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Críticas

Hasta que me quede sin voz: El complejo del artista

El empeño vacío por trascender y revestir el documental musical hace de menos a una película que, por el resto, consigue el objetivo: acercarnos a Leiva
Crítica de 'Hasta que me quede sin voz'

Hasta que me quede sin voz se acerca a la vida y circunstancias vitales del artista musical Leiva. El documental cuenta claves importantes de su pasado, contadas por él mismo, pero sobre todo se centra en un presente en el que sus cuerdas vocales están poniendo en serio riesgo su carrera. Mientras, sus giras, canciones y compromisos siguen llamando a la puerta.

Lucas Nolla, Mario Forniés y Sepia, profesionales del audiovisual —sobre todo en publicidad y videoclips— muy cercanos al propio Leiva, se han lanzado a hacer esta película sobre uno de los artistas del pop-rock que han encadenado más éxitos en los últimas décadas en España, desde su época en Pereza junto a Rubén Pozo hasta su ya larga década y media casi como músico en solitario.

Hasta que me quede sin voz es un poco de todo. Es repaso biográfico, es acceso a las confesiones y vida íntima del músico, es viaje entre las locas bambalinas de una gira y también es acercamiento al proceso creativo y personalidad del artista. El hilo conductor todo esas aristas es su problema con la voz, que es lo que va llevando a la idea central del documental: Leiva tiene necesidad de hacer música y la hará de la forma que sea.

Hasta que me quede sin voz y sin película

<strong>Hasta que me quede sin voz</strong>: El complejo del artista 1

La noción semiautodestructiva y romántica del artista es el leitmotiv de la película, que de esa forma busca justificar un poco su propia existencia como documento-película con más peso específico que una serie de autobomboinsider para lucir en el catálogo de alguna plataforma. Y de alguna forma consigue que ese ancla general cale y darle al documental una cierta unidad y cercanía al retrato de José Miguel Conejo Torres/Leiva.

Es la forma (en el guión y montaje) en la que se salva una película que, el fondo, tampoco tiene nada muy especial que contar sobre el músico. De hecho, hasta el problema vocal es un asunto, aunque quizá no desde tan cerca, sobre el que hemos leído, visto y escuchado decenas de veces de otros artistas. Por eso Nolla, Forniés y Sepia tienen que rellenar los huecos con otras cosas.

La trampa de querer ir más allá

<strong>Hasta que me quede sin voz</strong>: El complejo del artista 2

En esos espacios vacíos y su forma de abordarlos es donde la película pierde mucha de esa autenticidad que con tanto empeño quiere transmitir. Sobre todo, al darle un revestimiento estético (cambios de formato, tratamiento de la imagen, recursos de videoclip…) al asunto que, en vez de darle más entidad, se la quita. Quizá ahí la formación publicitaria de sus creadores ha ido más en contra que a favor.

La locura de las giras, las conversaciones dentro de la industria musical, la elaboración de letras y música, las confesiones entre bambalinas, los momentos de concierto, las comidas de los domingos con la familia —el retrato de sus padres, probablemente el mayor hallazgo—, la soledad del músico… son todo cosas que cualquier amante del biopic musical reconoce y sobre el que se añade una conclusión general de las motivaciones y miedos de un artista que ha tenido suficiente peso en la cultura española como para que se le escuche.

Por eso ese esfuerzo por trascender se siente más un complejo que un resultado, lo que acaba por hacerla más artificial y menos parecida a lo que hacen en Little SpainEsa ambición desmedida (2023), La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024)—, clara inspiración para el trío responsable de Hasta que me quede sin voz. Es una pena ese empeño porque desmerece una una película que, por otro lado, sí consigue acercar a su protagonista, que al final es de lo que va todo esto.

<strong>Hasta que me quede sin voz</strong>: El complejo del artista 3

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.