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8: El desastre de la historia de España y de Julio Medem

8 cuenta la historia de vidas cruzadas de Adela (Ana Rujas) y Octavio (Javier Rey), dos vecinos de pueblos pegados que nacieron el mismo día y venían de familias de vencidos y vencedores, respectivamente, de la Guerra Civil. En ocho episodios que ocurren a lo largo de 90 años de historia, los caminos de Adela y Octavio se cruzarán mientras, al mismo tiempo, se están produciendo algunos hechos históricos.
Julio Medem, uno de los directores españoles más celebrados de los años 90 y principios de los 2000, vuelve con una accidentada historia de amor que va en paralelo a la Historia reciente de España, una narración en ocho momentos que van desde el 14 de abril de 1931 hasta el 14 de abril de 2021. Si, para entendernos, se quiere mirar a su filmografía, podría ser algo así como un cruce entre en el romance predestinado de Los amantes del círculo polar (1998) y el símil histórico-popular, montado a base de elipsis, de Vacas (1992).
Y lo que ha salido de ese cruce es, si se quiere ser elegantes, fallido.Y si se quiere ser contundente, absolutamente desastroso. Duele especialmente que Medem, uno de los directores españoles que tenía —o por lo menos buscaba—, una poética propia, haya vuelto al cine con esta película tan obvia, plana y desacertada, incluso tan mal planteada y ejecutada a nivel formal, una de las señas de identidad del director.
No acompaña un nivel de producción que no está casi nunca a la altura de las ideas del cineasta. La película no encuentra en ningún momento su tono, y si lo tiene está entre la extrañeza y una comedia que es más graciosa cuando es involuntaria.
8 para dos

La idea de Medem, como se puede fácilmente adivinar —y si no se adivina, él lo deja claro continuamente—, es encarnar y sintetizar en sus dos personajes principales la famosa idea de Antonio Machado o Ortega y Gasset de «las dos Españas». El duelo a garrotazos de Goya, mil y una vez tratado en la ficción y en la no ficción española a lo largo del siglo XX y del XXI, convertido en la posibilidad de un poema romántico, en una serie de rimas entre el destino, la casualidad y el peso de la Historia.
El cainismo de España que plantea Medem podría ser bastante similar al que quería plantear Alejandro Amenábar en Mientras dure la guerra (2019), una película inoperante a la hora de llevar al cine la teoría de la «tercera vía». La de Amenábar era incapaz de plantear un camino alternativo a ‘fachas vs rojos’ tanto a nivel intelectual en las imágenes como luego a la hora de aterrizarlo a nivel dramático a través del personaje de Unamuno. A Medem le pasa algo parecido, aunque le sale bastante peor por los dos lados.
No es por la idea del perdón, no es siquiera por la idea reaccionaria de equiparar una democracia con la dictadura de los que le hicieron un golpe. El problema principal es que Medem presenta la metáfora de forma tan machacona, básica y poco creíble que la referencia, grandilocuente y continua, a los distintos «hitos» de la historia de España pasa a ser infantil. Lo de llevarlo a un Madrid-Barça, como se hace aquí, es ya la simpleza definitiva. Sobre el diagnóstico de los problemas de la actualidad, mejor ni hablamos.
Decepción en el amor

Luego está la historia de amor, que se supone que es el centro de la película. Más allá del particular sentido del humor de Medem a la hora de construir a sus dos personajes principales (Ana Rujas y Javier Rey hacen lo que pueden con estos personajes «raros» y esbozados con diálogos marcianos), lo que llama la atención es la poca atención que le dedica al propio proceso de enamoramiento y a construir la relación entre ellos, reducidos a un par de conversaciones y muchas (demasiadas) casualidades. Un buen ejemplo sería la secuencia clave del primer encuentro sexual, por mal rodada y anticlimática.
Al final, a 8 se le nota mucho que la ambición de sus preceptos está muy desacompasada con sus posibilidades de producción, incapaz de poder reproducir casi 100 años de historia y, al mismo tiempo, transmitir las ideas de Medem en un trabajo de cámara, ambientación y escenografía a la altura. Un ejemplo pueden ser lo fallidas que son los planos secuencias —que no son tales— o las variadas secuencias en coche —que se supone que establecen la poética y el enlace en movimiento de cámara de ese 8 cruzado—, hechas en estudio, con croma y VFX. El resultado es tan artificial a nivel estético que asusta.
Por ir cuadrando el círculo: el regreso de Julio Medem al cine, desgraciadamente, no ha salido nada bien. No se sabe aún qué pasará con Minotauro, Picasso y las mujeres del Guernica, su otro película pendiente de estreno, pero esta 8 ha resultado en una de las películas españolas recientes más decepcionantes que este crítico recuerda. Por desubicada a nivel dramático y desértica a nivel intelectual.
Dónde ver


Arturo Tena