Críticas
El campeón: Fútbol no es fútbol

'El campeón'. ©Netflix España. Montaje: ©Cine con Ñ
El campeón cuenta la historia de Diego (Marcel Serrano), un conocido futbolista del Atlético de Madrid que se ha convertido en el mejor jugador joven del momento. Pero su carrera está en peligro por su errático comportamiento, agrediendo a rivales e incluso a compañeros de equipo. Su padre (Pablo Chiapella) y su representante (Luis Fernández) buscarán una forma de calmar las aguas: contratar a un profesor de psicología (Dani Rovira) que pueda ayudar a Diego a encauzar su camino.
Netflix presenta esta película maestro/alumno que tiene la novedad de presentar por dentro el mundo del deporte, algo poco habitual en la ficción española. El segundo atractivo, menos habitual aún, es que se retrata los entresijos y el propio juego en un equipo de fútbol real como es el Atlético de Madrid S.A.D, al que se le capta desde el terreno de juego en el Estadio Metropolitano e incluso se hace referencia a su dimensión y eslogánes actuales (el cholista «nunca dejes de creer»).
Pero hasta ahí el interés que puede generar El campeón, una película estancada en las dinámicas semiautomáticas de producción de la plataforma y con un guión insípido, adaptado de la italiana Il campione, que no se sale del esquema básico del mentor y el alumno díscolo a redimir, y cuando lo hace es para mal. No ayuda nada la nula personalidad que desprende Marcel Serrano, alias Swit Eme, como protagonista, pero tampoco lo rescata un Dani Rovira que, en este mismo registro, está mucho mejor en El bus de la vida.
Fútbol y cine, una relación difícil

Hay que darle el mérito a El campeón de, por lo menos, hacer el esfuerzo de intentar parecer una película sobre deporte. Pero el esfuerzo se queda en la producción, en tener determinadas licencias (Netflix ya la rentabiliza en una serie documental de LALIGA), permisos de rodaje, secuencias de acción deportiva y algunos detalles que le den cierta verosimilitud (sobre todo vinculados con el presente y el pasado del Atlético de Madrid). Eso son gestos que hasta ahora no se habían visto y que, más allá de que sean más o menos marketing del propio equipo, dan cuenta de que hay un intento real por meterse en el mundo del fútbol por dentro.
La lástima es que todo este empeño, que queda muy bien en las fotos y en un tráiler, se ve muy deslucido por el empaque visual final que se le da: los efectos visuales son precarios, lo que rompe la «inmersión» en lo deportivo y ciertas soluciones que da Carlos Therón en la dirección se notan más dirigidas a achicar agua y tapar agujeros que realmente a ofrecer el mejor plano posible a nivel narrativo (¿esos primerísimos planos?).
Al final, a uno se le queda la sensación de que El campeón está cocinada a medias, y eso es casi peor que haberse inventado toda una realidad paralela, con equipos inventados y situaciones ajenas a la realidad. Esa voluntad de acercarse a un equipo de verdad lo máximo posible acaba por crear el efecto contrario. Una película como esta habría necesitado de un presupuesto mayor que permitiera que el valor de producción remase a favor de lo que se estaba contando. El aroma a película de plataforma empieza a ser casi el de una tv-movie vitaminada.
¿Quién es el campeón?

No ayuda tampoco que la construcción narrativa y el desarrollo de los personajes sea tan vago y aproximativo. No es que se espere que una película así vaya a reinventar la rueda ni los géneros cinematográficos, pero sí que tenga una cierta solidez a la hora de hacerse cargo de esos arquetipos. Aunque Therón, que es buen director, lo revista con algún plano secuencia y juegos con el sonido, la realidad es que el foco central de la historia, la ayuda mutua entre profesor y discípulo para superar sus problemas psicológicos, es tan indolente como su ‘campeón’.
Al final, toda la parafernalia del fútbol y otras tramas (algunas innecesarias, como la historia de pareja de Diego, por ejemplo), que importan poco, parece que quitan tiempo a lo que debería ser la forma en la que el personaje del «alumno» consigue canalizar sus frustraciones. Y eso está explicado en un par de secuencias demasiado teledirigidas, mientras parece que, en el fondo, el que recibe ayuda de forma más profunda, a través de situaciones que la ejemplifiquen, es el personaje del «profesor». Un poco al revés, según el propio planteamiento del filme.
Con este lío entre los dos personajes, además de un poco de discurso vacío sobre la genialidad y el ser fiel a uno mismo, los actores lo tienen aún más difícil. Quizá sea por eso que ni Dani Rovira ni —sobre todo— Marcel Serrano consigue salvar el conjunto con unas interpretaciones flojas y de dos dimensiones y, sobre todo, con una química entre ellos práticamente. Con un final flojo que es una huida hacia no se sabe muy bien dónde, El campeón es una película para streaming en el peor sentido posible del término: apariencia de mucho para resultado de casi nada.
La puedes ver online en


Arturo Tena