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30 años de su estreno

‘Días contados’: cuando Imanol Uribe remató su trilogía vasca y el mito del Madrid de los 80

Cumple 30 años la que fue hasta hace poco la película más nominada de la historia de los Goya, una sórdida antihistoria de amor que consagró a Carmelo Gómez y lanzó a Javier Bardem y Candela Peña
‘Días contados’: cuando Imanol Uribe remató su trilogía vasca y el mito del Madrid de los 80 1

La historia de Días contados (1994) es la de una impugnación. Se puede ver como una película sobre ETA y su percepción en la España de la época, que lo es, o como un thriller erótico propio de los 90, que también lo es y bastante. Pero sobre todo son dos autores repasando su trabajo de una década antes y dándole la vuelta, señalando los vacíos que le encontraban sin renegar de él.

De un lado, Imanol Uribe. El director completaba con ella su condena definitiva a la banda terrorista, a la que había retratado en lucha contra el franquismo en El proceso de Burgos (1979) o La fuga de Segovia (1981) y señalando sus contradicciones en La muerte de Mikel (1983), todas ellas rodadas con ánimo casi documental y recogiendo un espíritu alejado del relato oficial de la Transición. Del otro, Juan Madrid, autor de la novela original, escribió un texto con el que buscaba desmitificar el Madrid de ‘la Movida’ y los 80 sacando a la luz toda su sordidez.

Disponible en FlixOlé, se trata de un thriller sucio y desagradable, con un protagonista sin redención y una violencia en elipsis, poco amable con el espectador. Fue la película que dio su primer Goya a Carmelo Gómez, convirtiéndolo en el actor por excelencia del cine español de la época, tan reclamo comercial como garantía de respeto crítico. Y también lanzó varias carreras que serían decisivas en los años siguientes: Ruth Gabriel, Candela Peña, Pedro Casablanc, Elvira Mínguez, Karra Elejalde, Pepón Nieto… y el mismísimo Javier Bardem.

Días contados es una de esas películas cuya importancia a veces se mide al peso, sin entender bien el contexto que le dio lugar. Hasta El buen patrón en 2022, era la película con más nominaciones en la historia de los Goya, hasta 19, casi todas a las que era posible además de un triplete en Actriz Revelación. “Solo” recogió ocho, incluyendo Película, Dirección y Guión Adaptado, más que suficientes para convertirla en una de las grandes triunfadoras de los premios en todas las épocas. 

Pero esos son meros datos. Lo interesante de Días contados es que sirvió de testigo de su época no solo por lo que contaba, sino por cómo lo contaba. En nuestro momento actual el thriller es el género por defecto de cine y series, pero siempre despolitizado, sucediendo en un limbo aparente sin asidero con la actualidad. En los años de hierro etarras de los 90, Uribe se atrevió a mostrar unos terroristas humanos, débiles, creíbles… pero nada heroicos, alejados de las versiones de luchadores por la democracia de los 70.

Al mismo tiempo los envolvió en un género popular, un thriller sexual de moda en la taquilla del momento gracias a títulos como Instinto Básico (1992), de Paul Verhoeven… solo que filtrado por el quinqui español. Si la novela original buscaba bajarle los humos a la imagen idealizada del Madrid de los 80, la versión en filme sabía que tenía sus propios referentes audiovisuales para eso, que ya habían buceado en las esquinas y vicios más sórdidos de las calles de la capital en su momento.

Hay que entender que la última película que se había acercado al conflicto vasco desde la aspiración de llegar al gran público era la mencionada La muerte de Mikel, del mismo Uribe, más de una década antes. Y que a continuación vendrían casi otros 15 años de silencio, hasta La casa de mi padre (2008), de Gorka Merchán, esta vez con Carmelo Gómez como un empresario amenazado por ETA. El cine español de los 70 y principios de los 80, en el que Uribe se hizo autor, no rehuía la política, pero la industria de los 90 y primeros 2000 sí que lo haría.

Al mismo tiempo su éxito y los premios consagraron un fenómeno paulatino que cristalizaba esos años en una nueva generación de directores (Amenábar, de la Iglesia, Coixet…): el de Estados Unidos como referente. Frente al cine de autor de narrativas y aspiraciones más europeas, a veces autorreferencial, los títulos comerciales españoles empezaban a fijarse en lo que funcionaba para el público desde el otro lado del Atlántico. El atrevimiento de Uribe y Madrid fue usar esas formas prestadas para imbricarlas en temas locales, sin acartonar conflictos que habrían sido culturalmente marcianos para el españolito de pie.

El 30 aniversario de Días contados nos sirve para contemplarla como esa rampa de salida para tantas carreras actorales que hoy nos parecen naturales, como si fuese un vivero de estrellas. Y también para recordar como los relatos del cine español y las formas en las que se envuelven no viene de la nada, sino que nos llegan a través de autores que repasan sus propias carreras, y la realidad que les dio forma, convirtiéndolas en películas capaces de congelar su época.

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.