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Entrevistas

«Reivindico el fantástico, y al hacerlo me lo tomo como la cosa más seria del mundo»

Paul Urkijo presenta 'Irati' en el Festival Fancine de la Universidad de Málaga, una fantasía medieval con la que se acerca a las enseñanzas de la mitología vasca
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Paul Urkijo Alijo (Vitoria-Gasteiz, 1984) es un cineasta de tradiciones. De las del País Vasco, a través de sus mitos y leyendas pegadas a la tierra, y también de las del fantástico, género al que se suma de forma entregada desde su primer cortometraje. Lo vuelve a demostrar en su segundo largo, Irati, viaje por el tiempo y la imaginación a las luchas de creencias entre paganismo y cristianismo en los Pirineos del Siglo VIII.

Esta historia de mitología, batallas y monstruos ha convencido a los aficionados al género en la avanzadilla que tenemos en España: Premio del Público en el Festival de Sitges y en la Semana del Cine Fantástico y de Terror de Donostia. Ahora la película llega con esa energía positiva al Festival Fancine de la Universidad de Málaga, donde Paul Urkijo se sienta con Cine con Ñ para hablar de qué nos dicen hoy mitologías conectadas con la naturaleza, corrientes del fantástico y sus ejemplos para el cine español.

¿Cómo se conectan a nuestra sociedad actual los mitos y leyendas del pasado?

Para mí son un reflejo de lo que somos, una herramienta para entendernos a nosotros mismos. Antiguamente, los mitos contaban historias de personajes en las que el ser humano puediera localizar problemas como el miedo, la muerte, asuntos sociales… todo ese tipo de necesidades o preguntas arcanas que son las originales y que no han cambiado desde el paleolítico. En el fondo están ahí.

Son historias antiguas que en la sociedad moderna hemos tendido a infantilizar y tratar como simples cuentos para niños, pero, si se le da un tratamiento adulto, te das cuenta de que siguen absolutamente vigentes y de que, si han fosilizado de esa manera, es porque nos siguen resonando. Todos esos personajes, criaturas, muertos y demás son representaciones de nuestros sueños, de nuestros miedos, de nuestras ansias y, sobre todo, son una herramienta para conocernos a nosotros mismos.

«Me dan igual los que dicen que si es verdad o es mentira el cambio climático: hay continentes de plástico»

Yendo en concreto a la película, la mitología vasca y su conexión con la naturaleza tiene un eco importante en un 2022 de urgencias mediambientales.

Sí, en el caso de las deidades de la mitología vasca están profundamente conectadas y enraizadas con el medioambiente, en este caso con los propios parajes de Euskal Herria: las cuevas son la representación del útero de la diosa madre, los ríos esán representados por las lamias… y toda la naturaleza es la diosa madre, la Ama-Lurra.

En la película hay una frase que dice «todo lo que tiene nombre existe». Eso quiere decir que si nombramos las cosas, si seguimos citando a esas deidades, seguirán existiendo porque significará que las respetamos. Si nos olvidamos de ellas es porque no nos interesan y no las respetamos. Y pasa lo mismo con la propia naturaleza y el medioambiente. Si a la naturaleza, a los bosques, a los ríos, no les damos nombre, no les damos personalidad, también las maltratamos y desaparecen.

Por mi parte personal, desde niño he tenido esa conciencia porque mis padres me lo han inculcado. He ido mucho al monte y me encanta, soy una persona bastante asilvestrada. Es un tema que me toca mucho y que ahora mismo además es fundamental de tratar y vigente por el cambio climático. Tenemos que intentar espabiliar. Me dan igual los que dicen que si es verdad o es mentira: hay continentes de plástico. O nos damos cuenta y empezamos a cambiar, o la catástrofe seguirá. Aún tenemos la capacidad de repetirnos eso y que nos mueva.

¿Cómo se planteó el protagonismo de la naturaleza dentro de Irati? En el planteamiento parece que vino antes el espacio que los personajes…

Tiene todo el protagonismo. Todos los contextos naturales representan esas deidades que decíamos, eso que existe. En este caso, en una película le tienes que dar presencia física mediante la imagen. Además, Irati como bosque es maravilloso y en otoño ofrece una explosión de colores preciosa. La rodamos en otoño un poco también por el concepto de representar un mundo en ocaso, de unas deidades que están desapareciendo por la llegada del cristianismo y el Islam.

El ambiente natural en la película tiene ese punto crepuscular, pero a la vez también es heterogéneo, multicolor, que es como yo veo el mundo también. Está lleno de pequeñas cosas y a la vez forma de una sola grande que lo ocupa todo.

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Rodaje de ‘Irati’. Foto: Filmax

¿Cómo aterrizan ahí los personajes basados en el cómic El ciclo de Irati (J. L. Landa y J. M. Otaegi, Glénat 2004)?

Desde crío me ha apasionado todo este tema de la mitología vasca y siempre, desde que tengo conciencia de que soy capaz de que puedo hacer películas, es algo que me obsesionaba y que quería hacer. Me llamaba hacer una sobre mitología y ambientada en la Edad Media. La oportunidad la encontré en este cómic, El ciclo de Irati. Me gusta mucho, pero es verdad que tiene un tono de aventura juvenil que no era el que quería dar a la película. Lo que hice fue usar ese contexto y esos personajes principales para acceder a esa fuente original y luego ya hice lo que me dio la gana.

Metí nuevos personajes y los desarrollé de una manera diferente, cambié la estructura de la narración y el final, que no tiene nada que ver, metí más personajes mitológicos, le di más presencia e importancia a Mari y al sentido de la diosa madre y añadí acontecimientos históricos que no están en el cómic, como la batalla de Roncesvalles. Para mí eran cosas que tenían todo el sentido que estuvieran juntas y pensaba de verdad que iban a funcionar.

Luego el trabajo de guion ha sido arduo porque la película tiene muchos elementos diferentes, pero a mí de primeras me salía como algo natural. El desarrollo y la evolución de los personajes, cuáles son las aristas y sus arcos. Una vez ya tenía el guión y demás trabajé también los personajes principales con los actores. En el caso de Eneko (Eneko Sagardoy) y de Irati (Edurne Azkarate) tuvimos muchas discusiones sobre cuáles eran sus sus necesidades, sus inseguridades, sus deseos y demás, y eso también hizo que el desarrollo del personaje fuera más complejo que el que yo había escrito.

¿Cómo se le da una uniformidad a una película con esos elementos en principio dispares? ¿Cuál era la guía?

Para mí eso es una cuestión de instinto. A mí me encajaba todo junto, tenía claro que iba a funcionar. Me gustan mucho las películas que tienen muchas cosas dentro, las complejas, las que son un poco catálogo también. Me encantan esos pequeños universos en el cine. De ahí me salió de forma natural. Procuro no pensar en términos de géneros porque creo que es una barrera, que puede dar cierta redondez a una historia pero también limitarla bastante. Me gusta más fluctuar entre la comedia, la acción, la aventura, el romanticismo… como la vida es realmente. Sin eso te pierdes la posibilidad de generar contrastes que pueden ser bonitos.

«Soy un eslabón más de narraciones que vienen de hace mucho tiempo»

Irati parece ir un poco a contracorriente de una tendencia en el fantástico que pone una cierta distancia con el material, un escudo habitualmente irónico. La película se toma en serio a sí misma y se inserta más en una tradición literaria clásica de leyendas que quieren transcender.

Quizá es porque es el tipo de tradición que más me gusta y respeto. El fantástico me parece el género más elevado en ese sentido, porque tienes la capacidad de hacer lo que te dé la gana con absoluta libertad. La complejidad puede ser infinita. No es ni más ni menos que otros géneros o acercamientos al cine, ojo, lo digo porque siempre se ha considerado la fantasía inferior o menos importante. Y eso me toca las pelotas.

Yo reivindico el fantástico, y al hacerlo me lo tomo como la cosa más seria del mundo. También porque yo creo en esas deidades mitólogicas, para mí son reales. No estoy hablando de unos cuentos que me he inventado, estaban ahí antes de mí. Yo soy un eslabón más en la transmisión oral de narraciones que vienen de hace mucho tiempo. Las recojo y las paso a la siguiente generación e igual, con suerte, habrá otra persona que también la transmita a la que venga después. Para mí es algo de verdad que no puedo tratar con ironía ni con escepticismo, sino todo lo contrario. Es algo que amo y absolutamente real.

No hay separación con la historia…

¿Por qué te vas a tener que separar? Son diferentes formas de ver el mundo. Es cierto que ahora hay una corriente como más escéptica con todo, más fría. Creo que en general estamos faltos de romanticismo y muy desarraigados. Cada uno está en su casa, con su streaming y su ordenador, y no te sientes parte de una comunidad. Creo que nos hace falta soñar y ser un poco románticos, en el sentido positivo de la palabra.

¿De dónde crees que viene el hecho de que la ligereza sea el mainstream? ¿Qué nos ha llevado a corrientes culturales menos comprometidas?

Al final el capitalismo a lo que te lleva de forma natural es a ser más egoísta, a hacer tu camino, intentar ser el mejor y separarte del resto. Adelantarles en la carrera es mejor que ir todos juntos. Es inevitable que hayamos llegado a ese punto desapegado con la gente que nos rodea e individualista. Creo que sería positivo volver a la tierra. Por eso reivindico también la naturaleza, porque ahí eres uno más, no ya como ser humano, sino como como un ser que existe como parte del todo. Yo abogo por ese tipo de pensamientos y sentimientos.

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Paul Urkijo tras la proyección de ‘Irati’ en el Festival Fancine de la Universidad de Málaga. Foto: Fancine

Si hay una comunidad identificable en ese sentido a partir de Irati es la vasca. En los últimos años han aparecido algunas películas (Todas las lunas, Akelarre) que hablan de la mitología en el País Vasco. ¿Está contribuyendo a ese camino el fantástico?

Puede ser. Es verdad también que en el género fantástico que se ha hecho aquí siempre ha habido menos de cultura local. Cuando hice Errementari (2017) era una cosa rara, me costó mucho levantarla porque nunca se había hecho una película del género fantástico tratando el folclore vasco en Euskal Herria. A raíz de entonces empezaron a salir más cosas. Si hay un movimiento en ese sentido espero que continue, yo desde luego las voy a seguir haciendo.

Sí que es cierto que los vascos siempre hemos tenido esa necesidad de transmitir el arraigo y mantener la cultura, sobre todo por el tema del euskera, que se nos ha inculcado mucho en las ikastolas. Los propios transmisores de la cultura vasca son muy luchadores. Yo he querido que la película fuera en euskera porque nosotros sabemos que si no cuidamos nosotros del idioma desaparece. Y pasa lo mismo con todas esas narraciones de las que hablamos en Irati.

Yo de niño leía cuentos de mitología vasca porque había gente que había editado los cuentos. A principios de siglo, un cura llamado José Miguel de Barandiarán había ido por los pueblo recogiendo todos los cuentos que se habían mantenido a través de la tradición oral. Luego, a partir de sus publicaciones, se hicieron versiones infantiles. Eso es lo que he mamado.

Luego está el tema de cómo funciona eso hacia fuera, que también nos está ayudando. Con la universalización de las plataformas vemos productos de otros países sin ningún tipo de problema. La gente está un poco más abierta a ver algo de un país sudamericano o, no sé, de Corea del Sur. Estamos más dispuestos a algo diferente, que se percibe como exótico.

El cine comercial en España ha tendido tradicionalmente a ocupar determinados mercados o nichos de público con películas que se acaban pareciendo. Pero parece ahora que se abre paso una tendencia más diversa, con películas distintas coexistiendo entre sí. ¿Pueden películas como Irati consolidar ese camino y abrir puertas?

Ojalá. Creo que en España hay mucho material muy interesante. Es un sitio donde se unen muchos tipos de pensamientos y cultura. Esa heterogeneidad que tiene el propio país podría ser algo absolutamente vanguardista a nivel cinematográfico y cultural. Hay algo que está saliendo, pero creo que deberíamos aprovecharlo aún más en vez de sentir que es un hándicap o un problema.

Parece que molesta o da envidia cuando hay algo que es diferente. Siempre se dice que el pecado original de España es la envidia, cuando debería salir por el otro lado: sentirnos orgullosos de nuestros vecinos que son distintos. Podría haber un gran contexto multicultural, con unas capacidades que no hay en otros sitios.

Imagen de portada: Paul Urkijo, en el 32 Festival Fancine de la Universidad de Málaga – Fancine
Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.