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Películas españolas 2026

Dúo: El baile interior

El cautivador segundo largo de Meritxell Colell expande las diatribas existenciales de la protagonista de ‘Con el viento’ hacia el Altiplano argentino, escenario de una crisis de pareja
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Dúo es la historia de una crisis y, por tanto, es una película que se pliega en dos pedazos y en los dos tiempos que van de la caída a la superación. Es una road-movie que circula de la noche al día, de la voz interior a la exhalación reconfortante, y en la que Meritxell Colell regresa de nuevo al cuerpo de Mónica García, coreógrafa protagonista de Con el viento (2018), para viajar de vuelta a Argentina e interrogarse, acompañados esta vez del paisaje andino, por el lazo que nos conecta con el mundo. 

Si en su primer largometraje Colell escudriñaba las relaciones familiares de Mónica en su regreso al hogar tras la muerte del padre, ahondando en la lejanía de la protagonista con su madre y hermanas, en Dúo la observamos de nuevo en tránsito emocional, enfrentándose al desamor y a la ruptura con Colate (Gonzalo Cunill) mientras viajan de gira por el Altiplano argentino. Lo que iba a ser un viaje artístico para acercar posiciones afectivas, se transformará, a diferencia de lo sucedido en su ópera prima, en la particular travesía por el desierto de dos cuerpos despidiéndose

Así pues, la dualidad palpita por toda la obra, pero solo para incidir en el viaje personal que está emprendiendo Mónica. Lo dual, no obstante, la acompaña –la noche y el día, la mujer y el hombre, la cultura occidental y la andina– y su presente se desarrolla a su vez en dos dimensiones, la externa y la interna, que toma la forma de unas sensoriales imágenes en 16mm. Al mismo tiempo, Dúo se despliega mediante una narración especular, cuyo final se refleja en el inicio como si fuera un papel doblado, con el fin de mostrar el arco de la protagonista. 

El rostro de Dúo

Dúo: El baile interior 1

«El rostro es el punto de partida», dice el teórico Jacques Aumont en El rostro en el cine (Paidós Ibérica, 1998), y Dúo parece querer seguir a pies puntilla esa máxima que encapsula la que quizá es la poética más arrebatadora del séptimo arte. El rostro de Mónica nos seduce en el mismo arranque de la película, captado a fuego en la oscuridad nocturna, y lo seguimos hasta el fin del mundo en sus diatribas emocionales. La cámara de Colell y de Sol Lopatín funciona como una segunda piel, sin miedo al primer plano, a esa imagen-afección que apuntaba el también pensador Gilles Deleuze. 

Es lógico que para una película que habla de las distancias en una pareja la escala de los afectos sea determinante, y la atención con que Colell la trabaja es sobresaliente. La cineasta saca provecho del abrumador paisaje del Altiplano, aunque ese juego de medidas no solamente toma el espacio geográfico y su orografía como unidad, sino también consigue que el contacto con los locales ejerza de catalizador de la crisis de pareja. A medida que Mónica trate con distintas mujeres de varias de esas comunidades, más lejos y más libre se sentirá.

Coreografías del adiós

Dúo: El baile interior 2

Aunque Colell esquiva todo lo que puede la explosión verbal entre Mónica y Colate, es en las escenas de danza donde las heridas, reproches y aflicciones cobran cuerpo, atravesando de manera cautivadora el de sus protagonistas. Las tres principales secuencias de baile coreografían su manera de estar con el otro, y si la del arranque nos presenta a la pareja primero bajo una cercanía que veremos al cabo de poco como un simulacro –la pieza con la que están de gira es una coreografía sobre su relación sentimental–, el corolario, pegado a los cuerpos y movimientos del dúo, es absolutamente desconsolador. 

Como sucedía en Con el viento, la danza es un elemento cinematográfico más, aunque aquí ya no es un soliloquio sobre el movimiento, sino una conmovedora coreografía del adiós. A la directora le interesa investigar la verdad de ese cuerpo a cuerpo, de esa tensión que arquea los gestos y pone en circulación emociones subrepticias y calladas. «Hay muchas formas de entenderse que no sea a través de las palabras», dice Mónica en un momento de la película. Colell conoce ese lenguaje misterioso y, afortunados, nos lo cuenta maravillosamente. 

Paula Arantzazu Ruiz

Paula Arantzazu Ruiz

Doctora en Comunicación Social por la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona), con una tesis sobre Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi y la cultura visual de la medicina. Colabora como periodista y crítica cinematográfica en Cine con Ñ, Cinemanía, Diari Ara, Rockdelux, Tarde de Perros-SensaCine, Cáñamo, entre otros medios. También ejerce la docencia como profesora asociada en la Universidad de Murcia.