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CRÍTICAS

Pizza Movies: Dinosaurios en la pizza para frenar el desencanto

Carlo Padial amplia horizontes en esta comedia romántica de gente que ya se quería de antes para caminar sin complejos en el alambre entre la ironía depresiva y la broma interna
Crítica de 'Pizza Movies', película de Carlo Padial

Pizza Movies es el sueño de Thais, una periodista y crítica de cine que, harta de la precariedad del sector y de sentirse mal por todo, aspira a abrir una pizzería temática sobre cine. En esta misión aparentemente suicida acabará arrastrando a su marido, Alan, que, pese a sus reticencias iniciales, acabará por apuntarse a la locura de hacer realidad la idea de su mujer.

Nueva película como director de Carlo Padial (Algo muy gordo, Doctor Portuondo), que llevaba varios años sin hacer cine. Con Pizza Movies amplía horizontes y le pone algo de luz cálida a su comedia habitual para contar esta historia sobre dos improbables emprendedores en la misión de que tengas un dinosaurio de Jurassic Park (1993) en tu pizza.

La mejor forma de tomarse esta película es como una comedia romántica, agradablemente atípica, que retrata a gente que ya se quería de antes y decide seguir adelante pese a las neurosis del otro y el mundo desquiciado en el que vivimos. Es verdad que su sátira y el humor neurótico de Padial, con referencias muy concretas, a veces no se acompasan del todo bien con su voluntad de ser una película positiva y más abierta a la ternura cómplice. Pero ya el intento en sí mismo seduce.

Pizza Movies y los frustrados de la crisis

<strong>Pizza Movies</strong>: Dinosaurios en la pizza para frenar el desencanto 1
©Javier Rodero Villa

En Pizza Movies, Judit Martín es una mujer deprimida y neurótica, una crítica de cine cansada de su trabajo y de sí misma, que encuentra una vía de escape en la loca idea de montar una pizzería. Su marido, interpretado por Berto Romero, que al principio no se cree mucho la cosa, trabaja en algo que claramente no le interesa mientras busca la manera de ir surfeando las crisis de su mujer.

Esta premisa, que ocupa la primera parte de la película, es la que mejor aprovecha el potencial cómico de Martín y Romero, que hacen muy buena pareja en su tira y afloja, y se acompasa bien a las constantes cómicas en las que Padial se encuentra más cómodo: autoficción, absurdo vital, desencanto personal y la sensación continua de fracaso —que luego descubriremos que se originó en la crisis económica del 2008—.

En la descripción de esta pareja, en plena frustración pero siempre unida, se acumulan algunas de las escenas más divertidas y grotescas de Pizza Movies. Este estilo la emparenta directamente con las explosiones cómicas de Algo muy gordo (2017), solo que aquí más integradas en una cotidiana normalidad.

Perdidos en la margarita

<strong>Pizza Movies</strong>: Dinosaurios en la pizza para frenar el desencanto 2
©Javier Rodero Villa

Pero el sueño del personaje de Martín se resiste a salir de su cabeza y (spoiler) los dos acabarán dejando sus trabajos y lanzándose a convertir en realidad esa pizzería. En el mundo de Algo muy gordo, lo más probable es que el negocio nunca hubiese salido adelante, pero en el de Pizza Movies, sí es posible.

Aquí la película diluye un poco su esencia de comedia alternativa —la comedia norteamericana a lo Albert Brooks es la gran referencia de Pizza Movies— para salir de la oscuridad. Padial cruza el umbral del confortable pesimismo y la película se coloca en un lugar en el que el centro cómico pasa a ser la construcción del negocio.

Aquí, el tono gira nítidamente hacia la sátira, en un humor más de situación que busca parodiar el mundo de la crítica cinematográfica y el periodismo cultural, que es muy Padial —y, sobre todo, muy Desirée de Fez, crítica, coguionista y claro trasunto del personaje de Martín— porque tiene mucho de lo que reírse y llorar al mismo tiempo. Al que escribe, público objetivo, le ha resultado divertido el retrato directo, pero muchas veces se cae en el guiño solo para el consumo interno. Su insistencia como running gag acaba pareciendo demasiado impostada.

Como en Perdidos en América (Albert Brooks, 1985), los dos protagonistas acabarán por dejar sus trabajos y se lanzarán a un aparente sueño imposible. Sin hacer spoilers, lo que hacen Padial, de Fez y Carlos de Diego es reescribir su final, dándole un toque menos resignado. Sirve para, como se dice en la película, estar igual de deprimidos, pero más felices.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.