hay un muerto y un grupo de miserables personajes luchan por hacerse con la herencia. Aunque esta sea más comedida en la disputa, en esta película hay un elegante barniz que remite esas comedias extranjeras sobre el tema, especialmente esas británicas tan maliciosas como Ocho sentencias de muerte (1949), El quinteto de la muerte (1955) o incluso de su remake norteamericano Ladykillers (2004). Especialmente en el vestuario, el gesto de algunos actores o en la decoración de las de las paredes.
Ahí está el punto distintivo de la comedia de Sánchez y Antón Gómez, que por el resto se rehace a una tradición cómica netamente española y con un referente claro: La comunidad (2000), el ya clásico de Álex de la Iglesia actualizó un estilo cómico popular y milenario— que replicaron los Aquí no hay quien viva y compañía— también con una lucha por una fortuna. En su puesta en escena teatral, Alimañas busca algún gag visual y dar ciertos giros de guión, pero cuando mejor funciona es que cuando se rehace a ese estilo cínico más clásico y no se empeña muy fuerte en innovar.
Comedia para poner la oreja

El humor que hay en la reunión en el rellano, el de poner la oreja detrás de las puertas y los muros, en la educación maleducada del vecino fisgón… todo eso está en Alimañas. A esos motivos clásicos acompaña su habitual salpicadura de crítica social, pequeños apuntes en determinados chistes que Antón Gómez y Sánchez aciertan al adaptarlos discretamente a nuestra realidad en 2023, poniendo un comentario racista en boca de uno de sus personajes más despreciables o presentando a dos jóvenes okupas como dos personas normales que no pueden pagarse una vivienda.
El resto es más o menos lo de siempre, acompañado por un puñado de actores veteranos entendiendo exactamente el tipo de personaje que tienen que hacer. Se nota que sus directores valoran el trabajo del intérprete y le dejan su espacio y su momento. Quizá esa expansión interpretativa, positiva por lo general, sí que entra en conflicto con un planteamiento muy acotado y simplificado. Se confunde finura con freno de mano y la acción y las situaciones se acaban quedando a veces a medio camino en su potencial cómico y esperpéntico.
En cualquier caso, Alimañas es una comedia bien apañada sobre nuestra hipocresía moral gracias a dos directores que saben cómo y cuándo meter un chiste, que no es poco. Quizá el chiste no sea especialmente bueno ni original, pero está bien metido. Algo más frustrante en su desarrollo que otra comedia sobre herencias reciente como La Fortaleza, pero ejecutada con saber estar, inteligencia y ese grado de malicia que se le pide a un que ‘se muera ya la vieja’ de manual.
La puedes ver online en


Arturo Tena