Obituarios
Muere Mariano Ozores, el director que prefirió rodar las películas que le gustaban al público y no a él

Mariano Ozores en la Gala de los Goya 2016. ©Academia de Cine
No fue del gusto de todos, pero sí de muchos. Con él se va un pedacito de historia del cine español. Mariano Ozores ha muerto, a los 98 años, en su casa en Madrid y rodeado de su extensa familia. El último de los hermanos Ozores que seguía con vida y que en 2016 recogió en Goya de Honor en su nombre y el de José Luis (1922-1968) y Antonio (1928-2010). Conocido sobre todo por sus éxitos de taquilla durante la Transición, siendo uno de los directores más destacados de la época del Destape, era un hombre de cine que ejerció también como guionista y productor, y un trabajador a destajo capaz de estrenar cinco filmes por año y rodar uno mientras montaba otro.
Nacido un 5 de octubre de 1926 en la misma ciudad de Madrid que lo ha despedido este 21 de mayo de 2025, Mariano Ozores se crio en una familia de teatro, y empezó a trabajar en 1940 en la compañía de sus padres, Mariano Ozores Francés y Luisa Puchol. Sus primeros pasos en el cine los daría en 1953, de la mano de Benito Perojo, trabajando en Ché, qué loco (1953), de Ramón Torrado, como parte del equipo e incluso participando en el guión. Se pondría detrás de la cámara por primera vez en 1959 con Las dos y media… y veneno.
La primera parte de su trayectoria la protagonizarán comedias comerciales, pero mucho más amables y familiares que las que luego lo harían famoso, formándose también en televisión dirigiendo programas en la primera etapa de RTVE. En 1964 firmaría su película más personal, una tragicomedia de ciencia-ficción con toques de terror, La hora incógnita, en la que participó su hermano Antonio y que contaba las últimas horas de los habitantes de un pueblo de la España interior en el que por accidente va a caer un misil nuclear. Fue un fracaso económico y desde entonces optó por una vía más comercial en su carrera.
A partir del final de esa misma década de los 60 empezará a especializarse en la comedia costumbrista popular, en ocasiones con toques sexuales que ya permitía el aperturismo de la dictadura, aunque aún no fuese Destape. En ese momento rueda éxitos comerciales como ¡Cómo está el servicio! (1968), Objetivo: BI-KI-NI (1969), Cuatro noches de boda (1969), En un lugar de La Manga (1970) o A mi las mujeres ni fu ni fa (1971). Se convierte en un profesional respetado, que dirige a José Luis López Vázquez o Gracita Morales en varias ocasiones, pero también a cantantes de éxito que hacían sus pinitos en el cine tipo Manolo Escobar o el mismísimo Peret.
Pero sobre todo en ese momento se convierte en el director de las comedias de lo que suele llamarse «el landismo», trabajando con Alfredo Landa en Manolo la nuit (1973), una comedia sobre un buscavidas que persigue suecas y otras especies por Torremolinos y que sentará cátedra, a la que seguirán títulos similares del estilo de Dormir y ligar, todo es empezar (1974). Con la llegada de la democracia, se abre la veda a la comedia sexual de la Transición y tocará el turno de Alcalde por elección (1976) o Nosotros, los decentes (1976).
Será en aquel momento cuando el productor José María Reyzabal le encargue rodar con dos cómicos que trabajaban en sus salas de fiestas y a los que había decidido convertir en equipo para aprovechar la popularidad de ambos: Andrés Pajares y Fernando Esteso. A partir del éxito de Los bingueros (1979) rodaría con ellos, a veces juntos y en otras por separado, más de una docena de películas, que se alzarían una por una entre las más taquilleras del momento. Diseñadas para ser rentables con un coste bajo y distribuirse en las salas del cine del propio Reyzabal, marcaron una época, no siempre bien recordada.
Mariano Ozores y el cine salvaje
Es por estos años que Mariano Ozores llega a producir las películas de tres en tres, logrando más de una vez estrenar cinco por año natural. Como él mismo explicó, rodaba una por la mañana, montaba otra por la tarde y por la noche escribía el guión de la siguiente. Actores con los que trabajaba de forma habitual, como el mismo Esteso, han explicado que muchas escenas se rodaban sin sonido directo, simplemente moviendo la boca y posteriormente metiendo los chistes en doblaje. En otras, para ahorrar, ensayaban sin cámara, hasta que se les pasaba la risa por los diálogos, y rodaban en una sola toma.
A mediados de los 80 la popularidad de este tipo de comedia decae o se traslada a la televisión, donde firmará dos series para RTVE protagonizadas por su hermano Antonio: Taller mecánico (1991) y El sexólogo (1993). Esta última causó polémica por los chistes sexuales que contenía, fue cancelada tras solo dos episodios emitidos, a pesar de haberse grabado 13, y finalmente la adquirió Antena 3. Ese mismo año estrena su última película, Pelotazo nacional (1993), inspirada en los éxitos de Luis García Berlanga y retomando las comedias sobre temas de actualidad que había dirigido una década antes con títulos del tipo ¡Que vienen los socialistas! (1982).
A pesar de asociarse al denostado género de «la españolada», fue uno de los directores de más éxito de su momento, marcando el hito de contar más de 10 películas entre las 20 españolas más vistas de la historia prácticamente hasta bien entrada la primera década del siglo XXI. Sus filmes, además, solían tratar cuestiones polémicas o en el discurso popular del momento, reflejando la política y las preocupaciones de los españoles, aunque fuese solo por motivos comerciales y ánimo conciliador, como cuando en El hijo del cura (1982) reconcilia al alcalde comunista, el sacerdote del pueblo y el médico falangista por la felicidad de una joven pareja.
En años reciente su trabajo ha visto cierta reivindicación, aunque su humor esté anclado a un tiempo concreto, por su importancia industrial y de testimonio. Su última aparición pública, posterior al Goya de Honor de 2016, sería en el documental Sesión salvaje (2019), de Paco Limón y Julio Cesar Sánchez, que repasa precisamente la historia del cine español de género en aquellos años de la Transición en que cosechó sus mayores éxitos.
Retirado desde finales de los 90, en 2002 Mariano Ozores publicó una autobiografía, Respetable público, en la que repasó su carrera, con 99 créditos de dirección y más de 100 en los guiones, además de desgranar su gusto por el cine y el teatro más clásicos en los que se formó, así como su convencimiento de que tenía que hacer «las películas que le gustasen al público, no a mí».

Jose A. Cano