Reportajes
Eloy Enciso vuelve con ‘Todo es cárcel’, su película sobre la España de los campos de concentración del franquismo

Eloy Enciso, una de las caras visibles de la nueva ola del cine gallego que sacudió el panorama estatal la década pasada, estrena nueva película. Siete años después de Longa noite, el cineasta de Meira presenta en el Festival FID de Marsella Todo es cárcel, una ficción con tintes documentales que sigue el proyecto fotográfico sobre los campos de concentración franquistas de una mujer que, a su vez, tiene que lidiar con las herencias de la muerte de un familiar.
Con Todo es cárcel, que reconstruye unas cartas entre dos amantes separados por la Guerra Civil, Enciso sigue la senda marcada por Longa noite de un cine pegado a la investigación documental de la represión y la fuente literaria. Un trabajo meticuloso y sistemático que alarga sus tiempos entre películas —Arraianos (2012) a Longa noite (2019) también pasaron siete años— y al que hay sumar otras circunstancias, como la pandemia, su paternidad, una producción difícil y los actuales largos procesos de financiación para el cine de autor, ahora con laboratorios incluidos.
En conversación con Cine con Ñ, Eloy Enciso explica que la semilla de Todo es cárcel surgió precisamente en la preparación de Longa noite: «Fui a una playa, en el norte de A Coruña, que fue un campo de concentración franquista», cuenta el director, sobre un «melón» y «un camino muy complejo» que tuvo que abrirse más tarde, en otra película. «Ahí tomo distancia con Longa noite, aunque algunos procesos son similares, porque la realidad de todo esto es tan grande y rizomática que ya por sí misma constituye un continente aparte».
Todo es cárcel, sin fuera de campo
Una vez que empezó a investigar, Enciso se encontró, primero, con la magnitud del tema: «La primera gran sorpresa fue descubrir que no fueron cuatro o cinco campos de concentración y muy limitados en el tiempo, sino que fue una realidad muy sistemática, de estructura represiva». Como anuncia el título de la película, inspirado en una frase del poeta y represaliado Marcos Ana, toda España era entonces una cárcel: «Estamos hablando de más de 200 campos repartidos por toda la geografía durante bastante tiempo».
Cuando se puso a ver precedentes del tema de los campos en el cine español, llegó el segundo descubrimiento: «Sí que hay acercamientos previos, pero desde una perspectiva más testimonial, sobre casos concretos, pero no encontré una película que quisiera hablar de esa realidad con una intención de conjunto». De hecho, cuando Enciso rastreaba precedentes, la ficción ni siquiera había llegado al asunto hasta San Simón (2025), de Miguel Ángel Delgado, reconstrucción de época de la situación de los presos en la isla de la ría de Vigo.
Frente a la «cinematografía inmensa» sobre los campos nazis en la Segunda Guerra Mundial, Enciso quería, por un lado, «apuntar hacia por qué de este agravio comparativo» de la falta de cine sobre la situación en España y, por otro, «el reto estaba en hacer una película que no diera la sensación de algo que ya habíamos visto» y por eso ha intentado en Todo es cárcel «evitar una serie de clichés o lugares comunes que ya están asociados a la representación de un campo de concentración y a ese tipo de cine».
Los pasos familiares de Eloy Enciso
El desafío en la representación de la película está en esta historia más ficcionada y escrita, que es la de esta fotógrafa que hace de hilo conductor y crea paralelismos entre la investigación de los campos y sus propias herencias familiares. En vez de hacer que el personaje fuera del bando de los vencidos de la Guerra, lo hicieron de un linaje de los vencedores para oponer las dos relaciones principales con el franquismo: «La que quiere memoria, la que quiere reparación, la que quiere que salgan los muertos de las cunetas, y otra parte más invisible y silenciosa, pero que está ahí, claramente, bloqueando todo eso», dice Enciso.
Quien llegue a Todo es cárcel buscando las líneas rurales de Arraianos y Longa noite, notará un cambio neto: «Lo que más va a notar la gente que conozca mis trabajos anteriores es que quizás no hay un formalismo tan evidente, tan delante», reflexiona Enciso, «las otras películas diría que son formalmente más monolíticas, esta funciona más como un palimpsesto». Unos rastros que se cohesionan en el paisaje: «Es el gran protagónico de fondo», dice Enciso, «entendido en su relación con la historia política de nuestro país».
Preguntado sobre cómo le gustaría que la película resonara en España, donde llegará vía festivales en los próximos meses, el director asegura que «sería bonito si la película pone cara a toda una realidad de miles y miles de represaliados que quedaron, en esa supuesta Transición idílica o modélica, sin que su relato fuera contado» y termina animando «a la gente a conocer sus propios árboles familiares y ver qué es lo que pasó. Porque en casi todas las familias pasó algo».

Arturo Tena


