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«En muchas familias las cosas importantes no se hablan, están por debajo»

Alauda Ruiz de Azúa estrena en cines su primer y premiado largometraje, ‘Cinco lobitos’, con el que se acerca a las relaciones familiares y las labores de cuidados

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Las películas tienen muchas vidas. Cuando se piensan, cuando se escriben, cuando se ruedan, cuando se presentan en festivales, cuando se estrenan en salas comerciales, cuando llegan a una plataforma… cada ciclo de experiencias es distinto. Cinco años después de su primer nacimiento,Cinco lobitos llega a otra de sus vidas, aún una de las más importantes: la del paso por los cines. El parto inicial ha salido bastante bien, consiguiendo la mejor media por copia de los estrenos del fin de semana y aupándose entre lo más alto de la recaudación durante este inicio de semana.

Su directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa (Baracaldo, 1978) atiende a Cine con Ñ en Madrid antes de este estreno en cines. Ilusionada, la directora comparte algunas de las ideas que hay detrás -o debajo, como dice ella- de su película, que viene causando sensación desde que fue seleccionada en la sección Panorama de la Berlinale y arrasó en el Festival de Málaga. La historia de una mujer que se refugia en casa de sus padres tras dar a luz pone sobre la mesa los roles dentro de esa estructura familiar, el cómo ser madre y cómo ser hija, el cómo cuidar.

¿Las relaciones familiares son siempre complicadas porque son las únicas que no podemos elegir?

Pues algo de eso hay, no hay duda. Las relaciones familiares creo que son de las más complejas que podemos tener a lo largo de la vida porque las llevamos con nosotros desde que nacemos. Son vínculos que nos marcan especialmente en la edad temprana, pero luego también en qué adultos vamos a ser afectivamente, en nuestra relaciones o incluso, si si somos padres o madres, en qué tipo de padre o de madre vamos a ser. Siempre me han interesado mucho.

En la película la relación central es la de madre-hija, que también se convierte en un papel que muta cuando pasas de ser hija a ser madre. ¿Qué querías transmitir sobre este doble rol?

La sensación de que la familia es un aprendizaje continuo, porque nosotros vamos mismos cambiando al mismo tiempo que nuestras familias. Sí, me estoy volviendo joven o adulto, pero cuando eso pasa también significa que tus padres se están haciendo mayores. Es una estructura emocional que siempre está viva y que hay que replantearse continuamente, en términos de roles familiares, de liderazgos, de quién cuida a quién.

Siguiendo con los roles, la película también plantea el contraste de un cambio generacional en el cual el reparto de los cuidados debería de haber cambiado, por ejemplo, en el caso del género, pero luego los personajes masculinos de Cinco lobitos mantienen puntos de referencia que cuestionan si realmente esos roles han evolucionado tanto…

Creo que ya está cambiando nuestra perspectiva sobre este tema, lo cual es muy positivo. Es uno de los grandes cambios generacionales. Pero no creo que esos cambios se hayan materializado en que los cuidados no sigan recayendo en ellas de una forma mayoritaria, aunque haya excepciones. Creo que todavía no es así.

Aparte de las cifras, que se puede ver en datos, basta con echar un ojo alrededor, en la calle, para ver quién se encarga de los trabajos de cuidados o de las labores de casa y comprobar que son ellas mayoritariamente. Estamos en un punto a nivel de generación donde ya nos lo cuestionamos y somos conscientes de que hay una desigualdad, que había una inercia educacional, patriarcal o lo que fuera que nos llevaba a esto, pero todavía no estamos gestionándolo. Estamos en el proceso de redefinirlo, pero todavía no ha pasado.

¿Son cambios sistémicos que van a necesitar de más generaciones para realmente cambiar?

Los grandes cambios suelen ser lentos, y estamos hablando de redefinir estructuras y de cambiar procesos que llevan mucho tiempo anclados. Luego también es cierto que los contextos no acompañan: el mercado laboral en el que nos movemos ahora, las bajas por maternidad o la poca ayuda que hay a la conciliación tampoco ayudan a que se produzca ese cambio.

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‘Cinco lobitos’

Otro de los elementos que marca a Cinco lobitos es la comunicación o, más bien, la falta de ella. La película se construye mucho sobre lo que se dice, y, especialmente, sobre lo que no se dice. ¿Cómo fue trabajar con esta incomunicación verbal desde el guion y luego con los actores en rodaje?

Es bonito que digas eso porque cuando estaba escribiendo el guión lo construí en una superficie de un mundo muy cotidiano. Por eso muchas de las conversaciones en apariencia son un poco banales o son sobre cuestiones domésticas o de organización, pero teniendo claro que emocionalmente por debajo o a nivel de la relación entre los personajes siempre estaba pasando algo potente: podía ser un desencuentro, una necesidad de aprobación, una reconciliación. Todo eso estaba por debajo. Es como pasa en muchas familias: las cosas importantes no se hablan pero están por debajo.

A la hora de llevar esto al rodaje, con los actores y las actrices hacíamos improvisaciones de cosas que habían ocurrido que igual no estaban en el guion pero que de alguna manera alimentaban esos silencios y esas miradas. Cuando llegábamos a las escenas donde igual había un momento así, esa conversación ya sabíamos de dónde venía y la manera de poder transmitirla aunque no se dijera en palabras.

Por ejemplo y sin hacer spoiler, hay una escena en la que Ramón y Susana se miran cuando cantan en un txoko. Ahí está planteada toda una conversación solo con miradas. Nosotros recreamos en los ensayos toda la relación de Ramón y Begoña desde que se conocieron en un concierto escuchando esa canción, sus discusiones de pareja o hasta una posible confesión. Cuando llegas a rodar esto sin palabras ya sabes de dónde tirar, sabes lo que han sentido y lo que han pasado.

Esto habla también de cómo funcionan las elipsis en la película, de qué momentos habéis decidido recoger en el periplo de esta familia y de cuáles no. ¿Cómo fue el proceso de elegir las situaciones que sí iban a aparecer?

Me gusta que en las películas haya un poco de misterio. Creo que el espectador siempre es listo, y cuando pasa algo emocionalmente interesante, cuando se sugiere, lo van a seguir y lo van a entender bien. No tengo mucha duda en eso porque yo soy espectadora antes que directora, y agradezco cuando no me subrayan las cosas. Las elecciones se hacían un poco en torno a esa sutileza y en buscar cómo sugerir o evocar.

Creo que en la mayoría de los momentos que he elegido pasa algo a nivel emocional: en las relaciones madre e hija o a nivel de pareja, que son decisivas en ese arco emocional y en esos viajes, hay momentos que alimentan esas emociones. A veces desde algo más cotidiano y otras veces con algo un poco más dramático por lo que acababa de pasar.

«Opté por un lenguaje narrativo muy poco invasivo, por una cámara que está cerca, pero que se va diluyendo»

(Spoiler de la película en la siguiente pregunta): Esos momentos en los que riman la vida y la muerte…

Sí, pero fíjate, por ejemplo, hay una elección que hice muy desde el principio, sin hacer spoilers, para la trama que hay de hospital. Decidí eludir la parte médica del todo, pensé que el espectador lo iba a entender perfectamente. Ha pasado esto, pero no me interesa el contexto médico, el sufrimiento o el ambiente, ya sé lo que emocionalmente provoca en los personajes. Eso lo conté con lo mínimo, lo que me interesaba era cómo iba a cambiar eso la relación y los roles en la familia.

¿Cómo se planteó el lenguaje cinematográfico de la película?

Había dos premisas o reflexiones en las que trabajaba. Aunque vengo del mundo de la publicidad y técnicamente he explorado mucho, una era que quería arriesgar y apostar porque pasara algo con los actores en todas las tomas, que estuvieran vivas. La otra era que se generara mucha intimidad y verdad. Entonces opté por un lenguaje narrativo muy poco invasivo, por una cámara que está cerca, pero que creo que se va diluyendo, que dejas de verla, y va con ellos simplemente.

Opté mucho también por trabajar el sonido para construir el punto de vista de Amaia. No me interesaba tanto ver igual la discusión al completo entre el matrimonio mayor, sino ver cómo le afectaba o la escuchaba a ella. Quería que fuera muy sutil toda esa planificación, no quería algo muy protagonista, para que así lo que pasara entre ellos, en lo que yo confiaba, fuera de verdad y muy honesto.

Y luego la otra cosa que también trabajé era buscar imágenes que se me salieran un poco de los clichés o de los lugares comunes de la maternidad. Por ejemplo, yo pensaba en una mujer un poco dolorida dando el pecho, que es algo que no he visto, e iba a ver qué pasaba si lo ponía en la película. O el hecho de que el personaje de Javi (Mikel Bustamente) esté recogiendo la colada. En el cine estamos hartos de ver mujeres recogiendo sábanas al aire, pero muy pocas veces vemos a los hombres. Hay muchos detalles de la película que van por ahí.

"En muchas familias las cosas importantes no se hablan, están por debajo" 2
‘Cinco lobitos’

En un ambiente familiar como el de la película hay muchos interiores, que llama la atención la familiaridad con la que están recogidos y desde qué puntos de la casa. ¿Qué trabajo se hizo con los espacios?

Sí, juegas con los espacios. Ahí quise ensayar con los actores en la localización real, porque el entorno les tenía que resultar familiar y sentirlo como suyo. Probamos varias cosas a nivel de puesta en escena y así surgieron cosas sobre cómo se iban a relacionar con el espacio, dónde se iban a sentar, lo que les pedía el cuerpo. Creo que la película se siente muy orgánica en ese sentido porque no lo hice al revés, que es algo que he hecho en publicidad, que es marcar exactamente los lugares. Quise escuchar lo natural y trabajar en función de eso.

Después de Cinco lobitos, vendrá una película ya rodada con Netflix. ¿Cómo ha sido el paso de trabajar en un proyecto personal durante cinco años a dirigir un encargo para una plataforma?

A veces como creadora te apetece probar cosas diferentes. Siento que en lo creativo es bonito tener siempre la sensación de aprendizaje, y a veces cambiar de marco, de género o de formato te puede dar esa sensación. Va un poco por ahí. Ahora, por ejemplo, también estoy escribiendo mi siguiente proyecto personal. Creo que, en general, tener experiencias distintas te alimenta en lo creativo y te enriquece.

Imagen de portada: Alauda Ruiz de Azúa – Víctor Bensusi

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