CRÍTICAS | FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2026
‘Burundanga’ es una adaptación que llega tarde, cuando ETA no da ya ni para reírse de ella

Adriana Torrebejano y Carol Rovira en 'Burundanga'. ©Minoría absoluta
Burundanga sucede en 2011 y es la historia de Berta, una joven barcelonesa que está embarazada y como Manel, su novio, anda raruno, lo droga para ver si le pone los cuernos y asegurarse de que está a tope con la relación antes de decirle que van a ser padres. Pero resulta que lo que oculta el individuo es que es etarra desde hace un año, y no solo eso, también viene un cómplice a visitarlo desde el País Vasco francés. Después de la confesión, con Berta en pánico, él sigue con su vida ignorante de que ha confesado, y con su amigo Gorka, secuestra a un empresario. Pero como ninguno de los dos tiene mucha práctica en el tema criminal, la cosa se lía un poco.
José Corbacho dirige la adaptación de la obra de teatro de Jordi Galcerán, uno de esos éxitos sobre las tablas que arrasan sobre todo en Madrid y Barcelona y el resto de España conoce si acaso cuando pasa por allí de visita, como el que degusta un plato exótico en el Sudeste Asiático. Tipo, qué se yo, una sopa de cabeza de murciélago, que lo he buscado y existe. Aunque la premisa suena a barrabasada al estilo de Fe de etarras (2017), de Borja Cobeaga, en realidad es una comedia romántica y de enredo con algún chiste un poquito más burro de lo habitual porque implica bombas y/o guardias civiles. Pero poco más.



Jose A. Cano