Críticas
Tengamos la fiesta en paz: Save The Children

Tengamos la fiesta en paz cuenta la historia de los tres hijos de una familia numerosa, los cuales, ante la inminente amenaza de divorcio de sus padres y en vísperas de Navidad, deciden encerrarlos incomunicados en la vieja casa familiar del pueblo para que arreglen sus diferencias. La situación se desarrolla con surrealistas consecuencias pero final feliz, con participación del Belén viviente del pueblo y números musicales.
Esta película se ha rodado explícitamente como un alegato contra el divorcio que además debe funcionar como comedia para toda la familia, lo cual justifica en parte que simplifique las razones que llevan a una decisión tras trascendental como es una separación de ese tipo. No es que frivolice con los valores familiares. De hecho, quizás el problema principal es que se los toma demasiado en serio mientras intenta no dejar de ser una comedia. Y la comedia es enemiga de la gravedad y de lo impostado.
Antes de seguir recordaremos lo de siempre: que aquí se le haga una crítica negativa a algo no indica que le neguemos su derecho a existir ni menospreciemos a la gente a la que le guste. En aras de la convivencia pacífica entre humanos y mutantes es bueno recordar que cuando alguien opina distinto de nosotros no es un ataque personal, porque igual no solo ni nos conoce, es que le damos igual. Bueno, en fin, que sigamos con la cosa supernumeraria.
Reseña de Tengamos la fiesta en paz sin dar el cante

Hay una ola de cine familiar derivado de Padre no hay más que uno empeñado en copiar todos los defectos y ninguna de las virtudes de dicha película. En puridad es probable que Tengamos la fiesta en paz existiese sin los éxitos de Santiago Segura -el tono un poco de sermón es suyo propio-, pero no está de más señalar que nadie se ha dado cuenta que en aquella tanto Segura como Toni Acosta o Loles León actúan en su registro habitual. No le hablan a los niños -y por extensión al espectador- como si tuviesen problemas cognitivos graves.
Más allá de estar sobreactuada como una caída en el área de un delantero del Atleti, sobre todo Tengamos la fiesta en paz es sosísima. Los chistes de los niños quedan forzados, los de los adultos parecen de una comedia de los 90 de las que el ideario de esta película abominaría -el jefe explotador y rijoso que le tira los trastos a la mujer- y la ambientación termina por ser demasiado artificial.
Entendemos que en parte se debe a la intención general, pero le acaba jugando en contra. Quiere ser tan universal que no se molesta en dotar de algo que haga un poco característicos a los personajes. Simplemente son Madre Agobiada, Padre Adicto Al Trabajo, Abuela Loca Pero Sabia y etc. De hecho, el padre es como Chandler en Friends y no llegamos a saber ni en qué consiste su trabajo, pero debe estar muy bien pagado: tres niños, casoplón en la ciudad, casoplón campestre y, qué sepamos, la madre no trabaja fuera de casa.
Comedia musical

Y por Dios. Desde esta atalaya un llamamiento a los señores y señoras cineastas que quieren dirigir musicales. Dejen la cámara quieta, que porque se ponga a dar vueltas alrededor de las actrices cuando cantan no le da más intensidad emocional a la escena ni cuenta nada. Parece que estamos siguiendo el punto de vista de un mono loco con una steady grapada en la cabeza.
Una comedia bienintencionada pero fallida de tan fuerte que lo intenta, con un humor que pasa de ser completamente anacrónico y un poco rancio a tan blanco que no tiene gracia. Y que, aunque sea comprensible por el público infantil al que aspira, en el fondo está solucionando con autoayuda la cuestión del divorcio, como si fuese una decisión que las parejas toman por capricho o por verlo en la prensa del corazón y no un conflicto vital decisivo para muchas personas.
La puedes ver online en



Jose A. Cano