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No me gusta conducir: Aprender a ser adulto

No me gusta conducir narra la odisea de Pablo, un profesor de universidad que decide sacarse el carnet a los 40 años. Recién divorciado, acostumbrado a llevar siempre la voz cantante y en general un poquito pedante, se ve de repente metido en una situación en la que es completamente dependiente. Para más humillación, desde su punto de vista, su compañera de clases es una de sus alumnas en la Facultad y su profesor de la autoescuela cumple todos los tópicos del cuñado bromista. Así, Pablo aprenderá que tiene mucho que aprender.
Borja Cobeaga ha vuelto a ponerse detrás de las cámaras para un proyecto propio por primera vez desde Fe de etarras (2017) —por en medio ha dirigido episodios de Vamos, Juan (2020) o Justo antes de Cristo (2019)— con una historia de humor costumbrista y cotidiano, muy en su estilo, en la que se prodigan las situaciones en las que los personajes no son conscientes de que están viviendo una comedia. Una serie en parte autobiográfica en la que trata la idea de la familia, la crisis de los 40 y el desmantelamiento del señor refunfuñón que muchos llevamos dentro.
El humor de No me gusta conducir

No me gusta conducir, al menos en los episodios que hemos podido ver, es el show de un Juan Diego Botto al que el guión y la dirección le sacan petróleo basándose precisamente en que no tenga vis cómica. El protagonista es un tipo un poco repelente y maleducado, un profesor universitario demasiado malacostumbrado a tener siempre la razón, que se ve metido de situación humillante en situación humillante -desde su punto de vista- mientras el resto de personajes perciben un humorismo que a él se le escapa.
Eso sí, la atención se desvía de él en cada escena de las clases prácticas del carnet que comparte con David Lorente, que interpreta a Lorenzo, extaxista y profesor de autoescuela encargado de que Pablo se saque el carnet sin matarse él ni matar a nadie. En la superficie, el tópico del cuñado bocazas que arrasa con todo cada vez que abre la boca, en el fondo, un buen tipo sin mucha maldad pero con paletadas de picaresca, que entiende al protagonista mejor de lo que este mismo cree. Un personaje divertidísimo, irritante y tierno a la vez, porque es el que se siente más real de todo el guión, y que el actor clava.
La dirección de Cobeaga, así, no se complica mucho la vida. Exprime a Botto siguiendo sus expresiones con la cámara y dándole el alivio del contraplano al personaje de turno que se ríe de él cuando la comicidad lo pide, enmarca a los personajes a los mandos del coche como en cualquier reality de famosos yendos juntos a por café -de hecho, está claro que se ha visto el programa de Jerry Seinfeld al respecto- y el resto del tiempo se limita a que sepamos lo que pasa y el reparto, muy bien seleccionado, haga el resto.
Sacarse el carnet, pero el de persona

No me gusta conducir asume la obtención del carnet de conducir como una especie de rito de paso a la adultez que se relaciona con la autonomía personal e indica el nivel de indefensión ante la vida que siente el protagonista. Aunque la evolución que se intuye para el personaje de Botto es previsible, en el fondo es divertido, y queremos verlo tender lazos con su insoportable profesor o la alumna voluntariosa y un poco repipi que lo quiere adoptar. Que la chófer habitual de Pablo sea su exmujer (Leonor Watling, enganchada ya la comedia) subraya su extrema dependencia.
Porque al final No me gusta conducir es una serie sobre la familia. Un pequeño spoiler del primer episodio: Pablo quiere sacarse el carnet para poder conducir el coche que ha heredado de su recientemente difunto padre, en el que viajó con él como pasajero tantas veces cuando era niño. Su irritabilidad constante y aparente torpeza ante cualquier desafío, aunque vayan con su carácter, tienen más que ver con un duelo en curación y ese momento de la vida en que el paso del tiempo nos aplasta con su crudeza que con otras cuestiones. Y la necesidad de sentirse adulto que siente tiene mucho que ver con la ausencia ya irreparable del hombre que lo crió.
Por ir aparcando: No me gusta conducir es un trabajo notable de Cobeaga, puede que no su comedia más revolucionaria, pero si una que desvela su control del humor desde la naturalidad y la contención, sin necesidad de cargar las tintas con situaciones inverosímiles o diálogos pocos naturales. Una serie tierna, que trata bien a personajes lo justo de miserables y de buenazos para que queramos acompañarlos y que encima refleja situaciones familiares bastante reconocibles. Una gran comedia sin hacer alardes, que ya es decir.
La puedes ver online en


Jose A. Cano