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Entrevistas | D'A 2026

«Lo normativo no nos ha representado bien nunca, pero las alternativas también me generan contradicciones»

Película inaugural del D'A Barcelona Film Festival 2026, David Moragas presenta 'Un altre home', un elegante drama sobre una pareja homosexual que zozobra y un protagonista que no encuentra su lugar
Entrevista a David Moragas, director de 'Un altre home'

Un altre home, película de inauguración del D’A Film Festival 2026, supone una elegante exploración fílmica de la vida de Marc (un hombre joven algo atormentado), de su compañero sentimental y de quienes les rodean. Mientras observamos las vivencias e interpretamos los conflictos internos del personaje principal, paseamos por espacios de una Barcelona en desaparición (¿o inventada?) donde todavía existe la clase media, donde los profesionales de la cultura tienen poder adquisitivo y viven en pisos bonitos. Aunque el WC del hogar tenga pérdidas.

El nuevo filme del cineasta David Moragas (Almoster, 1993) tras A stormy night (2020) trata de las cargas y de las cicatrices familiares, de los retos de mantener una vida en pareja. Y de los dilemas que puede generar ese verse tomando rutas aparentemente preestablecidos. Marc (Lluís Marquès) parece resistirse a devenir una especie de ‘buen gay’, de pareja y vida estables, con un elevado poder adquisitivo, pero no es fácil determinar si no quiere seguir ese camino porque no lo desea, porque le horroriza caer en el cliché o porque le incomoda su propio bienestar.

Moragas y compañía dejan espacio a la interpretación de la audiencia, y esa es una de las grandezas de esta obra dotada de una forma audiovisual bella y controladísima a un pequeño laberinto de chispazos de deseo, de dudas soterradas, y, como señala su realizador en esta entrevista a Cine con Ñ, de ira contenida.

Un altre home se centra en un personaje introspectivo y tímido que está emparejado con un hombre más juguetón que se dedica al cine. ¿Alguno de ellos es una especie de alter ego tuyo, o tu personalidad está repartida entre ambos, o entre varios personajes?

En esta película trato sobre temas que me generan contradicciones. Siento como si dos o tres partes de mi se contradijesen entre ellas. Así que, cuando escribo sobre ello, cada personaje representa un pedacito de mi personalidad. Todos los personajes de esta película tienen algo de mí. De hecho, diría que el que más se me parece es la hermana del protagonista.

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David Moragas (abajo), Quim Àvila Conde y Lluís Marqués, en el rodaje de ‘Un altre home’. ©Filmax

Quizá esta diseminación de tus identificaciones genera un efecto interesante. La película tiene un protagonista muy marcado, pero parece que no quieres marcar el camino al público para que se identificase solo con él. ¿La idea era que se empatizase con otros personajes y no solo con Marc?

Sí, claro. Si te gusta trabajar con las contradicciones humanas, es muy importante no juzgar a nadie. El cuñado de Marc, por ejemplo, puede recordar a un estereotipo de hombre muy reduccionista y desinformado. Aún así, cuando hablaba con el actor que lo interpreta, le animaba a que dimensionase su humanidad. Yo quería que se pudiese empatizar con todos los personajes y que, a la vez, todos generasen algo de rechazo. Que pienses que entiendes al novio, pero también al protagonista. Y, con ellos, a todos los demás.

A quien dedicas más tiempo es al protagonista. Consigues que la audiencia se construya una cierta idea sobre él, pero no parece que quieras explicarlo o cerrarlo del todo. ¿Es alguien que no sabe ser feliz, que no quiere serlo, que no puede serlo?

Sí. Para mí, sobre todo, es un personaje enfadado. Siente una ira inconsciente, no sabe que está enfadado. Yo soy muy devoto del psicoanálisis y me gusta jugar mucho con lo que es consciente y con lo que es inconsciente, reflexionar sobre estos sentimientos soterrados y sobre sus posibles orígenes. Por ejemplo, estudié qué pasa en una familia donde ha habido una madre narcisista. Y parece que los hijos tienden a la competitividad. En el caso de Marc, la ira conforma lo que hace, hasta que se rompe.

Esta ira no se subraya, cosa que permite que el público pueda completar la historia que está viendo. Su protagonista no termina de estar a gusto en esa relación de pareja que no sé cómo definirías. ¿Una relación de pareja que no termina de funcionar?

Yo veo a Marc y a su pareja como dos personas que son un poco co-dependientes. Creo que se quieren mucho, y que por eso mismo entran en crisis. También de ahí mucho el miedo a dejarlo. Ambos temen el final, y eso les condiciona.

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Quim Àvila y Bruna Cusí en ‘Un altre home’. ©Filmax

En la película se incorpora, no sé si en forma de broma basada en hechos reales, esa idea de que el cine en España es cosa de gente con ahorros o con propiedades porque trabajar en él es un camino caro, largo y de rentabilidad muy incierta.

Para mí era importante situar el contexto de la historia. Y creo que la clase social es importante porque condiciona mucho las relaciones. Había trabajado la historia previa de los dos hermanos. Los imaginé como gente que había crecido en una clase media modesta, pero que había terminado accediendo a una clase un poco más elevada. En un momento de la película, Marc pregunta a su pareja si todos los que se dedican al cine como él tienen dinero. Y esa es una fuente de tensión entre ambos.  

«Quizá estemos deformando algunas cosas si solo retratamos nuestras casas, nuestra precariedad»

En paralelo a esto, hay otros contextos sociales que sobrevuelan el relato. Se alude a una gentrificación que condiciona la vida de los protagonistas sin impactarla duramente. ¿Hablas de personajes que están algo protegidos, que sienten el terremoto pero están lejos de su foco?

Sí, es así. En este punto, la película difiere un poco de las dinámicas del cine social. Que es un cine que me gusta mucho, pero que a veces cae en ciertos manierismos. Desde el principio, queda claro que estamos ilustrando una Barcelona edulcorada que no se corresponde con la Barcelona real. El vestuario, la puesta en escena, el tipo de pisos que se muestran, hace que el resultado difiera de una representación más cercana a la del cine social. Hablamos de la precarización, o de la crisis de la vivienda, pero no mostramos esa precariedad. La consciencia política, el hablar de política, se aborda de otra manera. 

Eso abre la posibilidad de hablar de los problemas que surgen cuando las condiciones materiales no marcan tanto las vidas, o las representaciones de estas, que opacan lo demás.

Sí, pero también creo que quizá estemos deformando algunas cosas si solo retratamos nuestras casas, nuestra precariedad. Quizá vamos deformando lo que nos acaba pareciendo normal y también aquello a lo que aspiramos. Yo propongo hacer un poco de fabulación. Que el público vea esas casas y piense que son maravillosas, sí, pero que recuerde que no deberían parecernos inverosímiles, inaccesibles, porque estoy hablando de personajes que trabajan, etcétera. Me parece interesante fabular un presente de jóvenes que puedan comprar en el mercado de Santa Caterina, que pueden tener un piso bonito donde vivir en pareja… y que protestemos por la dificultad de acceder a ello.

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Bruna Cusí y Quim Ávila en ‘Un altre home’. ©Filmax

La pareja del protagonista parece empujarle a disfrutar de un bienestar que incomoda a Marc. Un amigo del protagonista le acusa de ser un homosexual de postal…

Me interesaba hablar de este amigo, precisamente, porque da la oportunidad de hablar de las particularidades de las amistades maricas y de nuestra relación con lo sistémico. Siempre nos hemos relacionado de manera tangente con lo normativo, ¿pero qué sucede cuando uno quiere adherirse un poco al sistema? El amigo del protagonista cuestiona eso. Y es algo que también me genera dudas a mí, en mi vida personal. ¿A qué tengo que aspirar? Lo normativo no nos ha representado bien nunca, pero las alternativas también me generan contradicciones.

No me ha quedado claro qué quiere el protagonista, cosa que me parece fantástica por la soberanía que otorga al público. ¿Rechaza ser un homosexual «de postal» porque no quiere serlo, o quiere serlo pero le disgusta caer en un tópico?

Para mí la clave está en la escena final de la película. Yo lo tenía muy claro, pero me parecía interesante que fuese el espectador quien terminase de darle sentido a todo. Así que tengo muchas ganas de saber qué opina la audiencia, porque cada espectador proyecta algo un poco diferente. ¿Tú que has interpretado?

«El sistema opresor capitalista ha fallado completamente, pero nos empuja a competir entre nosotros»

No lo sé, no lo tengo claro, y es algo que me parece muy bien. Es una de las preguntas que tenía para ti. ¿Qué hay de final feliz y qué hay de final triste en esa última escena? Pero no haremos espóiler. Hablemos de la reproducción indeseada de conductas. Insinúas que el protagonista y su hermana quieren distanciarse de la manera de comportarse de su madre, pero caen igualmente en ella.

La película parte de este momento en que desaparece una madre que siempre ha dicho lo que tenían que hacer sus hijos, a veces desde una posicion de juicio que era muy tóxica. ¿Qué pasa cuando esa figura desaparece y eres libre de hacer lo que quieras? ¿Qué pasa cuando la mirada que te condiciona ya no es la de tu madre sino la tuya, pero esa mirada tuya está condicionada por la que tenia ella? Ahora el responsable eres tú. Y, además, la libertad es necesaria, pero también es terrorífica: con la libertad de tomar una decisión llega el miedo a tomar una decisión incorrecta.

No sé si has querido retratar de manera consciente un cierto clima… emocional, por decirlo de alguna manera. Puede llamar la atención que los personajes sean muy susceptibles, que se juzguen bastante los unos a los otros…

Efectivamente. Quería reflejar este momento en el que estamos. Que es muy bonito, porque nos estamos cuestionando mucho todo aquello que antes nos llegaba más preestablecido. Lo vemos en las redes sociales. Y ahí me aparecen de nuevo las contradicciones. La coherencia es muy difícil de mantener, puede ser un ideal imposible. Y vemos a este personaje que quiere comportarse siempre irreprochablemente. Para mí, eso supone llevar dentro una bomba de relojería. Por eso creo que el clima actual está tenso. Hemos puesto en crisis muchos valores tradicionales que hemos visto que no funcionan. El sistema opresor capitalista ha fallado completamente, pero nos empuja a competir entre nosotros, a apuntarnos con el dedo, en lugar de apuntar al mal mayor que es el propio sistema.

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Quim Àvila y Lluís Marqués en ‘Un altre home’. ©Filmax

Ese juzgar, esa tensión, parecen conectarse con la sombra de la madre ausente con fuertes creencias religiosas que llevaba mal la homosexualidad de su hijo. Ahora hay una tendencia a ver desde algunos sectores la inflexibilidad y la opresión como algo ejercido desde esa abstracción polisémica llamada cultura woke que, de alguna manera, podría representar el protagonista. ¿Lanzas un mensaje al respecto? Porque la película tiene una interpretación posible en ese punto, como si señalases una especie de continuidad transformada de algunas opresiones… 

Vaya, me parece que digo algo inconscientemente, pero me cuesta decírtelo ahora mismo. Es algo que tendría que pensar. El protagonista parte de una cierta admiración, como cuando dice que su madre le había hablado sobre un Dios que está en las cosas buenas, pero se da cuenta de que esta belleza es opresiva e intenta romper vínculos con ella. Y después parece que él mismo está buscando una respuesta divina a sus problemas existenciales. ¿Cuál es mi tesis sobre todo eso? Creo que la clave está en el final, de nuevo. Un final feliz supondría ir por un camino conservador, así que vamos por otro lado. 

Está por ver qué pasa en el mundo, pero hay un escenario posible de retorno de esas opresiones antiguas en forma de religiosidades que excluyen, de señalamiento de diversidades desde una supuesta normalidad, etcétera. Quizá el foco de algunas preocupaciones se hubiese movido si hubieses escrito Un altre home en 2031…

Puede ser. Con todo, me gustaría recordar que estos discursos que parece que afloran de nuevo nunca habían dejado de estar presentes. Los continuábamos viviendo en nuestro día a día. El miedo que hay ahora es que los otros pierdan el miedo. Pero estoy preparadísimo para luchar y seguir resistiendo. Tengo miedo al futuro, pero también lo tenía al presente. Y ante el miedo, pues… fuerza, y resistencia. Y, quizá, un poco más de ira.

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.