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CRÍTICAS

Devoción: Giro al vacío

Una película basada en dos personajes y varios quiebros argumentales que no está a la altura de su planteamiento
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Devoción arranca con un cura (Joaquín Furriel) en la cárcel: se llama Fernando y está a la espera de juicio, acusado de haber asesinado a una mujer. Ruth (Elena Martínez) se convierte en su principal defensora a lo largo de los años mientras él sigue en prisión, y ambos empiezan una relación amorosa. ¿Qué es lo que pasó realmente? ¿Es el hombre el verdadero culpable o es inocente del asesinato?

Rafa Russo (El año de la furia) ha ideado y dirigido este thriller psicológico que gira alrededor de los distintos encuentros entre estos dos personajes a lo largo del tiempo. A través de las cuatro paredes de la celda, la película juega en la ambigüedad de la culpabilidad o no del hombre de los crímenes de los que se le acusan, además de los vaivenes de poder, pasión y dependencia de su relación con una mujer que decide defenderle hasta el final.

Devoción es una película que lo fía casi todo al juego con el espectador: a los distintos giros de guión y al quiebre de expectativas de lo que está pasando o puede suceder. Mucha ocurrencia argumental, pero sin prácticamente nada detrás de la trama criminal. Ni hay personajes convincentes, ni hay un drama sostenido, ni hay una idea cinematográfica clara de qué y cómo se quiere contar esta historia, más allá de sus caprichosas elipsis y esa localización principal.

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El problema principal de Devoción es que quiere ser una película muy seria, psicológica y de personajes de tres dimensiones, al mismo tiempo que, en el fondo, se nota demasiado que lo único que le interesa es crear el mecanismo con el que ocultar y presentar la información a los espectadores de la forma más inesperada posible. Así, el emperador de la ficción está desnudo: la apariencia de complejidad se queda en eso, solo apariencia, y los giros dan cada vez más igual según se va acumulando.

Y de ahí todo lo demás. El guión de Russo supedita la construcción de sus personajes a una serie de resortes narrativos que tienen que ir saltando según su estructura va avanzando. Y eso se puede disimular e incluso hacer bien en otro tipo de película, pero en Devoción hablamos de que el duelo dramático entre sus dos protagonistas es constante. El personaje de Furriel se disuelve como un azucarillo según su enigma inicial se va disipando y el de Martínez se mueve en el único registro que puede hasta que conviene a la historia.

Romance arrebatado, estudio de personajes, rompecabezas policial, drama judicial… la lucha por querer ser relevante mientras no se admite que se es superficial deja a Devoción sin tono ni tensión, dando botes de un lado a otro mientras se intenta captar desesperadamente la atención de un espectador que ya solo puede estar pendiente de cómo se sale del lío.

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Tampoco acompañan ni la puesta en escena (¿Qué tipo de celda es esta?) ni el dispositivo audiovisual. Todo está filmado a través de planos que quieren parecer elaborados por insólitos en sus enfoques y ángulos, cuando muchas veces no aciertan ni en lo más básico de iluminación y perspectivas. Así, no funciona ni la apuesta por los grises y tampoco la sordidez carcelaria. Furriel y Martínez, pese a sus esfuerzos, no consiguen que sus interpretaciones llenen lo suficiente la pantalla y tapen estos agujeros.

Por cerrar el caso: el planteamiento y estructura de Devoción pide o precisión quirúrgica y un estudiadísimo planteamiento nacido de sus personajes o, en lado contrario, puro divertimento, un abrazo al cine de género para hacerlo suyo desde una perspectiva más autoconsciente. No tiene ni una cosa ni la otra, quedándose en una intricadísima historia con muchas frases sentenciosas pero sin sustancia real.

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.