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Críticas

Padre no hay más que uno 5: Anestesia general

El final de la saga familiar de Santiago Segura sigue la senda de las entregas anteriores: afianza su estilo propio, pero se hunde en una acumulación anestéstica de gags sin ideas
<strong>Padre no hay más que uno 5</strong>: Anestesia general 3

Padre no hay más que uno 5 arranca con el «nido repleto»: Javier (Santiago Segura) y Marisa (Toni Acosta) tienen la casa a reventar de familiares. Entre hijos, suegros y consuegras, no hay un momento en el que el hogar nos esté absolutamente repleto, lo que implica toda una serie de problemas de convivencia y reparto de espacios. Además, cada uno de los niños lidia con sus propios problemas y aspiraciones.

Quinta y por ahora última película de la saga de películas de Santiago Segura, a la que, por alguna razón, no se ha querido enseñar a la crítica antes del estreno. El ave nodriza que abrió la fase post-Ocho apellidos vascos en el cine comercial español, la del remake y la comedia familiar, se despide con una nueva entrega de la colección de padres en apuros frente a una tribu de hijos que se ha ido haciendo cada vez más grande.

A medida que avanzaba la saga y la primera película (con una idea principal y estructura de película clásica) se iba quedando atrás, Padre no hay más que uno ha ido cogiendo una forma a la que no se le puede negar un estilo propio. Sin nada particular que contar que no se haya contado ya en la primera parte de la saga, el desarrollo se ha ido haciendo cada vez más difuso, sostenido en un par de anclas argumentales y, sobre todo, en una gran cantidad de tramas secundarias que se van sucediendo en paralelo. Lo que se ha impuesto así es la coralidad y el personaje de Segura, padre ahora responsable pero dado a la trampa, como único hilo conductor.

Una tradición adormecida

<strong>Padre no hay más que uno 5</strong>: Anestesia general 1

En esa nada atrofiada, Segura y Marta González de Vega al guión han orquestado una fórmula que perfeccionan desde hace 5 años. Como ya pasaba en la anterior entrega, la práctica se aprecia en Padre no hay más que uno 5, sobre todo en el intento de integrar de alguna forma a todos los personajes en la dinámica y en una estructura de cohesión interna más elaborada que en las entregas 2 y 3. La losa insalvable ya es la falta de ideas, acabadas en un sumidero de sketches interminable que repiten una y otra vez sobre los mismos patrones y las mismas ideas, pese a la capacidad innegable de Segura de hacerlas siempre resultonas para que no se note tanto.

Las películas de Padre no hay más que uno es son el producto perfecto para el cine de multisala y las ediciones para redes sociales, desde el padre normie hasta el más pequeño de la familia. Microhistorias que empiezan y acaban con un chiste, personajes que aparecen y desaparecen y que giran más o menos sobre lo mismo todo el tiempo. Con estructuras cómicas que se repiten con una estructura reconocible, que se coge y se suelta con facilidad. No importa si alguien se ha perdido en algún momento, volverá al redil con la misma sonrisa. El siguiente chiste está ahí esperándote.

Padre no hay más que uno 5 va cogiendo ese efecto de acumulación anestésica de la misma forma que la 4ª película: empezando bien y yendo a peor. Quizá con las interpretaciones y la idea del «nido repleto» más a tono que aquella al principio pero acabando peor, la película va pasando, con un tono monocorde, por las zonas confortables (tipos de chistes, la casa, giros, problemas…) que han hecho que muchas familias españolas hayan adoptado como tradición ver juntos y en sintonía una nueva entrega de la saga cada verano.

Padre no hay más que uno 5 y un camino agotado

<strong>Padre no hay más que uno 5</strong>: Anestesia general 2

Todo lo anterior es la fórmula Segura, que, pese a la pereza y conservadurismo infinito que demuestra, no se le puede negar su capacidad y habilidad de conexión. Lo que no se le puede justificar al director y dárselo como pasable es el reciclaje infinito de ideas que usa. La saga se agota en la medida en la que se ha quedado seca ya de engaños, funciones del colegio complicadas, vídeos para redes sociales y equívocos con Loles León. No hay una sola trama que, pese a que el gusto por el cameo lo esconda, no siga exactamente los mismos patrones que vimos en la primera entrega.

La falta de originalidad, que se extiende al gusto del director por meter apuntes sociales (aquí, más allá del hincapié que se pone a la antipolítica —un «hostias para todos» que, de fondo, favorece más al conservadurismo que al progresismo—, se repite la idea sobre la dependencia tecnológica o los abusos de la industria frente a los niños) y homenajes a la comedia clásica, es ya demasiado evidente. Segura, que siempre ha sabido por donde sopla el viento, hace bien en poner punto y aparte con esto antes de enfrentarse al gran coloso de Torrente presidente, un empeño contraintuitivo del que veremos si vuelve a salir airoso.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.