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‘Sevillanas de Brooklyn’ se ríe de los prejuicios y de las clases sociales

Carolina Yuste y Sergio Momo protagonizan una comedia familiar y romántica divertida y con crítica social

Sevillanas de Brooklyn

En 1962 el escritor Ramón J. Sénder escribió desde el exilio en EEUU La tesis de Nancy, novela humorística sobre una presunta estudiante norteamericana que viaja a Andalucía a terminar su tesis doctoral, se echa un novio gitano -Curro, obsesionado con tirársela, fundamentalmente- y provoca toda clase de equívocos con su desconocimiento de las costumbres españolas, la picaresca propia del paisanaje y sus ideas liberales para un país sumido en el Franquismo. Que yo no digo nada, pero estas cosas la gente las tiene que saber.

En la casa de Carmen (Estefanía de los Santos), la matriarca de Sevillanas de Brooklyn, en el mueble del salón está la colección completa de los tomos de Érase una vez el Hombre, esa que los lomos de formaban un dibujo con el título de la serie, y se nota que está incompleta porque hay letras a medias. Ariel Brooklyn (Sergio Momo, que aunque haga de guiri los chavales no conocen por Élite) no llega a los extremos de Nancy, pero igual que ella arranca su arco con una mirada de condescendencia e incomprensión clasista sobre su familia de acogida española.

Sevillanas de Brooklyn es una comedia divertida, emocionante, disfrutona y muy graciosa. Gran parte del mérito viene de casting, con unos inmensos Estefanía de los Santos y Manolo Solo como secundarios de lujos -aunque ella es casi coprotagonista- y jefes de pista de esto que parece -y en parte es- la enésima vuelta a la fórmula 8 apellidos y a las muchas tesis de Nancy -os recibimos con alegría cuando venís a ejercer el poder omnímodo- pero es tan tierno y tan gracioso que no importa.

Sabemos que esto acaba con Ana (Carolina Yuste) y Ariel dándose un besito y la familia aplaudiendo, obviamente, pero es que si no quieres esa escena y gozarla los chascarrillos de los secundarios es mejor que te vayas a ver otra película. Esta, como la definía en la presentación Nacho La Casa, coguionista -junto a Juan Apolo- y productor, es «una comedia muy familiar y romántica» para la que contaron con Vicente Villanueva «para huir del hiperrealismo».

Sevillanas de Brooklyn para todos los públicos

Sevillanas de Brooklyn

Yuste, que se pasó parte de la rueda de prensa bromeando con sus compañeros de reparto Sergio Momo y Canco Rodríguez, recordó que al leer guion, además de buen rollo y ternura «se percibía estar tocando temas importantes», dado que la comedia «está en la situación, pero lo que les sucede a los personajes es puritita verdad» y cuando sufren, sufren, y cuando lloran, lloran. Sevillanas de Brooklyn, en fin, adereza el cachondeo con el guiri atrapado en un barrio obrero y aprendiendo sevillanas con su poquitín de tragedia y sus subtramas realistas.

Porque, de últimas, esta película acaba teniendo su gran tema en el desclasamiento, y si, más que nada, es posible ya o no. Con la madre partiéndose los cuernos porque la hija no deje la universidad y que se sorprende del agente medio pijo que tiene su primer trabajo ya un poco talludito, sus móviles que no saben nada de smartphones y el inglés y distinguir Fleabag de Breaking Bad como forma de romper barreras en territorio hostil.

Aunque hay críticas al racismo el clasismo es el gran prejuicio que vertebra la película, con Ariel teniendo menos problemas por negro que cuando creen que es su negro pobre y esa presidenta de la Diputación que se lleva un cachete en el culo después de comentar que su cocinera es de algún país de Sudamérica. Y al fin y al cabo trapichear con pastillitas o hacerse youtuber son de las pocas vías de escape para salir de sus propias trampas de clase que les restan a muchos chavales de los barrios de Andalucía.

Sevillanas de Brooklyn, por suerte, no juzga a sus personajes, tan solo los exagera para que queden graciosos, porque a lo que ha venido es a reírse y a recordarnos que a todos nos pica más o menos por el mismo sitio. Por Winsconsin o por Ohio, qué más da.

Quizás un poco la tragedia es que los temas no han cambiado tanto desde que la nostalgia de Sénder lo hacía inventarse como era España desde San Diego, aunque en este caso de Ariel, personalmente, no quiere aprovecharse nadie -y de Nancy sí, tela-. De últimas este guiri idealizado acaba integrándose en un barrio también con su poco de filtrito de Instagram para recordar que de toda la vida se aguaba el puchero para sentar uno más a la mesa.

De últimas, por cierto, La tesis de Nancy tuvo hasta cuatro secuelas, que si las pones todas juntas en la repisa al lado de Érase una vez el hombre tienes que sacar los Harry Potter -que total, pa qué-. No sabemos si habrá segunda parte con los Galíndez visitando Brooklyn, eso ya dependerá, a partir del 20 de agosto, de lo que quiera ese público amplio al que apunta el planteamiento.

© Fotos del equipo de Sevillanas de Brooklyn en Málaga. Alex Zea – Ana Belén Fernández – Festival de Málaga

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