Series españolas
Mentiras pasajeras: Hazme un Almodóvar para guiris

En Mentiras pasajeras Lucía, una cirujana plástica de éxito, se ve de repente sin trabajo y acusada de espionaje industrial tras haberse gastado todos sus ahorros y prometido a su marido, un escritor en crisis, que lo mantendría para ayudarlo a terminar su nueva novela. De manera que con ayuda de su mejor amiga y una familiar ahora tiene que solucionar dos problemas: uno, conseguir dinero para mantener su tren de vida, y dos, demostrar que es inocente del espionaje y acusar al compañero que la traicionó, un joven trepa.
Otro pasito de Paramount, que en España disfrutamos vía SkyShowtime, para intentar competir el público hispanoparlante global. Recordemos que Apple TV tiene en proyecto una adaptación a serie de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) ambientada en Miami y suponemos que rodado en spanglish, y es imposible desligar ambos títulos de esa competición por el espacio en castellano en América y de la recepción altamente exotizante que se hace en los EEUU —aunque también en algunos espacios de América Latina— de la obra de Pedro Almodóvar.
Mentiras pasajeras ni siquiera es la primera colaboración para serie de El Deseo y Félix Sabroso, ya que el canario codirigió junto a Dunia Ayaso en 2006 la primera y única temporada de Mujeres. Fueron 13 episodios emitidos en La 2 de una comedia costumbrista con toques de surrealismo que era, igual que en este caso, quedarse con la superficialidad estética del universo almodovariano y desperdiciar a la pareja de cineastas al rebajar con agua su capacidad para el humor negro o el astracán por entender mal lo que significa dirigirse a un público mayoritario.
Mentiras arriesgadas

Es complicado darle una crítica «negativa» a esta serie, más que nada porque en esta casa es auténtica devoción lo que sentimos por cualquier cosa que produzcan los Almodóvar y que cuente con la participación, aunque sea como figurante comiendo pipas al fondo de una sola toma, de Felix Sabroso. Pero por momentos Mentiras pasajeras se asemeja a los elementos que chirriaron en Los amantes pasajeros (2013), a la que no es casualidad que haga un guiño en su título, o esos momentos que se veían de la ficticia Chicas y maletas dentro de Los abrazos rotos (2009), cuando las actrices andaban todas fuera de tono en el montaje boicoteado por el productor.
No es «mala», no es un desastre, solo es que suena a ya vista o a que se queda a medias en lo que quiere conseguir. El reparto es muy bueno y muy bien elegido cada uno para su personaje, incluido un Quim Gutiérrez, que en parte se dedica a parodiar el eterno papel del protagonista de Primos (2011) que le dan siempre. Elena Anaya es la payasa seria del vodevil y clava el espíritu de su muy loco personaje, versión esperpéntica de todas las protagonistas ricas luchando por mantener su status y de los ejecutivos ambiciosos de cierto tipo de ficciones aspiracionales. Sobre el papel, todo bien.
De últimas estamos ante un drama de pijos narcisistas intentando conservar sus privilegios, enfocado a medias desde la comedia negra y a medias desde el melodrama. Bueno, eso, comedia almodovariana de los 80, Mujeres al borde de un ataque de nervios, que como comentábamos parece que es lo único que les gusta a los gringos. El problema es que debería ser divertidísimo y solo es ocurrente por momentos, algunas de las escenas más esperpénticas están rodadas como con desgana y a los diálogos parece faltarles un punto de velocidad o exceso. Están escritos como comedia absurda e interpretados como cotidianos.
Estéticas pasajeras

En cuanto a la comentada estética «almodovariana», pues tres cuartos de lo mismo. Ayaso&Sabroso ya empezaron en los 90 llevándola a un punto de despelote más allá, más naïf y más gamberro al mismo tiempo, mientras que el manchego la depuraba hasta su actual estilo que lo hace no solo único, sino capaz de superar las limitaciones tradicionales del melodrama o la comedia. Esto es una especie de destilado de aquello, una muestra para guiris, como un tablao de baratillo. Ejecutado por profesionales de alto nivel, pero que solo quieren pillar las perras y largarse a hacer cosas que les interesen más. Los títulos de crédito, eso sí, de lo mejorcito reciente. Pero poco más.
Quizás el problema es llegar a Mentiras pasajeras con la expectativas demasiado altas por los nombres que tiene detrás. Debería ser uno de los estrenos del año y se va a quedar en una serie más, olvidable. Uno de los problemas del actual giro industrial de la coproducción con y para América Latina: se aspira a un público tan masivo que se tiende a tratarlo como idiota, superficial o desganado. La creadora del concepto la serie y coguionista, Nerea Castro, es la coguionista de La cima (2022), de Ibon Cormenzana, y responsable de cortos como Zarpazo (2017), así que es posible que originalmente la idea fuese otra y se haya ido transformando para convertirla en esto.
Suturando la lipo, o cómo se haga eso, Mentiras pasajeras no es mala, pero tampoco buena. Es una serie entretenida, con momentos graciosos y un par de ideas originales como base, y una estética concreta muy cuidada pero que se intuye artificial en el sentido de no estar ahí porque sea lo que les interese a los creadores, sino porque es lo que esperan prefabricar. Un producto muy bien hecho, pero que aspira a vender superficie sin contenido ni excesivo esfuerzo.


Jose A. Cano