Críticas
Asombrosa Elisa: No se sabe, hay una elipsis

En Asombrosa Elisa la protagonista, Elisa, es una niña de doce años que acaba de perder a su madre en un accidente y asegura que tiene superpoderes. Su padre intenta convencerla de que no es invulnerable mientras la ayuda a pasar el duelo, aunque ella vive obsesionada con su cómic favorito, Asombrosa Beatriz. Al mismo tiempo y no muy lejos de allí, un pintor y su esposa, que está en silla de ruedas, viven una crisis de pareja.
Presentada en el Festival de Sitges, Asombrosa Elisa no es nada parecido a una película de superhéroes, aunque utiliza el concepto y sus temas asociados para dar salida a las situaciones de las que quiere hablar y enrarecer aún más su aire de terror psicológico. Es, si se me permite la licencia porque estas comparaciones nunca deben entenderse literalmente, una especie de cruce a medio camino entre el estilo y las aspiraciones de Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), y el envoltorio y las obsesiones formales de El Protegido (M. Night Shyamalan, 2000).
También se une a la lista de producciones que, en paralelo, están tratando la sexualidad y el deseo de las personas con discapacidad, aunque de una manera inesperada y destinada a causar una incomodidad extrema en el espectador. Sadrac González-Perellón parece mantener, además, una línea de retratar a niñas solitarias superando a su manera alguna clase de duelo tras Myna se va (2009, dirigida junto a Sonia Escolano) y Black Hollow Cage (2017, ya en solitario), aunque esta es, con diferencia, su obra más compleja, inquietante y redonda.
Asombrosa Elisa y el hijo (pródigo)

La lista de referencias en la batidora de la película empieza por la mencionada Magical Girl y sigue con alguna versión torcida del género superheroico como El hijo (David Yarovesky, 2019), más algún eco de la reciente miniserie Yrreal (Alberto Utrera, 2021) y su máximo referente Kick-Ass ( Matthew Vaughn, 2010). pero sobre todo tiene terror clásico, como Don’t Look Now (Nicolas Roeg, 1973) o las atmósferas enrarecidas que rozan la fábula tan propias de Shyamalan. El indio está muy presente en muchos planos y composiciones de González-Perellón, que tiene su principal aportación en optar por el 4:3 para simular viñetas.
La atmósfera inquietante, en la línea de Vermut, que impregna cada diálogo de Asombrosa Elisa aprovecha bien la presencia física de sus tres protagonistas adultos, curiosamente con Massagué y Etxeandia, por una vez, interpretando a personas perfectamente normales metidas en una situación anormal. Su protagonista infantil, Jana San Antonio, cumple bien, casi que muy bien, cuando le toca interpretar sin palabras, pero lleva peor algunos diálogos, aunque los intérpretes mayores, sobre todo Massagué, hagan un esfuerzo notable por adaptarse a ella.
Al detalle del 4:3 el cineasta añade otros giros meta de su propia cosecha, como el personaje pixelado, que es un juego obvio con el espectador, la historia paralela de Asombrosa Beatriz con sus reflejos torcidos de la trama principal o los villanos puntuales cuyo aspecto, actuación y lógica es propia de un matón de tebeo… hasta que deja de serlo. La función de la superheroína ficticia parece obvia desde antes de que aparezca, pero desde que sus aventuras avanzan veremos que la película sigue caminos mucho menos complacientes.
Familia, valores y hostias como panes

En última instancia y como comentaba antes, Asombrosa Elisa es una historia sobre duelos y relaciones familiares disfuncionales en la que el juego de espejos y paralelismos en el guión y la puesta en escena son fundamentales. Si un personaje pone unos zapatos a otro que no puede por sí mismo, el momento en que otro se los quite querrá decir algo sobre la relación entre los anteriores. Si en diferentes momentos hombres inmovilizan a mujeres e incluso les tapan la boca para evitar que griten, casi nunca sus relaciones de poder serán las que parecen evidentes y unas situaciones serán caricaturas de otras.
También deja un par de las escenas de sexo más incómodas del cine español reciente, que por supuesto dialogan entre ellas, y una reflexión sobre las funciones del arte y su capacidad para reflectar la realidad que llega hasta la última escena, donde la confusión entre realidad y ficción ya es extrema. El guión está lejos de ser perfecto porque a veces nos pierde en detalles y otras no se decide a si un personaje odia más a otro o a sí mismo, pero sabe sembrar y recoger con mucha eficacia y, sobre todo, una sutileza que a veces roza lo subliminal.
A veces confusa a sabiendas, a veces incómoda, Asombrosa Elisa tiene el mérito de ser hipnótica en un sentido literal, el de no permitir apartar la mirada y sumergirte en un estado casi de trance. Aún cuando no tienes claro lo que estás viendo, sea por lo intencionadamente ambiguo del argumento o la batidora conceptual de González-Perellón. Usa el terror, lo meta y un toque de fantasía para esconder un drama humano tan duro como efectivo y consigue sorprender a la hora de retratar el duelo, la discapacidad y las relaciones matrimoniales. Una película notable.
La puedes ver online en



Jose A. Cano