Críticas
Todo lo que no sé: Ser o no ser la peor persona del mundo

Fotogramas de 'Todo lo que no se'. Montaje: ©Cine con Ñ
Todo lo que no sé se acerca a la vida de Laura (Susana Abaitua), una mujer que a sus 35 años no ha encontrado su camino. Después de no poder continuar con su proyecto personal, se dedica a trabajar en una tienda, cuidar de su padre enfermo y mantener una relación intermitente con un hombre (Francesco Carril). Nada le satisface y no termina de encontrarse cómoda ni satisfecha en ninguna parte. Un día, un encuentro fortuito abre la puerta a una nueva oportunidad.
Presentada en la Sección Oficial del Festival de Málaga, Ana Lambarri dirige su primera película en largo tras su trilogía de cortos sobre la violencia contras las mujeres (16, 26, 36) durante diferentes edades. Ahora presenta este drama psicológico, con una omnipresente Susana Abaitua, sobre una mujer que tiene que gestionar unos años complicados en su vida sin haber llegado a sus objetivos, lo que le provoca una lucha contra sí misma y los demás por domar su ansiedad vital.
Lo más interesante de Todo lo que no sé es que es una película sobre personajes que parecen estar diciéndose siempre crudas verdades cuando en realidad no están siendo casi nunca sinceros consigo mismos. Eso provoca un malestar interno interesante… que luego se va desinflando. Las elipsis de Lambarri repiten más que profundizan ideas demasiado estáticas y la película no encuentra su punto entre el naturalismo de los diálogos, la construcción psicológica de la protagonista y una narración demasiado académica.
Todo lo que no sé, todo lo mal que te caigo

En la parte positiva de Todo lo que no sé está el hecho de que es un drama muy centrado en una protagonista que, durante buena parte de la película, toma decisiones cuestionables a nivel moral y/o ético. Lambarri no tiene miedo de que su personaje caiga mal o que no se le entienda, y eso está bien. Ahí está, claro, la parte central del discurso de la película, que reivindica que las mujeres, por cualquier razón que sea, pueden equivocarse o no tener que ser siempre agradables o coherentes. Que pueden ser como los hombres sin que se las juzgue constantemente por ello.
La película busca conectarse también con un cierto sentir generacional, el que llega entre la mitad de los 35y los 40 años, una época en la que es posible que asome el miedo y la decepción por no haber llegado a lo que quizá habías pensado que ibas a llegar. Por otro lado, aparece la necesidad familiar de pasar de ser hija cuidada a hija cuidadora, en una línea que la podría emparentar claramente con otras protagonistas erráticas como las de La peor persona del mundo (2021) o Ninjababy (2021). Aunque sin el sentido del humor de esas.
El filme choca a propósito con la atalaya moral del espectador, ese juicio de los actos de los personajes que prácticamente se autogenera en la mirada externa. En ese aspecto, Todo lo que no sé sí que se coloca en un punto menos acomodaticio. A Abaitua, omnipresente durante todo el metraje, hay que reconocerle la valentía también para encarnar toda esta contradicción, para hacer creíble y hasta empático un personaje que se autoboicotea y está siempre al borde de la crisis. Pese a que quizá no era la mejor opción de casting para un personaje tan turbulento y difícil de gestionar, se nota que lo ha trabajado mucho y lo aguanta hasta el final.
Un círculo emocional

Pero la película se encalla también consigo misma. Sin la brillantez o la sutileza dramática y psicológica al guión que le permitirían darle matices al camino de su protagonista, Todo lo que no sé termina por dar círculos sobre el mismo cuadro emocional y comportamiento errático de su protagonista, algo que a la mitad de la película ya ha quedado claro. Que hasta tres personajes distintos le verbalicen a la protagonista que es egoísta es un ejemplo de esta repetitiva impotencia.
Sin este desarrollo cuando todo está centrado en ella, la película avanza en su selección de momentos a lo largo de los años pero pierde mucha fuerza a medida que pasan los minutos. Lambarri da vueltas en círculos sin encontrar la forma de profundizar en un personaje que acaba siendo más artefacto ejemplificativo que personaje con tres dimensiones, lo cual la obliga a dar latigazos dramáticos (con su música de apoyo, claro) para encontrar algunos momentos de impacto y abrir paso a una posible luz al final del túnel. Una luz, por cierto, a la que se llega por la parte profesional, claro. Aunque se entiende la rima con la introducción, lanza un mensaje raro: como si fuese más importante destacar la «resiliencia» laboral que el bienestar personal de la protagonista.
Todo lo que no sé es una ópera prima con detalles interesantes y una honestidad clara de fondo, sin miedo de desagradar y con una Abaitua entregada a la causa. También es una película que se queda un poco a medio gas entre un estudio psicológico desde la cotidianidad y una selección de momentos trascendentes. Dos caminos que no terminan de cruzarse bien del todo, atrapados entre la verosimilitud y la voluntad de conectar con una redención posible para su protagonista.


Arturo Tena