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A un dios desconocido: cambiando la representación gay en la España de la Transición

La película de Jaime Chávarri, un homenaje en elipsis a Federico García Lorca, se atrevió en 1977 a presentar una imagen diferente de los hombres homosexuales en la ficción con un protagonista alejado de tópicos infantiles

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A un dios desconocido se atrevió a cambiar, en 1977, la manera en la que el cine español representaba a los homosexuales sin caer en el morbo ni el estigma. Alejándose explícitamente de la parodia amanerada e infantilizada habitual en la comedia del momento, presentó a un protagonista sin marginalizar ni dramatizar, que vive su identidad con madurez y alejado de contradicciones. Un hombre capaz de superar los viejos complejos, invitando a la sociedad española de la Transición a aceptar un país mucho más plural y diverso.

La historia de la película, disponible en FlixOlé, sigue a José, un mago cincuentón que se gana la vida actuando en una sala de variedades en Madrid y que regresa a su Granada natal para visitar a la hermana de un viejo amigo. En realidad, este amigo, Pedro, fue su primer amor, y en el protagonista existe la secreta esperanza de revivir aquella sensación de juventud o al menos darle un cierre. Al mismo tiempo mantiene una relación con un joven político madrileño, de ideas renovadoras pero que no está tan cómodo con su sexualidad como él.

Chávarri y Héctor Alterio en A un dios desconocido

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Jaime Chávarri venía de rodar su primera colaboración con Elías Querejeta, El desencanto (1976), un documental sobre la figura de Leopoldo María Panero y en cuyo retrato del Franquismo o la Guerra Civil, además de las identidades sexuales divergentes, hay más de un punto en común con el filme que ahora nos ocupa. Aún no era el director de prestigio que llegaría a ser, pero sí un profesional respetado al que se le suponía un discurso de autor y que, hasta ese momento, no había conseguido ser comercial.

El actor protagonista no es casual. Hector Alterio había interpretado un año antes a Pascual Duarte y estaba a punto de estrenar La guerra de papá. Cuando no interpretaba a hombres violentos, se había especializado en papeles de galán. Es decir, estaba completamente alejado de la imagen de una persona homosexual que se tenía en la época. Su elección -o la de Xabier Elorriaga como su amante más joven- buscaba desterrar el tono cómico, paródico o infantil, abundante en el cine del momento a la hora de retratarlos.

Alterio compone un personaje contenido, que vive su homosexualidad sin convertirla en tabú pero con la discreción que le obligan las circunstancias políticas y sociales. Un tipo con cierto carisma pero que ha pasado la vida ocultando secretos propios y ajenos y no desea exactamente complicarse. Su trabajo le valió la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival de San Sebastián.

La posible revolución de las costumbres

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A un dios desconocido es una historia, o varias, de amor entre hombres que, sin ocultar las dificultades que eso suponía en las dos épocas en las que se ubica -los años 30 y los 70 como presente del rodaje-, no las convierte en dramáticas o problemáticas per se ni tampoco las aborda desde el morbo, algo habitual en el escaso cine de la Transición que no trataba la homosexualidad directamente como un chiste.

Por una parte tenemos la relación de José con Pedro, el hijo de los dueños de la finca donde pasaron los veranos en la adolescencia, que se refleja en el amor no correspondido y casi idealizado de este último ante la figura ausente de Federico García Lorca. El viaje del protagonista será convencerse de que aquel primer escarceo de juventud no merece los años de nostalgia que ha volcado en él y que debe concentrarse en el futuro.

Así puede rimar con la relación real, la frustrante: la que José mantiene con Miguel, un hombre más joven que él, diputado y militante político de lo que en el momento se identifica como izquierda radical. Un tipo coherente con sus ideas pero no con su sexualidad, que mantiene una relación con una mujer con la que está dispuesto a casarse para ocultar esa parte de su vida. Ante esos complejos José, más maduro y más cansado, se rebela, como lo hará igualmente cuando una amiga le sugiera casarse para ocultar su condición y pasar en compañía sus últimos años.

Por supuesto, dada la época, A un dios desconocido también es una reflexión sobre las heridas de la Guerra Civil y la Transición. Si la figura de Lorca, omnipresente en elipsis, no es suficiente, tenemos la muerte del padre del protagonista a manos de los rojos y la actitud general de desencanto y esperanza inconcreta en algo mejor de los protagonistas. Así, la hipotética reconciliación final de José con Miguel, el joven de ideas radicales que por fin parece dispuesto a salir del armario, abre la puerta a una verdadera revolución de las costumbres. Para nosotros, espectadores del siglo XXI que también hemos visto El diputado, es un final trágico, pues sabemos que aún no será así.

A un dios desconocido puede verse en la colección LGTBIQ+ de FlixOlé.
La puedes ver en

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