Suscríbete Iniciar sesión

Series españolas

Nacho: Todo lo que nos merecemos

Un biopic convencional que no se mete en berenjenales si no le hace falta y al mismo tiempo una ida de olla tremenda que solo quiere ser divertida
Nacho: Todo lo que nos merecemos 1

Allá por 2001 Patricia Ferreira estaba eligiendo reparto para El alquimista impaciente cuando se cruzó a Nacho Vidal en un evento. Vidal iba caracterizado: cadenitas, pesholobo, gafas de hortera, más gomina que Sergio Ramos antes de fichar por el Real Madrid y en cada brazo, agarrada de la cintura, una chavala, una rubia y la otra morena, las dos medio en pelotas.

Ferreira, según contaba ella misma, iba con su marido que parecía que venían de la compra semanal. Los sentaron juntos, por cosas de la vida, y ella acabó ofreciéndole un papel en su película, el de Vasili, proxeneta ruso bastante secundario pero clave en la trama. Búsquenlo, que lo contaron en Versión Española, para regocijo de Cayetana Guillén Cuervo.

El reto de Nacho, la serie, es ser una performance de la performance. Más allá de que, si se atiende a su propio relato, el protagonista debía ser un chulopiscinas ya de partida, la serie insiste en que Nacho Vidal no es real, sino el invento de Ignacio Jordá. Al menos en los cuatro episodios que hemos visto como muestra de prensa, es decir, a falta de media serie, la parte de gloria y posterior descenso a los infiernos, de los cuáles dedica uno entero a que se «invente» al personaje. Pero también el narrador en off es él mismo, así que casi nada es 100% fiable y un montaje y unos créditos con muy poca vergüenza ayudan a la sensación de fiesta loca que de vez en cuando se pone sería.

Por otra parte, la serie llega a ATRESplayer de rebote y como buena muestra de los espasmos que vive el tema streaming, donde no todo el monte es orgasmo. Su plataforma, StarzPlay o Lionsgate+ o lo que sea ahora, cerró en España, encontró casa gracias a que el equipo detrás es de profesionales muy conocidos en nuestro país, y acabó en una Atresmedia donde encaja perfectamente, justo entre Cristo y Rey y Camilo Superstar.

La industria española se rescata a sí misma, más o menos, ante un pinchazo de especulación guiri, pero por el camino que ahora la en otro tiempo mojigata Antena 3 tenga plataforma de pago permite una serie cafre donde hay escenas en las que un señor levanta una bombona de butano con la pilila. Todo es ganancia.

Una carrera larga y dura

Nacho Vidal serie atresplayer estreno

En fin, que Nacho, la serie, viene a ser una mezcla de comedia negra e historia de deportes, lo cuál aumenta la gracia de lo anterior. El protagonista es un cabra loca pasado de vueltas aplastado por la presión familiar que encuentra algo en lo que es bueno y consigue centrarse gracias a ello, compitiendo por convertirse en el mejor y pasando por todas las etapas de subida hasta el estrellato y posterior descenso a los infiernos. En parte es una historia de desclasamiento —Jordá saca a su madre de fregar suelos ajenos gracias al dinero que hace a golpe de pito—, y también de la relación de un hijo con la imagen de su padre, antiguo empresario de éxito ahora afectado por un problema de salud mental.

Cada episodio de los cuatro que hemos visto consisten en que Nacho se enfrenta a un nuevo reto en su escalada por la industria del sexo, lo supera con entrenamiento o adquiriendo nuevas habilidades, de manera que cambia también como persona, y casi siempre el precio es perder a alguien, literalmente o figuradamente. Es el esquema de un manga de deportes —spokon, tienen nombre para todo estos japoneses, como el porno—, pero también el de la saga de Rocky. El principio, de hecho, el prota no está tan lejos de Balboa, porque es básicamente un buen tipo, solo luego se va volviendo un poco gilipuertas.

Hay un momento en que parece que Nacho, la serie, no quiere meterse en muchos berenjenales, hasta que llega el personaje de Rocco Sifredi. Es un poco ingenuo la forma de contarlo, incluso pasándolo por el tamiz de que parece que nos gusta retratar los 90 de forma infantilizada —y no, ya había gente adulta, es que muchos creativos y espectadores entonces éramos niños o jóvenes, ya está—, pero usa al personaje de Sara Bernat, la pareja de Vidal y también actriz porno, para meter la pildorita de crítica a las malas prácticas de la industria, una violencia soterrada contras las mujeres que entonces ya era incómoda y hoy resulta denunciable. María de Nati, por fin con un protagonista, está que se sale, por cierto. Y no es un doble sentido, porque no querría decir nada, en esta serie y en ese ámbito todos están que se salen.

Hacer crecer la industria

Nacho Vidal serie atresplayer estreno

A nivel de ver al audiovisual español contando su propia historia, el loco mundo del porno de los 90 se presenta alrededor de la figura de José María Ponce, director de pelis X del momento al que, aparentemente, Vidal, Bernat y sus otras estrellas llamaban «padre». El submundo de las salas de fiestas con sexo en directo, lugares que harían sonrojar al Juanma Bajo Ulloa de aquel Festival Internacional del Cómic en Granada del que usted me habla, huye de la sordidez esperable y lo convierte en un simpático circo de los monstruos, una familia disfuncional de la que el protagonista huye, como ha hecho ya de la biológica, aunque siga apegado a ella.

El reto pasadísimo de vueltas de a ver quién aguanta más sin correrse, pues esperaremos al artículo SEO de algún medio no especializado sobre «qué es verdad y qué no en Nacho, la serie sobre Nacho Vidal». Queda gracioso en su contexto, la secuencia de «entrenamiento» es hilarante, casi lo mejor de la serie que hemos visto, y luego plantea un conflicto real a la pareja protagonista, cuando se dan cuenta de que una vez metidos en el negocio, no siempre rodar juntos sus escenas. Rodar juntos sus escenas quiere decir follar, por si no ha quedado claro. Lo hago poco sutil porque así es Nacho. Con la delicadeza de quien te pone un pie en la cabeza mientras te sodomiza, eso que según cierto porno es «sexo normal».

Los dos primeros episodios corren a cargo de David Pinillos (Un asunto privado, Las chicas del cable), y los dos siguientes de Beatriz Sanchís (The Gigantes), curiosamente dos cineastas premiados en el Festival de Málaga, donde se podrá ver también esta serie, él por Bon apettit (2010) y ella por Todos están muertos (2014). Los dos se divierten con una puesta en escena, en principio, alejada de sus estilos, muy loca y con mucho humor, aunque ella parece más suelta en sus dos capítulos, quizás porque son en los que el guión permite irse más de madre. Las escenas de sexo son casi siempre más del bateador sacando la bola del estadio o humorísticas, que es lo que pide la historia.

En fin, que Nacho es una locura, una ida de olla y al mismo tiempo un biopic convencional que solo pasa por asuntos complicados cuando no le queda más remedio. Una serie divertida y hecha para ganar dinero, pero con un planteamiento artístico detrás bastante coherente y, sobre todo, que tiene ganas de liarla parda, probablemente la mejor decisión posible, porque ponerse trascendentes con el material de partido podía haber sido un desastre. Una serie larga y dura, que nos quiere dar todo lo que nos merecemos, que es algo muy gordo.

Imágenes: Nacho – Atresplayer
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.