Clásicos del cine español
‘¿Quién puede matar a un niño?’: 50 años de la obra definitiva del maestro Ibáñez Serrador

A 50 años vista, la historia ha acabado siendo justa con ¿Quién puede matar a un niño?. Además de ser un taquillazo popular en su época, la perspectiva del tiempo la han convertido en un clásico indiscutible de nuestro cine. Nadie pone en duda ya ni el talento de Narciso ‘Chicho’ Ibañez Serrador como maestro del terror en España ni que esta película haya sentado unas bases de las que han bebido generaciones de cineastas posteriores a él.
Todo venía, en realidad, de antes: en 1966 Chicho ya nos había demostrado esa faceta perturbadora y terrorífica con la serie Historias para no dormir, relatos de terror que resultaron revulsivos en la dictadura (debido a la censura exhaustiva en la televisión). Unos años más tarde debutó en el cine con su primer largometraje La residencia (1969), un film de terror gótico muy correcto. Pero fue realmente en ¿Quién quiere matar a un niño? donde sintetizó alguna de las mejores ideas de sus capítulos de la famosa serie televisiva.
Pese a que la película está basada en una novela de Juan José Plans titulada El juego de los niños, poco tiene que ver con ella. La diferencia más clara es la supresión de la idea de una especie de polen que infectaba a los niños, original de la novela, para centrarse en una venganza hacia los adultos. Además, a lo largo de la película, podemos ver referencias de otros grandes maestros del terror como El pueblo de los malditos (1960) de Wolf Rilla, o La semilla del diablo (1968) de Roman Polanski.
Como pasaba en Historias para no dormir, la trama, a simple vista, es sencilla: una pareja de turistas ingleses decide veranear en una isla española, pero cuando llegan allí se dan cuenta de que no hay un solo adulto en sus calles o comercios, y rápidamente se ven perseguidos por una horda de niños homicidas.
El prólogo de ¿Quién puede matar a un niño? ya deja claro una de las grandes bases de la que se sustenta: los conflictos bélicos y crímenes cometidos contra la humanidad tienen como principales víctimas inocentes a los niños, a la infancia. En tan solo unos minutos nos muestra, con material de archivo en blanco y negro, imágenes reales muy crudas de Auschwitz o diversas guerras como la de Corea o Vietnam, enumerando el número de víctimas de menores en cada uno de los conflictos. Junto con una música infantil consigue que estas imágenes, por explícitas, sean hasta casi desagradables para el espectador.
Aunque en un principio esta presentación nos descoloca y nos da la sensación de que no tiene mucho que ver con la película en sí, nos deja muy claro la idea principal que quiere transmitir: una defensa de los niños en todo el mundo. Y esa idea la transmite de forma brutal y directa, convirtiendo a las víctimas en verdugos.
En su momento, debido a las apariciones de la Guardia Civil, algunos la tacharon de fascista. Algo totalmente alejado de la realidad: Ibáñez Serrador era un gran crítico con el franquismo; cansado, entre otras cosas, de sortear la censura en todas sus producciones. Ya vimos dichas críticas en su programa Historias de la frivolidad (1967), que fue emitido de manera casi clandestina al poner en evidencia (de manera sutil y con un humor irónico) al régimen.
Esta película se rueda precisamente con el franquismo languideciendo (1975), y estas ansías de libertad de Ibañez, aunque sin una voluntad ideológica directa, son muy evidentes en una película que rompe con lo establecido y va más allá de los límites asociados al terror en España.
Aún hoy tenemos asociado el género a la oscuridad; de hecho, la mayoría de películas de terror a nivel internacional trascurren de noche o en localizaciones lúgubres, y conseguir esa tensión e inquietud a pleno sol como hace esta película es algo muy difícil y digno de admirar. Es imprescindible destacar también el ambiente tenso y claustrofóbico, que facilita la inmersión total en ¿Quién puede matar a un niño?, así como la fotografía a plena luz del día de José Luis Alcaine. Toda esta tensión narrativa se refuerza —aún más— con la inquietante música de Waldo de los Ríos.
El legado de ¿Quién puede matar a un niño?
Tanto ¿Quién puede matar a un niño? como Chicho han tenido un efecto a lo largo de los años en generaciones posteriores. Grandes cineastas españoles, Alejandro Amenábar o Jaume Balagueró, reconocen la influencia que hay en sus obras. En las películas de Álex de la Iglesia (fan declarado de Ibáñez), podemos observar como en la mayoría de las cintas no da explicaciones cerradas sobre los fenómenos que expone, como puede ser el caso de estos niños que, sin explicar sus razones en ningún momento, se vuelven homicidas.
El caso más conocido es el de Juan Antonio Bayona, que incluso creó un cortometraje para homenajear al director. En su película Lo imposible (2012) vemos cómo se vuelve a abordar la idea de la ruptura del ambiente idílico del turista (en este caso por fenómenos meteorológicos). Pero también estaría el homenaje directo que hizo Alejandro Ibáñez Nauta, hijo de Ibáñez Serrador, en Urubú (2020).

Sin olvidar aspectos mejorables, como la traducción española de los actores protagonistas por considerar demasiado arriesgado estrenar en España una película hablada en inglés con subtítulos, ¿Quién puede matar a un niño? se ha convertido en una película de culto en nuestro país, rodada con un estilo muy moderno para la época.
Una cinta que incluso a día de hoy nos hace debatir sobre su propio título: pese a los horrores que puedan albergar, ¿seríamos capaces de acabar con algo tan delicado e inocente como un niño? Porque los grandes damnificados de nuestros actos siempre son ellos, que tienen motivos de sobra para vengarse de los adultos.





