Críticas
Castigo divino: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Stills de 'Castigo divino'. ©Enrique Baro Ubach. Montaje: ©Cine con Ñ
Castigo divino sigue a Pedro, un enfermero que se dedica a hacer lo que le viene en gana, incluso cuando es ilegal. Un día, su vida de bala perdida cambia: es el nuevo dueño de un objeto que le otorga toda clase de superpoderes. El problema es que debe usarlos bajo una serie de condiciones, nunca para beneficiarse personalmente. Cuando su ex entra en el hospital, todo se pone del revés para Pedro.
Después del documental La senda del pecado (2025), que contaba su peculiar carrera, ahora Juan Dávila da un paso natural —tiene formación y experiencia como actor— tras su éxito viral y en teatros de toda España: protagonizar una película de ficción. Así que aquí le tenemos en esta comedia que ha dirigido Pablo Guerrero, que viene de crear, junto a Paco Plaza, la serie La Suerte. Una serie de casualidades.
Castigo divino busca cuadrar el círculo entre una comedia norteamericana de los años 90 con su high-concept (Atrapado en el tiempo,Mentiroso compulsivo, etc.), en la que era posible combinar una cierta dosis de gamberrismo y fantasía con una redención dramática y edulcorada. Todo desde un trasfondo más bien blanco y amable.
Castigo divino, Adam Sandler y Leo Harlem

La saturación de la comedia familiar estándar en España, es decir, el modelo de niños y padres en apuros que estandarizó Santiago Segura con la saga Padre no hay más que uno, ya ha dado varias vueltas sobre sí mismo. Una de las últimas variaciones es este reciclaje hollywoodiense con puntos de partida sobrenaturales. Ahí está el viaje en el tiempo de Sin cobertura (2025) o los intercambios de cuerpos de ¿Quién es quién? (2025) y Cuerpos locos (2025).
Aunque esa base se mantiene, lo que hace Castigo divino es un poco distinto, tirando más hacia un canallismo de fondo muy amable. Es decir, que el arco de redención de su protagonista estaría a medio camino entre la estupidez de Adam Sandler (Un papá genial, Mr. Deeds, Click) y el ‘cuñadismo’ de Leo Harlem (La familia Benetón, Como dios manda, El mejor verano de mi vida).
Lo que proponen Rubén Tejerina y Andreu Casanova —que ya colaboraron en la meta-serie Fuera de serie (2021)— en el guión es crear un entorno en el que sea posible ver algo atrevido o alocado, pero que se pueda después filtrarlo bajo una lectura moral que lo «limpie». Es decir, en Castigo divino podemos ver que su protagonista es un camello, pero luego tiene que reformarse para encauzarse, preocupándose por enfermos terminales y niños con cáncer.
El poder de Juan Dávila

Lo mejor de la película es, sin duda, la dirección de Pablo Guerrero, que hace que la parte dramática y de fondo suave de la película tenga el énfasis que necesita, orquestando las secuencias con cuidado y confiando en que Dávila —advertencia, no hace el papel de sus shows—pueda aguantar el peso cómico de la película. Y entre los dos lo sacan adelante.
Las sensaciones finales con Castigo divino, al final, son que está mejor hecha de lo que está pensada. Su propensión por el humor canalla está desactivada por una línea sentimental demasiado sobrecargada. Aun así, sus responsables defienden la propuesta hasta el final con fe para que sea sencillo dejarse llevar.
Dónde ver

Arturo Tena