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Mi hermano Ali: La culpa blanca y la posibilidad o no de una verdadera comunicación entre culturas

Fotogramas de 'Mi hermano Ali'. Montaje: ©Cine con Ñ
Mi hermano Ali es la crónica de 12 años de amistad entre la directora Paula Palacios y Ali, un joven refugiado somalí al que conoce en un centro de detención en Ucrania. El propio Ali documenta su propia vida a través de una cámara que ella le regala y de sus redes sociales, pasando a vivir en Estados Unidos gracias a un programa de la ONU, finalizando sus estudios e incluso logrando la nacionalidad, para vivir posteriormente un regreso a sus raíces musulmanas y casarse con una joven saudí durante una peregrinación a La Meca. Entre tanto, ambos mantienen un contacto intermitente durante el cual la vida de Paula también cambia.
Palacios firma un documental que es una especie de coda o paralelo de sus trabajos anteriores, como el corto La carta de Zahra (2017) o su ópera prima Cartas mojadas (2020), y que de hecho rodó en paralelo. Una película mucho más personal, en la que se inmiscuye de lleno, convirtiéndose en el punto de vista del espectador, aunque sea Ali el que se grabe a sí mismo durante la mayor parte del metraje. El resultado es una historia sobre la comunicación entre culturas, o si es que esta es posible más allá del paternalismo occidental o los prejuicios, que además se plantea la naturaleza a veces transaccional de la amistad y cómo la cámara puede cambiar una relación.


Jose A. Cano